Ver la Versión Completa : Microrrelatos
M. Corleone
26-mar-2008, 12:12
Pues nada, un hilo para dar escribir microrrelatos, cosecha propia de cada posteador. Ahí va uno mío, para empezar:
Se planta frente a mí, con su máscara preparada. “Nada, que se me cayó a un charco y ya no funciona” miente, con toda la convicción que es capaz de reunir.
Ha acudido, atraído por el cartel: “Se reparan móviles, consulta precios ¡Y TE SORPRENDERÁS!”. La exclamación final ha sido obra de mi hermano, hombre entusiasta. Yo, que soy más moderada, lo hubiera dejado en un lacónico “Se reparan móviles”, pero él insistió, tú no sabes de marketing, déjame a mí. Y le dejé. Porque tiene razón, yo no sé de marketing.
El cartel no acaba de convencerme, pero ahí está, amarillo, gigantesco. La pereza supera el desagrado que me produce el mensaje entusiasta, así que creo que estará colgado un buen tiempo, hasta que la humedad y el tiempo hagan su trabajo.
“¿Se te cayó a un charco?” pregunto para ahondar más en la herida, para divertirme un rato en secreto, revolcándome en mi íntimo desprecio. Porque sé que es mentira, que el teléfono no cayó al suelo en una tarde lluviosa.
“Sí, lo recogí enseguida, pero no funciona. Y en la casa me han dicho que la garantía no cubre daños por inmersión en líquidos. Me costó una pasta el teléfono, tiene de todo, es como un pequeño ordenador. ¿Podrás repararlo?”. Todo este párrafo brota deprisa de su boca, lo ha ensayado frente al espejo, culpable, avergonzado.
Y preparo mi asalto final. “Mira, chaval. Se puede arreglar, pero te va a salir caro. No tan caro como comprar un móvil nuevo, pero casi. Si quieres pensártelo…”.
“No, no, quiero arreglarlo. Le tengo cariño”. Y ya está. Jaque mate. Le cobraré mucho más de lo que cuesta la reparación, porque la humillación juega de mi parte.
Como un pequeño ejército invisible, porque este chaval no se da cuenta de que lo sé todo. No sabe que es la quinta persona que me viene contándome el mismo accidente ese día. No sabe que si la gente no mandara mensajes, mientras orinan, borrachos, y se sujetan el pene con una mano y el teléfono con la otra, yo no tendría trabajo. No saben que el 92% de las fatales muertes de los móviles son debidos a inmersiones involuntarias en retretes, un sábado por la noche. No sabe que siempre les pasa a hombres, tambaleantes, con su sexo atrapado en la mano izquierda, mientras usan frenéticamente el pulgar de la mano derecha para apretar, rápidos, casi intuitivamente, las teclitas plateadas.
Y ¡zas!. Ya tengo otro cliente.
M. Corleone
27-mar-2008, 13:55
Hoy me he propuesto escribir sobre lo que más amo, pero fingiendo que lo odio a muerte. Así que allá voy, decidido y repleto de falso resentimiento, pertrechado de todo un teatro de rencores de plástico.
Maldita sea la playa. Maldita sea la arena, que se te mete entre los dedos de los pies cuando paseo descalzo. Maldita sea el agua del mar, que se empeña en lamer mis tobillos, en enfriar mis pies. Maldito sea ese sol que se abate sobre mi cara, sin pedir permiso, y me obliga a entornar los ojos. Malditas las olas, y su rumor constante, que me impide oír mis pensamientos. Maldito el baño que mitiga mi calor. Maldito el olor, el sabor del salitre en mis labios. Maldita sea la playa, maldito el mar.
Sienta bien este ejercicio. Mañana escribiré con ficticio rencor sobre la deliciosa leche condensada. Y sabrá lo que vale un peine.
Nicotin
27-mar-2008, 13:57
Maldita sea la playa. Maldita sea la arena, que se te mete entre los dedos de los pies cuando paseo descalzo. Maldita sea el agua del mar, que se empeña en lamer mis tobillos, en enfriar mis pies. Maldito sea ese sol que se abate sobre mi cara, sin pedir permiso, y me obliga a entornar los ojos. Malditas las olas, y su rumor constante, que me impide oír mis pensamientos. Maldito el baño que mitiga mi calor. Maldito el olor, el sabor del salitre en mis labios. Maldita sea la playa, maldito el mar.
Pues vete al campo.
Nicotin gana.
