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Ver la Versión Completa : Diario de un perro



Riper
22-nov-2007, 21:18
Es antiguo ya, y seguramente lo tengais visto, pero yo es la primera vez que lo leo, y la verdad que llega...

Diario de un perro


Una semana

Hoy cumplí una semana de nacido. !Que alegría haber llegado a este mundo!

Un mes

Mi mama me cuida muy bien. Es una mama ejemplar.

2 meses

Hoy me separaron de mi mama. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós. Esperando que mi nueva "familia humana" me cuidara tan bien como ella lo había hecho.

4 meses

He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como "hermanitos". Somos muy inquietos, ellos me estiran de la cola y yo les muerdo jugando.

5 meses

Hoy me regañaron. Mi ama se molesto porque me hice "pipí" dentro de casa; pero nunca me habían dicho donde debo hacerlo. ¡Además duermo en la habitación!. Ya no me aguantaba!

8 meses

Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me siento tan seguro, tan protegido. Creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho. Cuando están comiendo me dan también a mí. El patio es para mi sólito y me doy prisa escarbando, como mis antepasados los lobos, cuando esconden la comida. Nunca me educan. Ha de estar todo bien lo que hago.

12 meses

Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí mas de lo que ellos pensaban. Que orgullosos deben de sentirse de mí.

13 meses

Que mal me sentí hoy. Mi "hermanito" me quito la pelota. Yo nunca agarro sus juguetes. Así que se la quite. Pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes, así que le hice daño sin querer. Después del susto, me encadenaron, casi sin poderme mover ni poder ver un rayo del sol. Dicen que van a tenerme en observación y que soy un ingrato, después de todo lo que han hecho por mí. No entiendo nada de lo que pasa.

15 meses

Ya nada es igual... vivo en la azotea. Me siento muy solo... mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando llueve no tengo un techo dónde cobijarme.

16 meses

Hoy me bajaron de la azotea. Seguro que mi familia me perdonó y me puse tan contento que daba saltos de alegría. Mi rabo parecía que se me iba a salir. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Fuimos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me baje feliz creyendo que haríamos nuestro "día de campo". No comprendo porque cerraron la puerta y se fueron. “ Pero esperad - ladré... se olvidan de mí. ! Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta, que casi me desvanecía y ellos no se detendrían: Me habían abandonado y olvidado para siempre.

17 meses

He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y sería leal como ninguno. Pero sólo dicen "pobre perrito", se debe haber perdido.

18 meses

El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis "hermanitos". Me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzo una lluvia de piedras "a ver quien tenia mejor tino". Una de esas piedras me lastimo el ojo y desde entonces ya no veo con él.

19 meses

Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mí. Ya estoy muy delgado; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la gente más bien me hecha a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.

20 meses

Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me atropelló. Aunque yo estaba en un lugar seguro llamado "cuneta", Ojalá me hubiera matado, pero sólo me disloco la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastre hacia un poco de hierba de la ladera del camino. Llevo diez días bajo el sol, la lluvia, el frío, y sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal, me quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se esta cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: "No te acerques". Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. "Pobre perrito, mira como te han dejado", decía... junto a ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: "Lo sienta señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir." A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la mire agradeciéndole que me ayudara a descansar. Solo sentí la inyección y me dormí para siempre, pensando en porque tuve que nacer, si nadie me quería.

Data
22-nov-2007, 21:22
iNapoleón nunca se equivoca!. iTodos los animales somos iguales!.


Data fuera.

Ryback
22-nov-2007, 22:37
http://img67.imageshack.us/img67/535/herculesdu4.jpg

Miss Dana
22-nov-2007, 23:40
http://img67.imageshack.us/img67/535/herculesdu4.jpg


Virgen santa....!!

La historia ya la había leido en una web de esas de adopción de perros, sí que llega. No entiendo como puede haber gente que abandone o haga daño a los animales, si son tan nobles y tan bonicos...!!

keltar
22-nov-2007, 23:42
http://img67.imageshack.us/img67/535/herculesdu4.jpg
No se cual de los da más miedo.

Ryback
22-nov-2007, 23:43
Ese pavo se tiene que hacer unos pajotes castellanos brutales.

keltar
22-nov-2007, 23:44
A dos manos y tal.

Crom
23-nov-2007, 01:49
ese diario es absurdo, los animales no sienten un dolor horrible asi como lo pueda sentir un humano. sus nervios solo les indican donde esta la herida o fractura y cuan es de hija de puta, pero jamas hasta dejarlos inconscientes o matarlos de dolor.

los humanos somos los debiles, que cerebralmente exageramos cualquier tipo de dolor creando asi una montaña de un grano de arena. raza de maricones... me damos ganas de vomitar.


pensarlo friamente o hacer la prueba, cuando os hagais daño y esteis con las manos en la zona afectada mientras con los ojos cerrados enfocais al cielo y gritais o llorais, concentraos en el dolor y pensar a ver si lo podriais soportar o no. 99 de cada 100 veces os dareis cuenta de que estais exagerando.


dicho esto... mejor me voy a dormir.

