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No me cansaré de decir lo bueno que es este fragmento de Lucía Extebarria de Beatriz y los cuerpos celestes ni lo mucho que me gusta, y como me he encontrado el libro buscando algo que leer por mi casa, pues ahí os lo dejo, a pesar de que muy posiblemente lo haya publicado en anteriores ocasiones.
Al fin y al cabo, es un fragmento de extrema sensibilidad con el que much@s, en determinadas épocas, nos hemos sentido identificados. O sentimos
1. ÓRBITA CEMENTERIO
Yet come to me in my dreams, that I may live
My very life again though cold and death;
Come back to me in my dreams, that I may give
Pulse for pulse, breath for breath:
Speak low, lean low
As long ago, my love, how long ago.
CHRISTINA GEORGINA ROSETTI. Echo.
—No entiendo por qué lees esa basura —le dije yo, enfurruñada, no porque censurase realmente sus gustos en materia de lectura sino porque quería llamar su atención. Era una de esas tantas tardes sucesivas que yo pasaba en su casa, tantas que Mónica ya no se sentía obligada a hacerme caso. Su cuarto era el mío, yo lo sabía, y podía hacer allí lo que me apeteciera. Eso sí, Mónica no pensaba darme conversación.
Alzó la vista, se colocó las gafas sobre el puente de la nariz, como si fuera una maestra, y me dirigió una mirada de divertida superioridad.
—No me seas fascista cultural, anda. ¿Qué pretendes? ¿Que me pase el día entero leyendo a Dostoievski o algo así? Anda, olvídame un ratito, por favor —dijo mi luminaria, aquella brillante morena cuya inteligencia alcanzaba proporciones cósmicas, y volvió a sepultar la cabeza en el libro.
Yo estaba acurrucada en una esquina de su cama, la cabeza apoyada sobre las rodillas, ocupada en no hacer nada, demasiado embebida en mi propio aburrimiento como para querer iniciar alguna actividad para combatirlo. La música de fondo, creo recordar, podría ser The Cure o cualquier cosa parecida. Algo muy siniestro, seguro, una canción atormentada en blanco y negro, interpretada por algún jovencito vestido de luto de la cabeza a los pies, el tipo de disco que a Mónica le gustaba escuchar en aquellas tardes inacabables.
Si pienso en Mónica y en su cuerpo celeste imagino enormes telescopios capaces de acercarnos a estrellas lejanísimas, galaxias que se expanden hasta el infinito, materia brillante, fuentes de luz y radiación, supernovas fulgurantes y asteroides en perpetua ignición que albergan en su interior inmensos hornos nucleares.
Hay materia que brilla en el universo, sí, esas estrellas que dan luz y calor, las gigantes rojas y las enanas amarillas; pero también hay materia oscura, agujeros negros, planetas enfriados, estrellas errantes, enanas marrones, lunas desiertas y órbitas cementerio.
Cuando estaba en su habitación, Mónica mantenía las cortinas echadas y las sombras proyectadas por los muebles oscilaban a la temblorosa luz de la lamparita de la mesilla de noche, como si improvisasen extrañas danzas al ritmo de aquella música gótica. El territorio de Mónica, huido del tiempo y del espacio merced a un muy particular túnel de relatividad que ella se había construido a fuerza de voluntad, se mantenía al margen de la rutina que presidía el resto de la casa. Hasta allí no llegaban la cantinela de quejas de su madre, ni el eterno tararear de la asistenta, ni las pueriles discusiones de sus hermanos.
—«A 36.000 kilómetros de la tierra —leyó ella— se halla una órbita geoestacionaria, fija a la atmósfera porque se mueve a la misma velocidad de la Tierra: la Órbita Cementerio, como se denomina a aquella a la que se envían los satélites cuando pierden su vida útil. Todos los satélites disponen de una energía de reserva, de forma que, si se presenta algún problema, este último remanente de combustible se aprovechará para enviarlos a esa órbita, donde quedarán fijos en el espacio sin necesidad de ningún motor que los mantenga en su sitio.» O sea, para entendernos, que los pobres satélites son como elefantes que van a morir a su necrópolis común. No deja de tener su lado poético, si lo piensas. Imagínate, Bea: unos cachivaches enormes cuya labor principal era la comunicación, mudos, aislados para siempre, rodeados de un ejército de cachivaches similares que tampoco podrán comunicarse nunca más. Alucinante, ¿no?
Piensa en eso ahora, Bea, tantos años después. Hace cuatro años que no ves a Mónica. Piensa en la soledad de los satélites, la soledad orbital. Abandonados por aquellos a los que una vez sirvieron. Olvidados y fríos. Rodeados del vacío más yermo y absoluto, en el silencio helado del universo helado, cubiertos de una capa de escarcha que no brilla, que no tiene siquiera ya luz que reflejar. Inmóviles y dignos en su glacial retiro, satélites difuntos, cadáveres exánimes de gélida chatarra, antiguallas que fueron monstruos de acero y hierro, que una vez transmitieron fechas, datos y cifras a los que concedían importancia crucial. Fechas datos y cifras que ahora nadie recuerda. Ni la fuerza del hierro escapa al desamparo. Ahora, incomunicados, herrumbrosos titanes que han perdido su fuerza, condenados a un mutismo eterno y oxidado, jalonan de morralla un sector desolado. Los cables y las tuercas se acabarán desintegrando, aunque quizá falten siglos para que ocurra eso. En cualquier caso, piensa, qué poco importa el tiempo en un paisaje ciego, donde cada minuto es exacto al siguiente, donde a
cada segundo sucede otro segundo. Idéntico, inmutable, un segundo apagado para un tiempo marchito. Órbita cementerio. Soledad orbital.
A veces pienso, Mónica, donde quiera que estés, que a mí me ha pasado lo mismo. Que fui enviada al mundo con una misión: comunicarme con otros seres, intercambiar datos, transmitir. Y sin embargo, me he quedado sola, rodeada de otros seres que navegan desorientados a mi alrededor en esta atmósfera enrarecida por la indiferencia, la insensibilidad o la mera ineptitud, donde una nunca espera que la escuchen, y menos aún que la comprendan. A nuestro alrededor giran universos enteros, estrellas, soles, lunas, galaxias, aerolitos, grandes constelaciones, nubes de gas y polvo, sistemas planetarios, materia interestelar. Hasta basura espacial. Pero sobre todo, un silencio insondable que todo lo absorbe. Un vacío enorme y negro, una quietud indescifrable.
Y aunque sé que no debería ser así, el caso es que me siento a millones de años luz de cualquier señal de vida, si la hay, que se desarrolle a mi alrededor. Siento que navego en la órbita cementerio.
Pitufo Cabrón
31-jul-2008, 14:51
¡Nicotiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin, veeeeeeeeeeeeeeeeeeennnnnnnnnn!
Ottia qué jevi!
Gándalf, deja a la niña, que si le gusta, le gusta, la coprofilia hay que respetarla como a las demás.
¿Qué tiene de malo la luci a pesar de ser tan feminista que llega a ser misógina?
Mecagondiós, no puede existir un hilo en este foro que desvaríe cuando no lleve más de una respuesta??
Gandulfi, mejor que te vayas a buscar un avatar nuevo, no sé, uno de esos ochenteros o con sombrero.
Nada, vida, se diría que estas permanentemente con la regla.
Sufro
Nada, vida, se diría que estas permanentemente con la regla.
Sufro
Es más la menopausia, ya sabes, sofocos, cabreos, tiritonas...
Lamento haber forochateado, ahí va un fragmento:
"De todo ello se deduce lo que, sin duda, constituye
la verdad última del puzzle: a pesar de las
apariencias, no se trata de un juego solitario: cada
gesto que hace el jugador del puzzle ha sido hecho
antes por el creador del mismo; cada pieza que coge y
vuelve a coger, que examina, que acaricia, cada
combinación que prueba y vuelve a probar de nuevo,
cada tanteo, cada intuición, cada esperanza, cada
desilusión han sido decididos, calculados, estudiados
por el otro".
George Perec, La vida: instrucciones de uso.
¿Qué tiene de malo la luci a pesar de ser tan feminista que llega a ser misógina?
Mecagondiós, no puede existir un hilo en este foro que desvaríe cuando no lleve más de una respuesta??