¿Escribir esto es offtopic o abro mejor un hilo de Microcrítica?
Nicotin
27-mar-2008, 14:06
abro mejor un hilo de Microcrítica?
Jajajajaja
Por cierto, ¿de cuántos renglones puede ser un microrrelato? Tengo uno -bastante intragable, todo sea dicho- en el pH y podría copiarlo aquí, pero no sé si es muy "micro".
Pues no tengo ni idea. Me suena que el microrrelato original "El dinosaurio" era de una frase. Pero en el hilo que hicimos en troncs metíamos de todo entre uno y dos párrafos, unas diez-doce líneas en total, diría.
Se hace dificil pensar que un microrelato pueda ser intragable. A saber la densidad por complejidad de vocabulario.
Nicotin
27-mar-2008, 14:09
Podrías hacer un concurso de "microrrelato más ilegible", eso sería digno de ver.
M. Corleone
27-mar-2008, 14:11
Atrévete, Nicotín.
Nicotin
27-mar-2008, 14:16
Tú escribes bien.
Yo sí sé escribir cosas intragables. Pero OK, acepto el reto. ¿Tema libre?
M. Corleone
27-mar-2008, 14:16
Tú escribes bien.
Yo sí sé escribir cosas intragables. Pero OK, acepto el reto. ¿Tema libre?
Tema libre.
Nicotin
27-mar-2008, 15:36
OK, ahí va mi microrrelato intragable. Me he desmayado cuatro o cinco veces escribiéndolo, pero por fortuna para mi páncreas ha sido todo muy rápido:
El Ello.
Está ahí. Sobre mi mesa. Es el Ello: cuántas albas madrugadas danzando inmóvil en torno suyo (¡telúrica pasión!), noches, lunas, ¡Adolfo! Es tinta extinta de un tintero tentado por cortas cartas vividas y no enviadas; ¿qué son las estrellas sino gotas de tinta en el negativo del firmamento? Amor, ¿ya no tomas tu sopa? Quizá en otra vida fuiste una espiga de trigo, ¡infortunada metempsicosis, hervoroso espectáculo de tu descendencia nadando en cálida esencia! Te duele la sopa, ¡ahora te comprendo! Lloras sémola por los fideos luengos cual ofidios y esbeltos cual fiados del cincel de Fidias, ¡oh tú contemplante del templado y tiple guiso! Plántate pleno, trigueño trigo, ¡por los tristes tigres! Alhouette, Tipperery, Rascayú: melosas melodías en sucinta sucesión, ¡silba por tus amados fideos! Y simula que soplas para que se enfríen: flor de otoño. Ya vienen los pájaros del norte. Huelo el pescado en su envoltorio, ¡perfume perfecto de la perforada parafina! Y entonces le metí dos mascones al teléfono para que me devolviese el cambio.
...los muy cabrones.
.........................
¿Es o no es para vomitar de la puta asca?
Absolutamente, pero se aprecia el esfuerzo. Y si no has tenido que buscar el significado de ninguno de los palabros que aparecen por el texto, se te aplaude.
Me caguen mis muelas donde está el que puse en Atlanta.
Toma castaña. Yo también la pongo en colorines.
En Frío
He vuelto, cuando menos esperado. Escribo y suelto me pierdo en lo correcto. Que azul siento como en primera persona me quedo. Escribo y pierdo. Lento. Vacío. Embotado. No encuentro. No busco. No siento.
Dedos parados sobre el teclado. Distraido, miro sin chispa (en frío), sin foco. Ojos vacíos miran lo plasmado que es nada. Capa sobre capa en blanco, montones de folios agolpados, uno tras otro, estrato tras otro, sin progresión alguna, sin preludio de ninguna historia cuyo ejemplo ni teoría pudiera narrar. No hay chispa (en frío).
Con hipotermia deconstructiva, sin idea, ni sentimiento, el estertor siquiera llega. Nada que pueda proyectar un mísero mensaje ni por accidente siquiera. En la indefinición de un objetivo queda el asunto, aislado de cualquier posible y descriptor más que blanco. Endurecido. Frío (de nuevo, he vuelto).
Si acaso se acercase agente externo, reflejo traslucido tras el hielo, resbala y no queda. Si acaso empujase, pegado quedaría. Cristal izaría y partiría en mil direcciones con brazos de simetría y ángulo asesino. Segundo Mandamiento de la Termodinámica.
El arte : De frío y fractales. Entropía alfabética, reducción a un sólo código y un sólo carácter. Capa tras capa, ni encuentro, ni busco, ni siento, ni observo, ni.