Riper
23-nov-2007, 02:41
Crom, esto trata sobre el abandono, no sobre la resistencia al dolor xD

_KraD_
23-nov-2007, 06:53
Ehm, no lo había visto, muy loable la intención del texto pero está escrito con mucha torpeza y se le ven las intenciones. Así que no pasa de carne para email.

Entre mis preferidas historias con perro está la genial "Se acabo la rabia" de mi admirado Benedetti, cuento corto recopilado en "Cuentos" con la selección de una de sus mejores muestras de prosa.

Y la sección de la película "Historias Mínimas" donde el anciano busca a Malasombra un perro humanizado que puede ser capaz de perdonar lo peor.

Si encuentro el texto de Benedetti os lo pego.

}:-D

_KraD_
23-nov-2007, 08:33
Revisando cosas como esta os voy a abrir un hilo en literatura sobre lo mejor del cuento corto o similar que es mi adorado juguete y en internet ha encontrado un gran nido donde cobijarse.

Bueno esto es el texto del señor que comentaba más arriba, me encanta por como consigue con una línea final simplemente b-r-u-t-a-l reventar por dentro todo.

Y con algo tan sencillo como un perro y su amo.

Mario Benedetti - Se acabó la rabia

Aunque la pierna del hombre apenas se movía, Fido, debajo de la mesa, apreciaba grandemente esa caricia en los alrededores del hocico. Esto era casi tan agradable como recoger pedacitos de carne asada directamente de las manos del amo. Hacía ya dos años que, en contra de su vocación y de su contextura (patas gruesas y firmes, cogote robusto, orejas afiladas), Fido se había convertido en un perro de apartamento, condición que parecía avenirse mejor con los cuzcos afeminados, histéricos y meones, que desprestigiaban el segundo piso.

Fido no pertenecía a una raza definida, pero era un animal disciplinado, consciente, que por lo general aplazaba sus necesidades hasta el mediodía, hora en que lo sacaban a la vereda para que afectuara su revista de árboles. Sabía, además, cómo aguantarse en dos patas hasta recibir la orden de descanso, traer el diario en la boca todas las mañanas, emitir un ladrido barítono cuando sonaba el timbre y servir de felpudo a su dueño y señor cuando éste volvía del trabajo. Pasaba la mayor parte del día echado en un rincón del comedor o sobre las baldosas del cuarto de baño, durmiendo o simplemente contemplando el verde sedante de la bañera.

Por lo general, no molestaba. Cierto que no sentía un afecto especial hacia la mujer, mas como era ella quien se preocupaba de prepararle el sustento y de renovarle el agua, Fido hipócritamente le lamía las manos alguna vez al día, a fin de no perturbar servicios tan vitales. Su preferido era, naturalmente, el hombre, y cuando éste, después de almorzar, acariciaba la nuca o la cintura o los senos de la mujer, el perro se agitaba, celoso y receloso, en el rincón más sombrío del comedor.

Los grandes momentos del día eran, sin duda: las dos comidas, el paseo diurético por la vereda, y especialmente, este solaz después de la cena, cuando el hombre y la mujer charlaban, distraídos, y él sentía junto al hocico el roce afectuoso de los pantalones de franela.

Pero esta noche Fido estaba extrañamente inquieto. El golpeteo de la cola no era, como en otras sobremesas, una señal de mimo y reconocimiento, una treta habitual de perro viejo. En esta noche el pasado inmediato pesaba sobre él. Una serie de imágenes, bastante recientes, se habían acumulado en sus ojitos llorosos y experimentados. En primer término: el Otro. Sí, una tarde en que estaba solo en el apartamento, durmiendo su siesta frente a la bañera, la mujer llegó acompañada del Otro. Fido había ladrado sin timidez, se había comportado como un profeta. El tipo lo había llamado repetidas veces en un falsete cariñoso, pero a él no le gustaban ni aquellos cortantes pantalones negros ni el antipático olor del hombre. Dos o tres veces pudo dominarse y se acercó husmeando, pero al final se había retirado a su rincón del comedor, donde el olor de la frutera era más fuerte que el del intruso.

Esa vez la mujer sólo había hablado con el Otro, aunque se había reído como nunca. Pero otro día en que ella estaba sola con Fido y apareció el tipo, se habían tomado de las manos y terminaron abrazándose. Después, aquella cara redonda, con bigote negro y ojos saltones, apareció cáda vez con más frecuencia. Nunca pasaban al dormitorio, pero en el sofá hacían cosas que le traían a Fido violentas nostalgias de las perritas de cierta chacra en que transcurriera su cachorrez.