Gandulfi, mejor que te vayas a buscar un avatar nuevo, no sé, uno de esos ochenteros o con sombrero.
Nada, vida, se diría que estas permanentemente con la regla.
Sufro
Añádele a esa lista de cosas malas una curiosa manía de plagiar, sin querer y tal eh.
Nicotin
01-ago-2008, 10:43
¡Nicotiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin, veeeeeeeeeeeeeeeeeeennnnnnnnnn!
No, en serio, no si voy a poder con esto.
Es decir, a aquí la vacuocéfala le parece que "Beatriz y los cuerpos celestes" es una obra de "extrema sensibilidad" (anda, mira, como la punta de la polla) y con la que nos podemos sentir identificados...
Y, la verdad, no sé si estoy preparado para sentirme identificado con Lucía Extxebarría y una de sus entusiastas apologistas; ¿prejuicios? Quién sabe. ¿Preconcepciones? Pudiera ser. ¿Que lo empecé a leer una vez y tuve que dejarlo ante la sensación de que era como una de las mongólicas columnas dominicales de la Etxebarría pero perfumada con Farala y extendida hasta lo que a mí me parecía el inifnito? Cabe la posibilidad también.
Es decir, ¿qué queda después de esto? ¿Hasta dónde puede llegar la "extrema sensibilidad"? No sé si tengo valor suficiente como para querer comprobarlo.
Es decir, ¿qué queda después de esto? ¿Hasta dónde puede llegar la "extrema sensibilidad"?
Lejos, muy lejos. (http://www.sinideas.net/showpost.php?p=106092&postcount=1)
Nicotin
01-ago-2008, 10:50
Me vais a matar a putos disgustos.
Pitufo Cabrón
01-ago-2008, 13:45
XDDDDDDDDDD
Tb dicen que el quijote es una obra sublime y me parece un truñaco. Es lo que tiene ser simple como el mecanismo de un chupete, que me contento con poco, ya ves tu que cosas.
Demasiado que no me gusta Danielle Steel ni Paulo Coelho
Instruidnos en vuestra extrema sapiencia literaria, oh!! Maeses de la pluma!!
pd. y si, me gusta ese fragmento y mucho. Otros libros de la luci he sido incapaz de terminarlos (ej: un milagro en equilibrio), pero en concreto éste me molo.
Os he dicho que tb me gusta Madonna??
Y peor aún, no me han pegado aún por ello
Añádele a esa lista de cosas malas una curiosa manía de plagiar, sin querer y tal eh.
Pero es que esas cosas pasan estan en las mejores familias, fíjate incluso en el foro, que más de uno y de una es capaz de imitar, creárse una personalidad y seguir el rollo por ser tan chachimolón como X o tal forero. Todo por integrarse en un grupo (lo que psiquiatricamente podríamos llamar un resquicio de una frustrada adolescencia, pero eso son otros menesteres).
Al menos la Luci lo haría-hace por dinero
Se despide, vacuoencéfala de pro que os ama.
Fadeaway
01-ago-2008, 19:25
Tb dicen que el quijote es una obra sublime y me parece un truñaco.
Aquí te has lucido echevarriamente.
Nicotin
01-ago-2008, 22:37
Tb dicen que el quijote es una obra sublime y me parece un truñaco. Es lo que tiene ser simple como el mecanismo de un chupete, que me contento con poco, ya ves tu que cosas.
Demasiado que no me gusta Danielle Steel ni Paulo Coelho
Instruidnos en vuestra extrema sapiencia literaria, oh!! Maeses de la pluma!!
pd. y si, me gusta ese fragmento y mucho. Otros libros de la luci he sido incapaz de terminarlos (ej: un milagro en equilibrio), pero en concreto éste me molo.
Os he dicho que tb me gusta Madonna??
Y peor aún, no me han pegado aún por ello
...ya puedes estar buena para compensar, ya.
Aquí te has lucido echevarriamente.
Ella te dará lindo plaser.
Me encantaría ver cuantas personas de este foro (o de casi cualquier reunión) se ha leído el quijote. Porque será todo que tu quieras, estar construída de una forma perfecta y con un empleo magistral de la lengua. Pero aburre, es soporífera y el uso más útil que le he encontrado es como arma infalible para liquidar cucarachas.
...ya puedes estar buena para compensar, ya.
pd. Estoy jodida
Lady_Halcon
02-ago-2008, 15:05
pd. Estoy jodida
espero que bien jodida al menos ;)
Fadeaway
02-ago-2008, 15:47
Me encantaría ver cuantas personas de este foro (o de casi cualquier reunión) se ha leído el quijote. Porque será todo que tu quieras, estar construída de una forma perfecta y con un empleo magistral de la lengua. Pero aburre, es soporífera y el uso más útil que le he encontrado es como arma infalible para liquidar cucarachas.
pd. Estoy jodida
No, si entendemos lo que quieres decir, pero el caso es tu afirmación: que por ahí decían (gente experta durante siglos) que es una obra sublime y que tú pensabas que era un truñaco (término muy equivocado para tratar cualquier texto de Cervantes, a mi entender) Yo me gano la vida con eso, amiga y comprende que ante este tipo de expresiones injustas, dichas tan guays y a la ligera, alguien te responda. Una cosa es que te aburra a ti, otra es afirmar que es un truñaco y quedarte tan ancha e intentar justificarlo. Habemus personas que valoramos los textos dentro de su contexto histórico, créeme.
Sin ánimo de ofender, sólo es que te repito que me gano la vida con eso y para mí es una ofensa que asocien don Quijote con la mierda, pero vamos, allá tú con lo que dices.
Se me está cayendo un lagrimón, sufro viendo a Janis envuelta en este asunto. Snif.
Saludos.
Chico, como te tomes en serio todo lo que digo en este foro y peor aun, sufras por ello, la llevas clara.XDD
Es más, ni pienso ni releo ningún mensaje de los que publico. Es más, yo es que ni me leería. No me intento justificar, he dicho una verdad, ME ABURRIÓ ESE LIBRO.
El foro para mi es un lugar para hacer el pardo y poco más, una vía de escape. Para ponerme en serio, ya lo hago en otros lares en donde se me exije y debo. Lamento que mi lenguaje de teen empleado por lo general no sea el apropiado ciertos ojos escrupulosos
Ains..
PONED FRAGMENTOS MAMONES
Fadeaway
02-ago-2008, 16:08
Chico, como te tomes en serio todo lo que digo en este foro y peor aun, sufras por ello, la llevas clara.XDD
Soy una chica, gracias. No sufro por lo que dices en este foro, en serio, sufro por Janis. Por lo menos lee lo que escribimos los demás para contestar.
Preciosos fragmentos de La maravillosa Venganza de Don Mendo:
MONCADA.– Ha de antiguo la costumbre
mi padre, el barón de Mies,
de descender de su cumbre
y cazar aves con lumbre:
ya sabéis vos cómo es.
En la noche más cerrada
se toma un farol de hierro
que tenga la luz tapada,
se coge una espada
y una esquila o un cencerro,
a fin de que al avanzar
el cazador importuno
las aves oigan sonar
la esquila y puedan pensar
que es un animal vacuno;
y en medio de la penumbra
cuando al cabo se columbra
que está cerca el verderol,
se alumbra, se le deslumbra
con la lumbre del farol,
queda el ave temblorosa,
cautelosa, recelosa,
y entonces, sin embarazo,
se le atiza un estacazo,
se le mata y a otra cosa.
MENDO.– No es torpe, no, la invención;
mas un cazador de ley
no debe hacer tal acción,
pues oyendo el esquilón
toman las avez por buey
a vuestro padre el Barón.
MONCADA.– Es verdad. No había caído...
Vuestra advertencia es muy justa
y os agradezco el cumplido.
¡El Barón, por buey tenido!...
No me gusta; no me gusta.
:)
Y otro más:
MENDO.– El Barón
de Vedia, un aragonés
antipático y zumbón
que está en casa del Marqués
de huésped o de gorrón.
Hablamos... ¿Y vos qué haceis?
Aburrirme... Y el de Vedia
dijo: No os aburriréis;
os propongo, si queréis,
jugar a las siete y media.
MAGDALENA.– ¿Y por qué marcó esa hora
tan rara? Pudo ser luego...
MENDO.– Es que tu inocencia ignora
que a más de una hora, señora,
las siete media es un juego.