Nicotin
27-mar-2008, 16:39
Ok, admito que es malo de cojones, pero el mío es mucho más vergonzante.
Ah! Que vale la escritura automática...tomo nota.
Nicotin
27-mar-2008, 16:40
No te hace falta, tú puedes escribir directamente pensamientos elaborados.
Tú siempre adelantandote a la victoria. Espera a que llegue BarBaruela.
Mientras tanto podemos jugar al microrrelato de título más largo respecto del contenido. Por ejemplo :
Engaños brumosos y misterios insondables sobre el inquietante caso de la repentina muerte del Capitán Elijah Blackstone Tercero en la invernal Estocolmo.
- El mayordomo no ha sido.
- Mmmmm.
FIN
Nicotin
27-mar-2008, 17:04
Mientras tanto podemos jugar al microrrelato de título más largo respecto del contenido.
oh, ese juego también me gusta:
Tratado de recapitulación de variables empíricas obtenidas mediante el estudio de laboratorio de la reacción fisiológico-perceptiva primaria ante la exposición tópica experimental de tejido linguo-papilar a los componentes volátil-aromáticos en estado natural de la semilla de Piper Nigrum o pimienta común en ausencia de estimulación antagónica.
Pica.
En septiembre del año mil novecientos noventa conocí a A. Eso echando cuentas, que no archivo un dato tan viejo.
Nuestras madres se hicieron en seguida amigas, y los demás niños nos llamaban gemelos porque los dos teníamos el pelito rizado y rubio. A mí me gustaba Be. que era una niña muy bonita pero que después se convirtió en una mujer fea. Hacíamos montañitas de tierra húmeda y las cubríamos con arena fina, y perseguíamos a un niño gordito más pequeño que nosotros para decirle "holaholaholaholaholaholaholaholaholaholahola...". A. danzaba por ahí y daba patadas en la espinilla, y jugaba a enseñarse el culo con los chicos.
Algunos años después nació su hermano y lo utilicé para meterme con ella que en aquella época era una niña gordita. Me hice cruel cruel cruel. Un día mi hermano me dijo "a ti te gusta A.". Evidentemente, me gustaba A., y no me había dado cuenta. Una noche me quedé a dormir en su casa de ella y se lo dije.
Me duró más de diez años la cosa y siempre estuve convencido de que me casaría con ella. En la primera pubertad pasó a ser una chica increíblemente atractiva para todo el mundo, y se pasó como dos o tres años siendo la más ligera de cascos del patio del colegio. Luego se echó un novio y le duró como tres años. A los dos meses se echó otro novio que todavía le dura. Ahora lleva muchos años de novio, y yo unos cuatro años sin verla, y sin prisas pero con cuestiones.
La vi el otro día.
Y nada en los ojos ni en el estómago.
Qué tristeza de recuerdos que lo distorsionan y lo embellecen todo.
Pandora
28-mar-2008, 03:52
Interludio,
Allá va un barco de papel cargado de deseos. Se precipita por un sumidero, y ¡está tan cerca la rejilla! ¡Tan lejos la libertad! ¡Son tan extensas las procelosas aguas!
Una carta pide clemencia al gobernador, un indulto in extremis, el caso se revisa y el prisionero espera con la soga al cuello que se resuelva de alguna manera. ¡La espera! ¡Así se pudiera magnificar! ¡Así vivir en un paréntesis! Vivir.
Cien personas grises en un vagón, como al matadero, ignorantes, sabañones en los pies y trabajos forzados más allá. En el tren, ni frío ni calor. Ni hambre ni sed. No hay dolor, todo es tenue. Y más allá, el final.
M. Corleone
28-mar-2008, 09:58
Mmmmhhh, este hilo cobra vida. Incluso alguien (¿será Nada?) ha escrito con la máscara de Pandora (que era la que iba a usar yo para crear el hilo, pero luego me dije "¡¡Qué diablos!!").
Luego escribo uno. El nivel está muy alto, por más que la falsa modestia y el miedo de los escribientes les incite a decir, de antemano, que sus microrrelatos son intragables.
Y el juego del título más largo para el relato más corto es, simplemente, genial. Me encanta. Lo intentaré luego.