Una tarde -quién sabe por qué- volvieron a notar su presencia. Desde el comienzo, Fido había comprendido que no debía acercarse, que los ladridos proféticos del primer día no podían repetirse. Por su propio bien, por la continuidad de los servicios vitales, por el ansiado paseo a la vereda. No lamía la mano de nadie, pero tampoco molestaba. Y, sin embargo, ellos habían advertido su presencia. En realidad, fue la mujer, y era natural, porque con el tipo no tenía nada en común. Acaso ella tuvo especial conciencia de que el perro existía, de que estaba presente, de que era un testigo, el único. Fido no tenía nada que reprocharle, mejor dicho, no sabía que tenía algo para reprocharle pero estaba allí, en el baño o en el comedor, mirando.

Y bajo esa mirada húmeda, lagañosa, la mujer acabó por sentirse inquieta y no tardó en ser atrapada por un odio violento, insoportable.

Naturalmente, poco de esto había llegado a Fido. Pero una cosa lo alcanzaba y era el rencor con que se le trataba, la desusada rabia con que se admitía su obligada vecindad.

Y ahora que recibía la diaria cuota de afecto, ahora que sentía junto al hocico el roce y el olor preferidos, se sabía protegido y seguro. Pero, ¿y después? Su problema era un recuerdo, el más cercano. Hacía un día, dos, tres -un perro no rotula el pasado- el tipo había tenido que irse con apuro (¿por qué?) y había dejado olvidada la cigarrera, una cosa linda, dorada, muy dura, sobre la mesita del living.

La mujer la había guardado, también con apuro (¿por qué?) bajo una cortina de la despensa. Y allí, no bien estuvo solo, fue a olfatearla Fido. Aquello tenía el olor desagradable del tipo, pero era dura, metálica, brillante, una cosa cómoda de lamer, de empujar, de hacer sonar contra las tablas del piso.

La pierna del hombre no se movió más. Fido entendió que por hoy la fiesta había concluido. Perezosamente fue estirando las patas y se levantó. Lamió todavía un pedacito de tobillo que estaba al descubierto, entre el calcetín raído y el pantalón. Después se fue sin gruñir ni ladrar, con paso lento y reumático, a su rincón tranquilo.

Pero sucedió entonces algo inesperado. La mujer entró al dormitorio y regresó en seguida. Ella y el hombre hablaron, al principio relativamente calmos, después a los gritos. De pronto la mujer se calló, descolgó el saco de la percha, se lo puso a los tirones y -sin que el hombre hiciera ningún ademán para impedirlo- salió a la calle, dando un portazo tan violento que el perro no tuvo más remedio que ladrar.

El hombre quedó nervioso, concentrado. A Fido se le ocurrió que éste era el momento. Nada de venganza; en realidad, no sabía qué era. Pero el instinto le indicaba que éste era el momento.

El hombre estaba tan ensimismado, que no advirtió en seguida que el perro le tiraba de los pantalones. Fido tuvo que recurrir a tres cortos ladridos. Su intención era clara y el hombre, después de vacilar, lo siguió con desgano. No fue muy lejos. Hasta la despensa. Cuando el perro apartó la cortina, el hombre sólo atinó a retroceder, después se agachó y recogió la cigarrera.

En realidad, Fido no esperaba nada. Para él, su hallazgo no tenía demasiada importancia. De modo que cuando el hombre dio aquel bárbaro puñetazo contra la pared y se puso a gritar y a llorar como un cuzco del segundo piso, no pudo menos que, también él, retroceder asustado ante la conmoción que provocara. Se quedó silencioso, pegado al marco de la puerta, y desde allí observó cómo el hombre, con los dientes apretados, gritaba y gemía. Entonces decidió acercarse y lamerlo con ternura, como era su deber.

El hombre levantó la cabeza y vio aquel rabo movedizo, aquel cargoso que venía a compadecerlo, aquel testigo. Todavía Fido jadeó satisfecho, mostrando la lengua húmeda y oscura. Después se acabó. Era viejo, era fiel, era confiado. Tres pobres razones que le impidieron asombrarse cuando el puntapié le reventó el hocico.

}:-D

Crom
23-nov-2007, 08:47
Crom, esto trata sobre el abandono, no sobre la resistencia al dolor xD

cuando solo te lees la ultima frase, se trata de lo que te salga del nabo...¬¬

:chucho: ¬¬ :zidane:


una vez conoci a un tio bastante peculiar y ultrasonriente que a las 2 de la madrugada nos recito un cuento de mario benedetti, asi, del tiron. menudo friki simpatico.

_KraD_
23-nov-2007, 08:50
una vez conoci a un tio bastante peculiar y ultrasonriente que a las 2 de la madrugada nos recito un cuento de mario benedetti, asi, del tiron. menudo friki simpatico.

Benedetti es Dios:

Mario Benedetti - Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.

Así lo descubrí yo y me enamoré de su pluma.

}:-D

Ryback
23-nov-2007, 10:39
Debo confesar, que cuando vi el titulo del hilo, me recordó a esos reportajes de Mercedes Milá, o al archiconocido Diario de un skin, y pensaba que Riper se habia infiltrado haciendose pasar por un perro en una perrera municipal o algo así.