MAGDALENA.– ¿Un juego?
MENDO.– Y un juego vil
que no hay que jugarlo a ciegas,
pues juegas cien veces, mil,
y de las mil, ves febril
que o te pasas o no llegas.
Y el no llegar da dolor,
pues indica que mal tasas
y eres del otro deudor.
Mas ¡ay de ti si te pasas!
¡Si te pasas es peor!
MAGDALENA.– ¿Y tú... don Mendo?
MENDO.– ¡Serena
escúchame, Magdalena,
porque no fui yo... no fui!
Fue el maldito cariñena
que se apoderó de mí.
Entre un vaso y otro vaso
el Barón las cartas dio;
yo vi un cinco, y dije «paso»,
el Marqués creyó otro el caso,
pidió carta... y se pasó.
El Barón dijo «plantado»;
el corazón me dio un brinco;
descubrió el naipe tapado
y era un seis, el mío era un cinco;
el Barón había ganado.
Otra y otra vez jugué,
pero nada conseguí,
quince veces me pasé,
y una vez que me planté
volví mi naipe... y perdí.
Ya mi peculio en un brete
al fin me da Vedia un siete;
le pido naipe al de Vedia,
y Vedia me pone una media
sobre el mugriento tapete.
Mas otro siete él tenía
y también naipe pidió...
y negra suerte la mía,
que siete y media cantó
y me ganó en la porfía...
Mil dineros se llevó,
¡por vida de Satanás!
Y más tarde... ¡qué sé yo!
de boquilla se jugó,
y se ganó diez mil más.
¿Te haces cargo, di, amor mío?
¿Te haces cargo de mis males?
¿Ves ya por qué no sonrío?
¿Comprendes por qué este río
brota de mis lagrimales? (Se seca una lágrima de cada ojo.)
Yo mal no quedo, ¡no quedo!
¡Quién diga que yo un borrón
eché a mi grey que alce el dedo!...
Y como pagar no puedo
los dineros al Barón,
para acabar de sufrir
he decidido... partir
a otras tierras, a otro abrigo.
Libro que estoy leyendo ahora mismo.
Nocilla Experience - Agustín Fernández Mallo
Mira, Sandra, ¿te gusta?, y Jota extiende un paquete rectangular sobre la cama.
¿Un regalo?, dice Sandra, Qué sorpresa. Sí, responde él, Hoy hace 6 meses que estamos juntos, ¿no? Sandra lo toma entre sus manos. Desgarra el papel y aparece un pesado volumen titulado La Biblia en Manga. ¡Joder! Qué chulo, Jota, ¿qué es? Pues es vuestra Biblia, pero dibujada con estética de cómic japonés, e incluso con insertos de personajes de los cómics Manga, un buen tocho, acaba de publicarse.
Sandra pasa al vuelo las viñetas de colores llenas de hombres y mujeres de grandes ojos, y esa noche, para celebrarlo, compra huevas de trucha escandinava y una botella de champán La Viuda Clicquot, que devoran metidos en la cama mientras se ríen viendo la lucha libre americana en una pequeña tele portátil que ella tiene al fondo, sobre una silla de formica.
Después Jota se calza unas bragas rojas por encima del apretado pantalón de su esquijama, un pasamontañas peruano de colores, y una toalla atada al cuello por capa, y se tira muchas veces sobre Sandra [que se defiende bastante bien], al grito de ¡SuperJota al ataque!, en el cuadrilátero improvisado de la cama. Esa noche hicieron el amor con profundidad, y se durmieron con la tele en marcha
Entonces apareció el zorro.
- Buenos días – dijo el zorro.
- Buenos días – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
- Estoy acá – dijo la voz – bajo el manzano…
- ¿Quién eres? – dijo el principito -. Eres muy lindo…
- Soy un zorro – dijo el zorro.
- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito-. ¡Estoy tan triste! …
- No puedo jugar contigo – dijo el zorro -. No estoy domesticado.
- ¡Ah! Perdón – dijo el principito.
Pero, después de reflexionar, agregó:
- ¿Qué significa “domesticar”?
- No eres de aquí -dijo el zorro-¿Qué buscas?
- Busco a los hombres -dijo el principito- ¿qué significa domesticar?
- Es una cosa demasiado olvidada -Significa “crear lazos”. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para tí más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo…Si me domesticas, mi vida se llenaráde sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Pero tu tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de tí. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro calló y miró largo tiempo al principito.
- ¡Por favor…domestícame! -dijo. Sólo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes deamigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
- ¿Qué hay que hacer? -dijo el principito.
- Hay que ser paciente. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada dia, podrás sentarte un poco más cerca. Mejor ven siempre a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres, cuando más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón…Los ritos son necesarios.
Así el principito domesticó al zorro.
Nicotin
17-oct-2008, 12:43
Del célebre libro “El hombre en busca de sentido”, en que el reputado psiquiatra austriaco Viktor Frankl cuenta brevemente y con admirable objetividad su escalofriante experiencia como prisionero en un campo de exterminio nazi, en el que sobrevivió milagrosamente (suerte que no corrieron ni su mujer ni demás familiares, quienes murieron en otros campos). Es un libro de lectura ágil, pero su contenido es increíblemente profundo. No es filosofía al uso; Frankl va directamente al grano y no se pierde en disquisiciones abstractas. Habla desde, por y para la vida. Es un libro muy, muy fácil de leer, pero aún así no es para cualquiera, dudo que muchas personas ni siquiera lo comprendieran. Unos simples fragmentos no pueden llegar a captar la forma en que este libro, pese a su brevedad, llega a captar la esencia de la naturaleza humana, ni mucho menos explicar la enorme influencia que su lecturaha podido tener sobre los esquemas mentales de algunas personas, pero ahí va:
“Por lo general, sólo se mantenían vivos aquellos prisioneros que tras varios años de dar tumbos de campo en campo, habían perdido todos sus escrúpulos en la lucha por la existencia; los que estaban dispuestos a recurrir a cualquier medio, fuera honrado o de otro tipo, incluidos la fuerza bruta, el robo, la traición o lo que fuera con tal de salvarse. Los que hemos vuelto de allí gracias a multitud de casualidades fortuitas o milagros -como cada cual prefiera llamarlos- lo sabemos bien: los mejores de entre nosotros no regresaron”.
......
“Lo desesperado de la situación, la amenaza de la muerte que día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto se cernía sobre nosotros, la proximidad de la muerte de otros -la mayoría- hacía que casi todos, aunque fuera por breve tiempo, abrigasen el pensamiento de quitarse la vida. (...) Pasados los primeros días, incluso las cámaras de gas perdían para el prisionero todo su horror; al fin y al cabo, le ahorraban el acto de suicidarse. (...)
Fue Lessing quien dijo en una ocasión: “Hay cosas que deben haceros perder la razón, o entonces es que no tenéis ninguna razón que perder.” Ante una situación anormal, la reacción anormal constituye una respuesta normal. “
......
“La apatía del prisionero, el adormecimiento de las emociones y el sentimiento de que a uno no le importaría ya nunca nada eran (...) lo que, eventualmente, le hacían insensible a los golpes diarios, casi continuos. (...)
Por extraño que parezca, un golpe que incluso no acierte a dar puede, bajo ciertas circunstancias, herirnos más que uno que atine en el blanco. (...) El guardia se dio media vuelta y pensó que yo estaba holgazaneando. El dolor que me causó no fue por sus insultos o sus golpes. El guardia decidió que no valía la pena gastar su tiempo en decir ni una palabra, ni lanzar un juramento contra aquel cuerpo andrajoso y demacrado que tenía delante de él y que, probablemente, apenas le recordaba al de una figura humana. En vez de ello, cogió una piedra alegremente y la lanzó contra mí. A mí, aquello me pareció una forma de atraer la atención de una bestia, de inducir a un animal doméstico a que realice su trabajo, una criatura con la que se tiene tan poco en común que ni siquiera hay que molestarse en castigarla.“
....
“-Cuando todo se ha perdido.
Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos palabra, pero ambos lo sabíamos: cada uno pensaba en su mujer. De vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más hermosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad -aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido. (...)