M. Corleone
28-mar-2008, 10:07
Título largo para microrrelato corto:
Ensayo sobre las pasiones que se desbordan en una lánguida madrugada, los cuerpos que se agitan salpicados por poros que transpiran, y la sangre que fluye poderosa por los túneles recónditos de animales a la caza, mientras las luces parpadean y poderosos elixires maquillan la verdadera esencia de la realidad, empujando a la mística comunión de las almas que vagan por el espacio-tiempo, curvado por borrosas líneas euclídeas.
En la discoteca:
¿Follamos?
Nicotin
28-mar-2008, 11:10
Otro microrrelato nefasto:
El campo.
Me iba de merienda al campo con unos sandwiches y una Coca Cola en la tartera, pero tenía que pararme a comprar en el Carrefour y como era sábado no había sitio para aparcar y estuve dando vueltas un buen rato. Al final, cuando llegué al campo, la Coca Cola se había abierto, y el pan estaba todo mojado. Estuve un rato por ahí buscando moras o una higuera o algo porque tenía hambre, pero no había nada comestible. Decidí volverme pero tardé un buen rato en echar unas avispas del coche y al final me volví hasta los cojones del campo y me bajé al bar a ver el fútbol, y el Valencia perdió para variar.
Pitufo Cabrón
28-mar-2008, 11:46
Me estáis empezando a poner nervioso con esas cosas que escribís.
Gandalf, asume tu condición de mediocre y únete al hilo con la cabeza bien alta. Bueno, lo que puedas de alta.
M. Corleone
28-mar-2008, 12:31
Ayer, al acabar mi jornada laboral, fui al supermercado. Era tarde, y compré por valor de doscientos euros. Me produce una enorme tranquilidad tener la casa llena de comida. Me siento seguro, preparado ante cualquier catástrofe natural que pudiera zarandear mi rutina. Esa catástrofe nunca llega, pero mis armarios siempre están bien surtidos.
En la cola, en ese odioso trámite que desmiente la sensación de que todos los artículos brotan espontáneamente en las estanterías, observé que tras la cajera había un gran cartel con letras chillonas: “Servicio a domicilio GRATUITO para compras superiores a 100 euros”.
Pensando en las empinadas escaleras que tengo que salvar para llegar a mi vivienda, decidí contratar el servicio. Me fui a casa, silbando, con una única bolsa, que llevaba los productos congelados. La cajera, teñida de rubia platino, me animó a dejarla allí, ya que “el repartidor llegará en 10 minutos”. Pero no le hice caso y puse rumbo a mi hogar, feliz de haberme ahorrado el transporte de la compra, las manos rojas por la presión de las asas cortantes de las bolsas, los brazos doloridos y temblorosos por el peso de las cajas de leche.
Así que entré en casa y me puse las zapatillas. Rebusqué en los bolsillos y dejé una moneda de 2 euros preparada, para cuando llegara el repartidor. El servicio es gratuito, así que voy a darle una propina al chico que venga.
Al cabo de diez minutos sonó el timbre. Puntuales, pensé tengo que recurrir a este servicio más a menudo. Pulsé el botón que abre la puerta del portal, y desde el tercer piso en el que vivo, aguardé en la puerta, oyendo el rumor de cajas, de ruedas que tratan de subir escalones, de respiración entrecortada y esfuerzo humano derivado de un pesado trabajo físico.
Y, de repente, me fijé en el rostro enrojecido. En los rizos alborotados. En el cuerpo menudo, en la expresión crispada, en el sudor.
Era mi compañera de pupitre en el bachillerato. La que se reía con mis chistes. La que me hizo soportable aquel curso, la que me enamoró como un loco.
Y metió la compra en mi casa. Y vi como, furtivamente, observaba la decoración, los muebles. Y fingimos no conocernos.
Y no supe qué hacer con los dos euros de propina. Se fue, mascullando algo que lo mismo podía ser un “ya está todo” que cualquier otra cosa. Y me quedé, de pie en mi concina, con los dos euros en la mano, sintiéndome extraño.
Nicotin
28-mar-2008, 12:33
Qué puerco clasista.
Yo le hubiese cogido las bolsas.
M. Corleone
28-mar-2008, 12:35
Qué puerco clasista.
¿Verdad que sí? Microrrelatando, que es gerundio.
La ambigüedad del tema de las propinas me interesa mucho. Culpabilidad de clase alta frente a... ¿Frente a qué?
Un amigo imaginario que compartió piso conmigo antes de abandonarme por otro, tuvo el placer de liar un pastel bastante interesante en la cocina. Y sí, fue con el microondas, ese fascinante electrodoméstico.
Aquella noche, el muy subnormal no tenía nada mejor para cenar que una lata de chipirones en su tinta.
Era un muchacho joven, en su primera salida del nido y desconocía los oscuros secretos que encierra el microondas. Os lo podéis imaginar: metió la lata en su interior tal cual, sin siquiera poner un platito encima para taparlo.
Nunca sabré lo que pasó realmente, solo he podido reconstruirlo a partir de los destrozos y los balbuceos de mi amigo imaginario confundidos entre blasfemias de un calibre que hicieron mear sangre al Cristo que la casera, con todo el cariño del mundo, nos había dejado colgado en el pasillo.
Cuando entré, la cocina era la puta zona cero: Humo negro saliendo del microondas, líquido bituminoso en las paredes, techo y suelo, el cristal de la ventana hecho añicos, mi amigo imaginario con el rostro y las manos salpicadas con humeante líquido pringoso negro.
No sé qué ocurrió primero, si el fuego dentro del microondas o la ebullición de los chipirones, pero sé que el muy mongolo, viendo el desaguisado que había montado, trató de sacar con sus manos la lata con los chipirones que no habían estallado. Evidentemente, la lata estaba caliente y los bichos seguían explotando pringando todo lo que se cruzaba en su camino, con tal fortuna que le alcanzaron en la cara; inmediatamente, como un resorte, arrojó la lata lejos de sus también quemadas manos. Nuevamente con la diosa fortuna de su lado, la lata, los chipirones y su tinta de los cojones atravesaron el cristal de la ventana de la cocina.
Balance final: reposición de microondas, pintado de techo y paredes de cocina, limpieza general de la misma y cristal de la ventana (no hubo daños a viandantes ni vehículos, por suerte).
Y además, se quedó sin cenar.
Dr Pitingo
28-mar-2008, 12:41
Un amigo imaginario que compartió piso conmigo antes de abandonarme por otro, tuvo el placer de liar un pastel bastante interesante en la cocina. Y sí, fue con el microondas, ese fascinante electrodoméstico.
Aquella noche, el muy subnormal no tenía nada mejor para cenar que una lata de chipirones en su tinta.
Era un muchacho joven, en su primera salida del nido y desconocía los oscuros secretos que encierra el microondas. Os lo podéis imaginar: metió la lata en su interior tal cual, sin siquiera poner un platito encima para taparlo.
Nunca sabré lo que pasó realmente, solo he podido reconstruirlo a partir de los destrozos y los balbuceos de mi amigo imaginario confundidos entre blasfemias de un calibre que hicieron mear sangre al Cristo que la casera, con todo el cariño del mundo, nos había dejado colgado en el pasillo.
Cuando entré, la cocina era la puta zona cero: Humo negro saliendo del microondas, líquido bituminoso en las paredes, techo y suelo, el cristal de la ventana hecho añicos, mi amigo imaginario con el rostro y las manos salpicadas con humeante líquido pringoso negro.
No sé qué ocurrió primero, si el fuego dentro del microondas o la ebullición de los chipirones, pero sé que el muy mongolo, viendo el desaguisado que había montado, trató de sacar con sus manos la lata con los chipirones que no habían estallado. Evidentemente, la lata estaba caliente y los bichos seguían explotando pringando todo lo que se cruzaba en su camino, con tal fortuna que le alcanzaron en la cara; inmediatamente, como un resorte, arrojó la lata lejos de sus también quemadas manos. Nuevamente con la diosa fortuna de su lado, la lata, los chipirones y su tinta de los cojones atravesaron el cristal de la ventana de la cocina.
Balance final: reposición de microondas, pintado de techo y paredes de cocina, limpieza general de la misma y cristal de la ventana (no hubo daños a viandantes ni vehículos, por suerte).
Y además, se quedó sin cenar.
Menudo gilipollas, mira que cenar chipirones en su tinta... con lo buenos que estan es escabeche!
M. Corleone
28-mar-2008, 12:42
Y además, se quedó sin cenar.
Jajaja. Repite más veces, Kobe, que me he reido un rato.
(He encontrado mis cuadernos de 1991 a 2000. Llevo dos días leyendo cosas que me han llevado a la otra punta de mi vida. Para una desmemoriada como yo, lo de llevar un diario es genial. Y hay un experimentillo de escritura automática).
Comprometido y azul es el pantalón con raya de los inventos matutinos, sereno despertar del pudiente malhechor que destapa el frasco de las moscas.