Delante de mí tropezó y se desplomó un hombre, cayendo sobre él los que le seguían. El guardia se precipitó hacia ellos y les golpeó con el látigo. Este hecho distrajo mi mente de sus pensamientos unos pocos minutos, pero pronto mi alma encontró de nuevo el camino para regresar a su otro mundo y, olvidándome de la existencia del prisionero, continué la conversación con mi amada; yo le hacía preguntas y ella contestaba; a su vez ella me interrogaba y yo respondía. (...) Un pensamiento me asaltó: ni siquiera sabía si ella vivía aún. Sólo sabía una cosa, algo que para entonces ya había aprendido bien: que el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su significado más profundo en su propio espíritu, en su yo íntimo. (...) No sabía si mi mujer estaba viva, ni tenía medio de averiguarlo, pero para entonces ya había dejado de importarme, no necesitaba saberlo, nada podía alterar la fuerza de mi amor, de mis pensamientos o de la imagen de mi amada. Si entonces hubiese sabido que mi mujer estaba muerta, creo que hubiese seguido entregándome -insensible a tal hecho- a la contemplación de su imagen y que mi conversación mental con ella hubiera sido igualmente real y gratificante.”
.....
“El descubrimiento de algo parecido al arte en un campo de concentración ha de sorprender bastante al profano en estas cosas, pero aún se sentiría mucho más sorprendido al saber que también había cierto sentido del humor; claro está, en su expresión más leve y aun así, durante unos breves segundos o unos minutos escasos. El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. (...) Los intentos para desarrollar el sentido del humor y ver las cosas bajo una luz humorística son una especie de truco que aprendimos mientras dominábamos el arte de vivir, pues aun en un campo de concentración es posible practicar el arte de vivir, aunque el sufrimiento sea omnipresente.”
.............
“A pesar del primitivismo físico y mental imperantes a la fuerza, en la vida del campo de concentración todavía era posible desarrollar una profunda vida espiritual. No cabe duda de que las personas sensibles acostumbradas a una vida intelectual rica sufrieron muchísimo (su constitución era a menudo endeble), pero el daño causado a su ser íntimo fue menor: eran capaces de aislarse del terrible entorno retrotrayéndose a una vida de riqueza interior y libertad espiritual. Sólo de esta forma puede uno explicarse la paradoja aparente de que algunos prisioneros, a menudo los menos fornidos, parecían soportar mejor la vida del campo que los de naturaleza más robusta.”
................
“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino.(...)
El modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que éste conlleva, la forma en que carga con su cruz, le da muchas oportunidades -incluso bajo las circunstancias más difíciles- para añadir a su vida un sentido más profundo. Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad. O bien, en la dura lucha por la supervivencia, puede olvidar su dignidad humana y ser poco más que un animal.”
..............
“Debemos sacar la consecuencia de que hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la “raza” de los hombres decentes y la raza de los indecentes.”
......
“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros.”
El admirable -aunque él se empeña en afirmar lo contrario- Viktor Frankl.
http://logotherapy.univie.ac.at/e/vf/img_person/frankl_1994.jpg
M. Corleone
20-oct-2008, 09:30
"Bartleby el escribiente" de Herman Melville, para todos los que odiamos trabajar e incluso la tarea de odiar el trabajo la acometemos con desgana:
En esta actitud estaba cuando le dije lo que debía hacer, esto es, examinar un breve escrito conmigo. Imaginen mi sorpresa, mi consternación, cuando sin moverse de su ángulo, Bartleby, con una voz singularmente suave y firme, replicó:
-Preferiría no hacerlo.
Me quedé un rato en silencio perfecto, ordenando mis atónitas facultades. Primero, se me ocurrió que mis oídos me engañaban o que Bartleby no había entendido mis palabras. Repetí la orden con la mayor claridad posible; pero con claridad se repitió la respuesta:
-Preferiría no hacerlo.
-Preferiría no hacerlo -repetí como un eco, poniéndome de pie, excitadísimo y cruzando el cuarto a grandes pasos-. ¿Qué quiere decir con eso? Está loco. Necesito que me ayude a confrontar esta página: tómela -y se la alcancé.
-Preferiría no hacerlo -dijo."
M. Corleone
20-oct-2008, 11:05
Además que le doy un toque especial, como cuando José Sacristan recita el poema "SI" de Rudyard Kipling.
Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila
cuando todo a tu lado es cabeza perdida;
si en ti mismo tienes una fe que te niegan
y nunca desprecias las dudas que ellos tengan;
si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera;
si, engañado, no engañas;
si no buscas más odio que el odio que te tengan...
Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres;
si al hablar no exageras lo que sabes y quieres;
si sueñas, y los sueños no te hacen su esclavo;
si piensas y rechazas lo que piensas en vano;
si tropiezas con el triunfo, si a la cumbre llega tu derrota
y a estos dos impostores los tratas de igual forma;
si logras que se sepa la verdad que has hablado,
a pesar del sofisma del orbe encanallado;
si vuelves al comienzo del trabajo perdido,
aunque esta obra dure toda tu vida;
si arriesgas al momento y lleno de alegría
tus ganancias de siempre a la suerte de un día,
y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea,
sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era;
si logras que nervios y corazón te asistan,
aun después de su fuga de tu cuerpo en fatiga,
y se agarren contigo cuando no quede nada,
porque tú lo deseas y lo quieres y mandas;
si hablas con el pueblo y guardas tu virtud;
si marchas junto a reyes a tu paso y tu luz;
si nadie que te hiera llega a hacerte una herida;
si todos te reclaman, y ninguno te precisa;
si llenas un minuto envidiable y certero
de sesenta segundos que te lleven al cielo...
toda esta tierra será dominio tuyo
y aún mucho más,
serás hombre, hijo mío.
No es un fragmento, es LA OBRA COMPLETA!!
En mi cabeza hay frases recurrentes desde que empecé a hablar. Algunas de ellas, extraídas de esta (http://colegios.pereiraeduca.gov.co/instituciones/galeriadigital/Espanol/_Literatura/Doc_web/Libreria%20infantil1/sites/rincon/trabajos_ilce/julieta/sec_3.html) obra cumbre de la poesía universal.
Disfrutadla tanto como he hecho yo en estos tantos años.
Lo he releído tres veces ya y cada vez me gusta más.
Por favor, mirad a Salustiano cuando lo bañan!!
Y a todas las Julietas siendo ignoradas en cada viñeta...
Báh, hoy estoy sensiblona, no lo entenderíais...¬¬
Oficialmente, el nuevo hotel llevaba el nombre del puente, junto al que se había edificado. Pero el pueblo bautiza todos los objetos según su lógica particular y según el significado real que tiene para él. La inscripción Hotel zur Brücke [N.del T.: Hotel sobre el Puente"] que figuraba en la fachada del edificio de Zahler palideció rápidamente.
Había sido trazada con letras rígidas, a acuarela, por un soldado experto en la materia. La gente le dio el nombre de Hotel de Lotte y con aquel nombre se quedó. Porque, aunque el hotel era propiedad de Zahler, un judío grueso y flemático que tenía una mujer enfermiza y dos hijas pequeñas, Mina e Irene, la verdadera patrona y alma de la empresa era la cuñada de Zahler, una mujer de una gran hermosura, viuda, de palabra franca y dotada de una energía viril, que se llamaba Lotte.
[...]
En el hotel de Lotte se bebía, se jugaba a las cartas, se cantaba, se bailaba, se mantenían conversaciones serias, se concluían negocios, se comía bien y se dormía en cama limpia. Ocurría a menudo que los beys, los negociantes y los funcionarios esperaban bebiendo la noche, y, después el día y continuaban de fiesta hasta que caían bajo la acción del alcohol y del sueño, y tan fatigados por el juego de naipes que llegaban a perder la vista.
[...]
Y Lotte cortésmente despedía a los que habían bebido demasiado o a los que habían perdido todo, y recibía a los que llegaban todavía serenos y deseosos de alcohol y de juego.
Nadie sabía ni nadie se preguntaba cuándo descansaba, cuándo dormía, cuándo comía aquella mujer, cuándo encontraba tiempo para vestirse y para arreglarse. Porque estaba siempre allí (al menos lo parecía) a disposición de todos, amable, comportándose igual con todo el mundo y mostrando con todos la misma osadía y el mismo ingenio.
De buena estatura, corpulenta, la piel marfileña, el cabello negro, los ojos ardientes, tenía una manera perfectamente segura de conducirse con los clientes que dejaban en el hotel mucho dinero, pero que, llevados por la bebida, eran a menudo agresivos e impertinentes. Conversaba con todos de un modo dulce, atrevido, espiritual, excitante, acariciador y sosegado.
(Su voz era ronca y desigual, pero, en determinados momentos, se transformaba en un arrullo profundo y suave. Cometía faltas, porque nunca había aprendido bien el serbio y hablaba un idioma sabroso y figurado en el que los casos nunca estaban en su sitio y el género de los sustantivos no resultaba seguro, pero que, a pesar de todo, por la entonación y el sentido, correspondía perfectamente a la manera popular de expresarse.)
Cada uno de los clientes disfrutaba con su presencia. Daban por bien empleado su dinero y el tiempo que pasaban en el hotel, por poder cortejarla y poner en juego sus deseos. Pero esas dos cosas -gastar el dinero y perder el tiempo- eran las únicas constantes y seguras. Todo lo demás parecía existir, aunque su existencia no fuese conocida. Lotte fue para dos generaciones de derrochadores, ricos o beys, como una especie de espejismo, una aparición brillante, costosa y fría que engañaba sus sentidos. Se citaba en las anécdotas a algunos pocos individuos que habían conseguido sus buenas gracias, pero ni ellos mismos podían decir en qué medida las habían alcanzado ni en qué consistían exactamente esas gracias.
No era sencillo ni fácil luchar con aquellos hombres ricos y borrachos, en quienes se despertaban a menudo unos instintos inesperados y brutales. Pero Lotte, mujer infatigable, hábil, fría, de razón rápida y corazón viril, domaba los furores, calmaba los apetitos de aquellos hombres desencadenados, valiéndose del juego misterioso de su cuerpo perfecto, de su astucia profunda y de una osadía que no le iba a la zaga, y lograba siempre y en cada caso mantener entre ellos y ella la distancia necesaria, lo cual inflamaba aún más los deseos y aumentaba su valor. Manejaba a aquellos hombres, incluso los más groseros y los más peligrosos, burlando su embriaguez y su rabia como el torero burla al toro. Había llegado a conocer enseguida aquel mundo, y había encontrado holgadamente el secreto de sus apetitos en apariencia complejos. Conocía todos los puntos débiles de aquellos seres sentimentales, crueles y llenos de sensualidades. Les ofrecía todo, prometía mucho, pero daba poco o, para ser más exactos, nada, pues sus deseos, por su naturaleza misma, eran tales que no podían ser saciados y, al final, aquellos individuos debían contentarse con poca cosa. Se comportaba con la mayoría de los clientes como si fuesen enfermos, como si se tratase de gentes que tenían de vez en cuando crisis y preocupaciones. En suma, podía decirse de ella que, a pesar de su oficio, ni demasiado bonito ni demasiado honesto, era una mujer de buen sentido, buen corazón y buen carácter, que sabía consolar y socorrer a los que gastaban más de lo necesario en beber o que perdían su dinero jugando a las cartas. Los volvía locos, porque, por naturaleza, eran locos; los engañaba, porque deseaban ser engañados y, en fin, se limitaba a tomar lo que ellos, de cualquier modo, estaban dispuestos a dilapidar y a perder. Es cierto que había ganado mucho dinero, que vigilaba sus cuartos y que así, desde los primeros años, había logrado acumular todo un capital, pero también es cierto que sabía borrar una deuda u olvidar generosamente y sin frases un dinero perdido. Socorría a los mendigos y a los enfermos y con mucho tacto y precaución, sin ruido, delicadamente, ayudaba a las familias ricas arruinadas, a los huérfanos y a las viudas de las mejores casas, a todos esos pobres vergonzosos que no saben pedir, y se sienten molestos y vacilan antes de aceptar una limosna.
Y eso lo hacía con la misma habilidad con que administraba el hotel y mantenía a distancia a los clientes borrachos, lúbricos e impertinentes, recibiendo de ellos lo que podía, sin darles nada, pero no rechazándolos nunca de un modo definitivo.
La gente, que conocía el mundo y sabía su historia, opinaba a menudo que era una lástima que el destino hubiese designado a aquella mujer un radio de acción tan reducido y tan bajo. Si no hubiese sido lo que era y en el lugar que lo era, quién sabe en qué se habría convertido, y lo que habría dado de sí aquella mujer lista y humana que no pensaba en ella y que, siendo a la vez ávida y desinteresada, hermosa y seductora, pero al mismo tiempo casta y fría, administraba un hotel de provincia y vaciaba los bolsillos de los juerguistas de la ciudad. Quizá hubiese llegado a ser una de esas mujeres ilustres de las que habla la historia y que gobiernan el destino de grandes familias, de cortes y de Estados, dirigiendo todos los asuntos hacia la más elevada meta.
[...]
En aquella habitación estrecha, repleta y asfixiante, cuya única ventana, más chica que las demás del edificio, daba directamente al primer ojo del puente, el más pequeño, Lotte pasaba sus ratos de ocio y vivía aquella parte secreta de su vida que sólo le pertenecía a ella.
[...]
Dirigía el destino de una docena de familias judías, penetraba en los menores detalles de sus vidas, concertaba matrimonios, enviaba a los niños a la escuela o a talleres para que aprendiesen un oficio, se preocupaba por la salud de los enfermos, poniendo los medios para que la recuperasen, amonestaba y reñía a los perezosos y a los derrochadores, y alababa a los ahorrativos y a los emprendedores. Zanjaba sus disputas familiares, daba consejos cuando se producía algún desacuerdo, incitaba a todos a un género de vida más razonable, mejor y más digno y, al mismo tiempo, hacía posible que lograsen tal grado de vida, poniendo a su alcance los medios necesarios. A cada una de sus cartas, seguía un giro que tenía la virtud de conseguir que sus consejos fuesen tenidos en cuenta, que se observasen sus recomendaciones. Cubriendo sus necesidades materiales o espirituales, evitaba que la desgracia hiciese presa de ellos.
[...]
Aquellos momentos [...] no duraban nunca demasiado: a menudo, llegaba, procedente del café, un clamor que rompía el encanto. Eran nuevos clientes que reclamaban su presencia o un borracho que, habiéndose despertado y recobrado en parte la serenidad, exigía más bebida, o quería que se encendiesen las lámparas, o que se hiciese acudir a los músicos. Entonces Lotte abandonaba su refugio y, cerrando cuidadosamente la puerta con una llave especial, bajaba para recibir al cliente o para tranquilizar al borracho con su sonrisa y su lenguaje particular, tratándolo como a un niño y llevándolo a una mesa para iniciar otra vez la fiesta y volver a dar curso a la bebida, a la conversación, a las canciones y a los gastos.
Durante su ausencia, todo marcha mal en la planta baja. Los clientes disputan. Un bey de Tsrntcha, joven, pálido, de mirada huraña, tira al suelo las bebidas que le han llevado, encuentra respuestas para todo, busca discusión con los criados y con los clientes. Salvo contadas excepciones, hace ya días que acude al hotel, que suspira junto a Lotte. Pero bebe de tal modo que se nota que hay algo que le impulsa, un dolor más profundo y mucho más grande -cuyas causas él mismo ignora- que su amor no correspondido y sus celos infundados por la bella judía de Tarnowo.
Lotte se acerca a él ligera, sin temor, con naturalidad.
- ¿Qué te ocurre, Eiub? ¿Por qué gritas?
- ¿Dónde estabas? Quiero saber dónde estabas -balbucea el borracho con una voz más tranquila.
La mira parpadeando, como una aparición.
-Me están dando veneno, pero no saben que yo, si yo...
- Quédate sentado tranquilamente -dice la mujer para calmarlo, mientras sus manos blancas juegan cerca del rostro del bey-. Quédate sentado; por ti, yo haré lo que haga falta; voy a buscarte algo para beber.
Llama al camarero y le dice unas palabras en alemán.
-No hables delante de mí en ese idioma que no comprendo, no chapurrees: Firtzen-Fuftzen; yo... ya me conoces.
- Si te conozco, te conozco, Eiub; no conozco a nadie que sea mejor que tú; pero, a ti sí te conozco...
- ¡Hum! ¿Con quién estabas? ¡Di!
Y la conversación del borracho con la mujer continúa sin fin, sin razón, ni resultado, frente a una botella de vino caro y dos vasos: uno, el de Lotte, que está siempre lleno; otro, el de Eiub, que se vacía y se llena sin cesar.
Mientras aquel vago balbucea con la lengua torpe por el alcohol toda clase de desafíos sobre el amor, la muerte, la enfermedad de amor que no tiene cura y otras cosas parecidas que Lotte sabe de memoria, porque todos los borrachos del país cuentan la misma historia y en los mismos términos, la mujer se levanta, se acerca a las demás mesas en las que se encuentran otros clientes que acuden regularmente al hotel al atardecer.
[...]
Lotte halla para cada uno de los clientes la palabra adecuada, la sonrisa generosa o, sencillamente, una mirada muda, llena de comprensión. Después, vuelve otra vez junto al joven bey que empieza a mostrarse de nuevo turbulento y agresivo.
En el curso de la noche, cuando el vino corra, con todas sus fases borrascosas, exaltadas, llorosas o brutales, que la judía conoce bien, encontrará un momento de tranquilidad durante el cual podrá ir a su alcoba y, a la luz blanquecina de su lámpara de porcelana, continuará su descanso o se entregará a su correspondencia hasta que estalle abajo otra escena que reclame su presencia.
Y, al día siguiente, se repetirá la misma historia, volverá el mismo bey juerguista, borracho y caprichoso, u otro, y se le plantearán a Lotte las mismas preocupaciones que tendrá que abordar sonriente, y habrá de hacer trente al trabajo que, en ella, parece siempre un juego ligero y desenfrenado.
Resulta incomprensible que Lotte haya podido desenvolverse y mantener su posición en medio de esa variedad de asuntos que llenan sus días y sus noches, y que le exigen más astucia de la que normalmente tiene una mujer, y más fuerzas de las que puede poner en movimiento un hombre. Y, sin embargo, consigue hacer todo, sin quejarse nunca, sin dar explicaciones a nadie, sin hablar. Y, a pesar de todo eso, en la distribución de su tiempo, encuentra todos los días una hora al menos para dedicarla a Alí-Bey Pachitch.
Es el único hombre del que se dice en la ciudad que ha conseguido obtener, al margen de todo cálculo, la simpatía de Lotte.
[...]
Un puente sobre el Drina
Ivo Andric
M. Corleone
06-may-2009, 13:55
Una recomendación para lectores curiosos con ganas de risas:
Un fragmento de "Rompepistas" (http://www.anagrama-ed.es/PDF/fragmentos/CO_195.pdf), de Kiko Amat.
No es un fragmento, está completo y me ha encantado
EL BORRACHO - Aldo Luís Novelli
bebía mi tercer cerveza en un bar de malamuerte
cuando se acercó arrastrando los pies
- ¿me daría unas monedas señor? –
- ¿y para que son amigo? –
- bueno, le aseguro que no son para comprar un litro de leche –
- bien, y dígame ¿qué hace usted de su vida? –
- beber ¿y usted señor? –
- yo…soy poeta…creo –
- ah, no está muy seguro, yo estoy seguro de ser borracho –
- de acuerdo y ¿qué hace un borracho cuando está sobrio para hacer de este mundo perverso y absurdo un lugar mejor? –
- mire señor, yo no se muy bien la diferencia entre estar sobrio o borracho, pero de algo estoy seguro, los sobrios destruyeron el mundo –
- tiene razón amigo, el poeta es usted, tome este billete, pero con una condición, no lo vaya a gastar en leche -.
Tu_madre
20-nov-2009, 07:15
"La obsecinidad del sexo femenino es la de todo lo "boquiabierto", es una apelación a ser, como los son todos los orificios. La mujer apela en sí misma a una carne extraña que ha de transformarla en una plenitud de ser mediante la penetración y la disolución... Sin duda alguna su sexo es una boca, y una boca voraz, que devora el pene, lo cual puede conducir facilmente a la idea de castración. El acto amoroso es la castración del hombre, pero esto se debe sobre todo a que el sexo es un orificio."
Jean-Paul Sartre
Tu_madre
20-nov-2009, 07:34
Crawford dio un paso hacia delante. Ofreció su mano a aquella mujer que no era humana sintiendo una mezcla de alivio y gratitud, y abrió la boca para pronunciar la invitación a la que se había resistido tanto tiempo. Podía sentir cómo el pasaje musical adecuado se acercaba rápidamente.
-¡Espera! -gritó Josephine.
Su grito había sido tan potente y desesperado que Crawford se detuvo el tiempo suficiente para volverse hacia ella.
Josephine se llevó una mano a la cara y sus dedos parecieron hurgar y tirar de algo, y un instante después Crawford se sobresaltó al ver que se había quitado su ojo falso. Se lo metió en la boca y masticó con todas sus fuerzas, y ni sus mejillas lograron impedir que Crawford pudiera oír el crujido del cristal haciéndose añicos.
Josephine tiró de él haciéndole retroceder, le rodeó con sus brazos y empezó a besarle salvajemente abriendo sus secos labios y guiando la lengua de Crawford hacia el interior de una boca que estaba llena de sangre, trocitos de cristal y -por increíble que pudiese parecer- dientes de ajo aplastados.
El piano aulló.
...
Se tambalearon sobre el pavimento durante diez segundos que se prolongaron de forma casi insoportable, frotándose el uno contra el otro mientras los ecos estridentes del último acorde musical se alejaban y se perdían entre las cúpulas y las calles de Roma hasta desvanecerse en el cielo.
"La Fuerza de su mirada", Tim Powers
Que gran libro...voy a ver si lo recupero de mi mini-biblioteca caótica y me lo vuelvo a leer.
M. Corleone
20-nov-2009, 08:25
Crawford dio un paso hacia delante. Ofreció su mano a aquella mujer que no era humana sintiendo una mezcla de alivio y gratitud, y abrió la boca para pronunciar la invitación a la que se había resistido tanto tiempo. Podía sentir cómo el pasaje musical adecuado se acercaba rápidamente.
-¡Espera! -gritó Josephine.
Su grito había sido tan potente y desesperado que Crawford se detuvo el tiempo suficiente para volverse hacia ella.
Josephine se llevó una mano a la cara y sus dedos parecieron hurgar y tirar de algo, y un instante después Crawford se sobresaltó al ver que se había quitado su ojo falso. Se lo metió en la boca y masticó con todas sus fuerzas, y ni sus mejillas lograron impedir que Crawford pudiera oír el crujido del cristal haciéndose añicos.
Josephine tiró de él haciéndole retroceder, le rodeó con sus brazos y empezó a besarle salvajemente abriendo sus secos labios y guiando la lengua de Crawford hacia el interior de una boca que estaba llena de sangre, trocitos de cristal y -por increíble que pudiese parecer- dientes de ajo aplastados.
El piano aulló.
...
Se tambalearon sobre el pavimento durante diez segundos que se prolongaron de forma casi insoportable, frotándose el uno contra el otro mientras los ecos estridentes del último acorde musical se alejaban y se perdían entre las cúpulas y las calles de Roma hasta desvanecerse en el cielo.
"La Fuerza de su mirada", Tim Powers
Que gran libro...voy a ver si lo recupero de mi mini-biblioteca caótica y me lo vuelvo a leer.
Oh, vaya, recuerdame que no me lea "La fuerza de su mirada", jaja.
Tu_madre
20-nov-2009, 08:33
¿Por...?
Bisclavret
20-nov-2009, 09:53
Será porqué Powers tiene cosas muchísimo mejores.
Todo y que La fuerza de su mirada tiene muchos seguidores, a mi me dejó frío y me aburrió soberanamente.
Tu_madre
20-nov-2009, 09:59
Yo estoy con Declara ahora y es verdad que me esta gustando más, aunque En costas extrañas me gusto enormemente.
Bisclavret
20-nov-2009, 10:16
Declara, según muchos críticos es su novela más madura y que más trabajo de investigación le ha requerido a Powers (la bibiografía que cita Powers es...inmensa). A mi me gustó, pero se me hizo un poco lenta, al menos comparada con otras obras del autor.
En Costas Extrañas si me gustó muchísimo. De las que más. Dentro de lo que es la especialidad de Powers y el producto de mercado donde este tío se mueve, encontré esta última muy entretenida, trepidante, divertida... vamos, espectacular y sin desperdicio.
Otra de Powers que me dejó alucinado es Cena en el Palacio de la Discordia. ¿La has leído?
Tu_madre
20-nov-2009, 11:16
Declara, según muchos críticos es su novela más madura y que más trabajo de investigación le ha requerido a Powers (la bibiografía que cita Powers es...inmensa). A mi me gustó, pero se me hizo un poco lenta, al menos comparada con otras obras del autor.
En Costas Extrañas si me gustó muchísimo. De las que más. Dentro de lo que es la especialidad de Powers y el producto de mercado donde este tío se mueve, encontré esta última muy entretenida, trepidante, divertida... vamos, espectacular y sin desperdicio.
Otra de Powers que me dejó alucinado es Cena en el Palacio de la Discordia. ¿La has leído?
Esta me falta, como LA ultima partida, creo que se llama.
Declara me esta ayudando a cogerle cariño a la novela negra y de espionaje. También, antes de que empezara con él, me leí El Enigma Hess para saberme algo sobre los cuerpos de inteligencia durante la 2º G.M.
Tu_madre
23-nov-2009, 21:56
Mas, si no hubiera estado tan excitado, hubiese tenido tiempo sobrado para repasar por completo las tres frases que aparecieron ante mí; pues vi que eran tres. Sin embargo, en mi ansiedad por leer todo enseguida, sólo conseguí leer las siete últimas palabras, que decían así: "...sangre...; tu vida depende de permanecer oculto."
Si hubiera podido enterarme del contenido de toda la nota, del sentido completo el aviso que mi amigo había intentado enviarme, estoy convencido de que este aviso, aunque me hubiese revelado la historia del desastre más inexplicable, no me habría causado ni una pizca del horror atroz e inexpresable que me inspiró la advertencia fragmentaria recibida de aquel modo. Y, además, la palabra "SANGRE", esa palabra suprema -tan rica siempre en misterios, sufrimientos y terrores-, ¡qué llena de importancia se me aparecía ahora!, ¡qué fría y pesadamente (aisladas, como estaban, de las palabras precedentes para calificarla y darle precisión) cayeron sus vagas sílabas, en medio de aquella sombría prisión, dentro de lo más recóndito de mi alma!
"Las aventruras de Arthur Gordon Pym" de Edgar Allan Poe
Pitufo Cabrón
23-nov-2009, 22:23
Lo lei cuando era un niño y es cierto que inquietaba bastante. Siempre me acordaré de la sonrisa de los marinos.
Tu_madre
23-nov-2009, 22:31
¿Los del barco holandés que paso por el lado de el de Arthur?
No es un fragmento, es un entero. Mi viejo nos lo recitaba (de memoria) a mi hermana y a mí cuando éramos pequeños, aunque yo apenas guardaba más recuerdo que la primera estrofa, mi hermana siempre se emocionaba. El día de navidad, el viejo, animado por la olla sopera de Cardhú que se estaba metiendo entre pecho y almorrana, se arrancó por soleares y he de reconocer, a pesar del poco respeto que le tengo, que logró emocionarme:
¿Tu conoces al ”Piyayo”
un viejecillo renegro, reseco y chicuelo;
la mirada de gallo
pendenciero
y hocico de raposo
tiñoso...
que pide limosna por "tangos"
y maldice cantando "fandangos"
gangosos?
¡A chufla lo toma la gente
y a mi me da pena
y me causa un respeto imponente!
Ata a su cuerpo una guitarra,
Que chilla como una corneja
Y zumba como una chicharra
Y tiene arrumacos de vieja
Pelleja.
Yo le he visto cantando,
Babeando
De rabia y de vino,
Bailando
Con saltos felinos
Tocando a zarpazos,
Los acordes de un viejo "tangazo"
Y, a sus contorsiones de ardilla,
Hace son con la sucia calderilla.
¡A chufla lo toma la gente
y a mi me da pena
y me causa un respeto imponente!
Es su extraño arte
su cepo y su cruz,
su vida y su luz,
su tabaco y su aguardientillo...
y su pan y el de sus nietecillos:
"churumbeles" con greñas de alambre
y panzas de sapos.
Que aullan de hambre
Tiritando bajo los harapos;
Sin madre que lave su roña;
Sin padre que "afane"
Porque pena una muerte en santoña;
Sin mas sombra que la del abuelo...
poca sombra, porque es tan chicuelo
en el altozano
tiene un cuchitril
a las vigas alcanza la mano;
y por lumbre y por luz, un candil.
Vacia sus alforjas
Que son sus bolsillos,
Bostezando los siete chiquillos,
Se agrupan riendo.
Y entre carantoñas les va repartiendo
Pan y pescao frito,
Con la parsimonia de un antiguo rito:
¡chavales!
¡pan de flor de harina!
Mascarlo despasio.
Mejo pan no se come en palasio.
Y este pescaito, ¡no es na?
¡sacao uno a uno del fondo del má!
¡gloria pura él!
Las espinas se comen tamié,
Que to es alimento...
Asi....despasito.
¡no llores, Manuela!
Tu no pués, porque no tiés muelas.
¡es tan chiquitita
mi niña bonita!..
así, despasito.
Muy remascaito,
Migaja a migaja, que dure,
Le van dando fin
A los cinco reales que costo el festín.
Luego entre guiñapos durmiendo,
Por matar el frío, muy apiñaditos.
La Virgen María contempla al “Piyayo”
Riendo
Y hay un Angel rubio que besa la frente
De cada gitano chiquito.
¡A chufla lo toma la gente!...
¡y a mi me da pena
y me causa un respeto imponente!
JOSE CARLOS DE LUNA (1890-1965)
Pitufo Cabrón
17-ene-2010, 23:21
Una referencia a este discurso leída en otro libro me hizo buscarlo. Igual que el tipo que hacía la referencia, lo pego aquí, para el que quiera leer la curiosa teoría de Aristófanes, que curiosa realmente no es, porque ha sido mil veces repetida, de la división de las personas. Pero es que lo de los animalitos esféricos de cuatro patas y dos caras me hace tilín.
Discurso de Aristófanes casi entero.
El Banquete (o Simposio) - Platón.
–Efectivamente, Erixímaco –dijo Aristófanes–, tengo la intención de hablar de manera muy distinta a como tú y Pausanias han hablado.
Pues, a mi parecer, los hombres no se han percatado en absoluto del poder de Eros, puesto que si se hubiesen percatado le habrían levantado los mayores templos y altares y le harían los más grandes sacrificios, no como ahora, que no existe nada de esto relacionado con él, siendo así que debería existir por encima de todo.
Pues es el más filántropo de los Dioses, al ser auxiliar de los hombres y médico de enfermedades tales que, una vez curadas, habría la mayor felicidad para el género humano. Intentaré, pues, explicarles su poder y ustedes serán los maestros de los demás.
Pero, primero, es preciso que conozcan la naturaleza humana y las modificaciones que ha sufrido, ya que nuestra antigua naturaleza no era la misma de ahora, sino diferente.
En primer lugar, tres eran los sexos de las personas, no dos, como ahora, masculino y femenino, sino que había, además, un tercero que participaba de estos dos, cuyo nombre sobrevive todavía, aunque él mismo ha desaparecido. El andrógino, en efecto, era entonces una cosa sola en cuanto a forma y nombre, que participaba de uno y de otro, de lo masculino y de lo femenino, pero que ahora no es sino un nombre que yace en la ignominia.
En segundo lugar, la forma de cada persona era redonda en totalidad, con la espalda y los costados en forma de círculo. Tenía cuatro manos, mismo número de pies que de manos y dos rostros perfectamente iguales sobre un cuello circular. Y sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, una sola cabeza, y además cuatro orejas, dos órganos sexuales, y todo lo demás como uno puede imaginarse a tenor de lo dicho.
Caminaba también recto como ahora, en cualquiera de las dos direcciones que quisiera; pero cada vez que se lanzaba a correr velozmente, al igual que ahora los acróbatas dan volteretas circulares haciendo girar las piernas hasta la posición vertical, se movía en círculo rápidamente apoyándose en sus miembros que entonces eran ocho.
Eran tres los sexos y de estas características, porque lo masculino era originariamente descendiente del sol, lo femenino, de la tierra y lo que participaba de ambos, de la luna, pues también la luna participa de uno y de otro. Precisamente eran circulares ellos mismos y su marcha, por ser similares a sus progenitores.
Eran también extraordinarios en fuerza y vigor y tenían un inmenso orgullo, hasta el punto de que conspiraron contra los dioses. Y lo que dice Homero de Esfialtes y de Oto se dice también de ellos: que intentaron subir hasta el cielo para atacar a los dioses. Entonces, Zeus y los demás Dioses deliberaban sobre qué debían hacer con ellos y no encontraban solución. Porque, ni podían matarlos y exterminar su linaje, fulminándolos con el rayo como a los gigantes, pues entonces se les habrían esfumado también los honores y sacrificios que recibían de parte de los hombres, ni podían permitirles tampoco seguir siendo insolentes.
Tras pensarlo detenidamente dijo, al fin, Zeus: Me parece que tengo el medio de cómo podrían seguir existiendo los hombres y, a la vez, cesar de su desenfreno haciéndolos más débiles.
Ahora mismo, dijo, los cortaré en dos mitades a cada uno y de esta forma serán a la vez más débiles y más útiles para nosotros por ser más numerosos. Andarán rectos sobre dos piernas y si nos parece que todavía perduran en su insolencia y no quieren permanecer tranquilos, de nuevo, dijo, los cortaré en dos mitades, de modo que caminarán dando saltos sobre una sola pierna. Dicho esto, cortaba a cada individuo en dos mitades, como los que cortan las serbas y las ponen en conserva o como los que cortan los huevos con crines.
Y al que iba cortando ordenaba a Apolo que volviera su rostro y la mitad de su cuello en dirección del corte, para que el hombre, al ver su propia división, se hiciera más moderado, ordenándole también curar lo demás.
Entonces, Apolo volvía el rostro y, juntando la piel de todas partes en lo que ahora se llama vientre, como bolsas cerradas con cordel, la ataba haciendo un agujero en medio del vientre, lo que llamamos precisamente ombligo.
Alisó las otras arrugas en su mayoría y modeló también el pecho con un instrumento parecido al de los zapateros cuando alisan sobre la horma los pliegues de los cueros. Pero dejó unas pocas en torno al vientre mismo y al ombligo, para que fueran un recuerdo del antiguo estado.
Así, pues, una vez que fue seccionada en dos la forma original, añorando cada uno su propia mitad se juntaba con ella y rodeándose con las manos y entrelazándose unos con otros, deseosos de unirse en una sola naturaleza, morían de hambre y de absoluta inacción, por no querer hacer nada separados unos de otros.
Y cada vez que moría una de las mitades y quedaba la otra, la que quedaba buscaba otra y se enlazaba con ella, ya se tropezara con la mitad de una mujer entera, lo que ahora llamamos precisamente mujer, ya con la de un hombre, y así seguían muriendo.
Compadeciéndose entonces Zeus, inventa otro recurso y traslada sus órganos genitales hacia la parte delantera, pues hasta entonces también éstos los tenían por fuera y engendraban y parían no los unos en los otros, sino en la tierra, como las cigarras. De esta forma, pues, cambio hacia la parte frontal sus órganos genitales y consiguió que mediante éstos tuviera lugar la generación en ellos mismos, a través de lo masculino en lo femenino, para que si en el abrazo se encontraba hombre con mujer, engendraran y siguiera existiendo la especie humana, pero, si se encontraba varón con varón, hubiera, al menos, satisfacción de su contacto, descansaran, volvieran a sus trabajos y se preocuparan de las demás cosas de la vida.
Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza, que intenta hacer uno solo de dos y sanar la naturaleza humana. Por tanto, cada uno de nosotros es un símbolo de hombre, al haber quedado seccionado en dos de uno solo, como los lenguados.
Por esta razón, precisamente, cada uno está buscando siempre su propio símbolo. En consecuencia, cuantos hombres son sección de aquél ser de sexo común que entonces se llamaba andrógino son aficionados a las mujeres, y pertenece también a este género la mayoría de los adúlteros; y proceden también de él cuantas mujeres, a su vez, son aficionadas a los hombres y adúlteras.
Pero cuántas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas.
Cuántos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza.
Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando a lo que es similar a ellos. Y una gran prueba de esto es que, llegados al término de su formación, los de tal naturaleza son los únicos que resultan valientes en los asuntos políticos. Y cuando ya son unos hombres, aman a los mancebos y no prestan atención por inclinación natural a los casamientos ni a la procreación de hijos, sino que son obligados por la ley, pues les basta vivir solteros todo el tiempo en mutua compañía.
Por consiguiente, le el que es de tal clase resulta, ciertamente, un amante de mancebos y un amigo del amante, ya que siempre se apega a lo que le está emparentado.
Pero cuando se encuentran con aquella autentica mitad de sí mismos tanto el pederasta como cualquier otro, quedan entonces maravillosamente impresionados por afecto, afinidad y amor, sin querer, por así decirlo, separarse unos de otros ni siquiera por un momento.
Éstos son los que permanecen unidos en mutua compañía a lo largo de toda su vida, y ni siquiera podrían decir qué desean conseguir realmente unos de otros. Pues a ninguno se le ocurriría pensar que ello fuera el contacto de las relaciones sexuales y que, precisamente por esto, el uno se alegra de estar en compañía del otro con tan gran empeño. Antes bien, es evidente que el alma de cada uno desea otra cosa que no puede expresar, si bien adivina lo que quiere y lo insinúa enigmáticamente.
Y si mientras están acostados juntos se presentara Hefesto con sus instrumentos y les preguntara: ¿Qué es, realmente, lo que quieren, hombres, conseguir uno del otro?, y si al verlos perplejos volviera a preguntarles: ¿Acaso lo que desean es estar juntos lo más posible el uno del otro, de modo que ni de noche ni de día se separen el uno del otro? Si realmente quieren esto, quiero fundirlos y soldarlos en uno solo, de suerte que siendo dos lleguen a ser uno, y mientras vivan, como si fueran uno sólo, vivan los dos en común y, cuando mueran, también allí en el Hades sean uno en lugar de dos, muertos ambos a la vez.
Miren, pues, si desean esto y estarán contentos si lo consiguen. Al oír estas palabras, sabemos que ninguno se negaría ni daría a entender que desea otra cosa, sino que simplemente creería haber escuchado lo que, en realidad, anhelaba desde hacía tiempo: llegar a ser uno solo de dos, juntándose y fundiéndose con el amado
Pues la razón de esto es que nuestra antigua naturaleza era como se ha descrito y nosotros estábamos íntegros.
Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y la persecución de esa integridad. Antes, como digo, éramos uno, pero ahora por nuestra iniquidad, hemos sido separados por la divinidad, como los arcadios por los lacedemonios. Existe, pues, el temor de que, si no somos mesurados respecto a los dioses, podamos ser partidos de nuevo en dos y andemos por ahí como los que están esculpidos en relieve en las estelas, serrados en dos por la nariz, convertidos en téseras.
Ésta es la razón, precisamente, por la que todo hombre debe exhortar a ser piadosos con los dioses en todo, para evitar lo uno y conseguir lo otro, siendo Eros nuestro guía y caudillo.
Que nadie obre en su contra –y obra en su contra el que se enemista con los Dioses–, pues si somos sus amigos y estamos reconciliados con el Dios, descubriremos y nos encontraremos con nuestros propios amados, lo que ahora consiguen solo unos pocos.
Y que no me interrumpa Erixímaco para burlarse de mi discurso diciendo que aludo a Pausanias y a Agatón, pues tal vez también ellos pertenezcan realmente a esta clase y sean ambos varones por naturaleza. Yo me estoy refiriendo a todos, hombres y mujeres, cuando digo que nuestra raza sólo podría llegar a ser plenamente feliz si lleváramos el amor a su culminación y cada uno encontrara el amado que le pertenece retornando a su antigua naturaleza.
Y si esto es lo mejor, necesariamente también será lo mejor lo que, en las actuales circunstancias, se acerque más a esto, a saber, encontrar un amado que por naturaleza responda a nuestras aspiraciones.
Por consiguiente, si celebramos al Dios causante de esto, celebraríamos con toda justicia a Eros, que en el momento actual nos procura los mayores beneficios por llevarnos a lo que nos es afín y nos proporciona para el futuro las mayores esperanzas de que, si mostramos piedad con los Dioses, nos hará dichosos y plenamente felices, tras restablecernos en nuestra antigua naturaleza y curarnos.
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