Tras una reja de escarcha le seco el pelo a mi último confesor y suena un tullido gato macabro, maltrecho y maloliente. Malvado malvavisco maltratado. Concuerda con mi ojo el pez de otros y se oye muy fuerte el pitido de la conciencia de la lata de sardinas de la persona humana de la que escapo y me avergüenzo y me maldigo maltrecho malvavisco.
Arcadas y arcadas y nunca me enfado por falta de escrúpulos.
Podría llenar mundos de este modo nunca agotado ni visto de lejos, me acomodo y burgués me siento en un sofá de orejas manchado por el barro de los años de mocos y niños jugando con perros. Me extradito de mis funciones menos elementales y miento como un bellaco apasionado contra la mentira de los otros que me acusan y entorpecen. No valen el mimo, el verbo, la nada.
Nicotin
30-mar-2008, 16:30
Y al final, ¿qué le pasa al malvavisco?
PD: Llevar un diario es la mejor forma de dejarle pistas a la policía.
kandereth
02-abr-2008, 09:59
Para lelo 0
Hablabas de la tele. Yo miraba tu escote. Asentía a dos espectáculos paralelos. La cena se enfriaba. Tampoco importaba demasiado, yo ya no tenía hambre. Me dijiste algo sobre tu artista favorito, un cantante de estos que ahora se estilan tanto. Yo te dije algo sobre que me gustaban las cosas que no están preprogramadas. Sonreíste y pensaste: qué gilipollas. Tu cortesía impidió que tus labios lo proclamaran a los vientos. Pero tus ojos hablaron. Yo me sentí aún más idiota por sublimar una pérdida de tiempo. El vino era un caldo horrible, frío, sensible, lastimero y sin carácter. La camarera miraba el reloj. Yo tu alma en el espejo, mas no encontré nada. Llegó el café y, de postre, el silencio. Paseo rápido y nocturno por los cafés de la calle. Un par de copas y pocas palabras. El ruido me resultaba divertido. Puedo aguantar la realidad hasta un tope. No sabía cómo decirlo así que llamé a un taxi. Hasta otra. Fue un placer, o no.
M. Corleone
02-abr-2008, 10:10
Hablabas de la tele. Yo miraba tu escote. Asentía a dos espectáculos paralelos.
El título y las tres frases cortas iniciales me han encantado.
Me desperté y supe de inmediato que esta vez Mario se había enamorado de otra.
Cambié de postura, antes diagonal y ahora burruño, sobre el calor que había dejado puesto antes de irse.
La foto seguía ahí y no pude evitar estirar la mano sacándola de debajo del edredón y darle la vuelta para leer: "París, 1999".
Se me cayeron encima de golpe todos los olores de aquel otoño en el que hacía un frío inusual y paseábamos, yo agarrada a su índice, él a su constante entusiasmo.
Y la respiración con vaho de las escaleras del Sacre Coeur, y las carreras para cruzar las avenidas y mi sombrero granate abandonado en un banco.
Mario no iba a volver. Ni a París, ni conmigo.
M. Corleone
02-abr-2008, 12:04
y paseábamos, yo agarrada a su índice, él a su constante entusiasmo.
Dios, qué belleza de frase.
M. Corleone
02-abr-2008, 12:13
Ojalá Nada fuera un hombre. Y fuera mío.
Ojalá aceptarais las dos mis invitaciones a fiestas de disfraces, vestidas de Pocoyó.
Ojalá mis padres no hubiesen echado ese polvo que me trajo.
Nicotin
02-abr-2008, 14:13
Ojalá mis padres no hubiesen echado ese polvo que me trajo.
Ojalá. Así yo no tendría que ver tu firma.
Ojalá Nada fuera un hombre. Y fuera mío.
Ojalá fuera un hombre, si.
mmmmmmmm... hombres...
Nekkara
02-abr-2008, 16:15
Yo también puedo ¿verdad?.
La vi sentada en la orilla.
Aun con los pocos ánimos que me quedaban, mis pies me llevaron, dibujando surcos en la arena, hacia ella. Me senté a su lado.
Mis brazos rodearon mis piernas y apoyé la barbilla en el hueco que dejaban mis rodillas.
- Tenías razón. – le dije.
- Lo sé.
- Ocurrió.
Asintió con la cabeza un par de veces y continuó mirando hacia el negro horizonte.
- Te dije que ocurriría – prosiguió minutos después.- Nadie podía evitarlo. Sólo tú. Y no hiciste nada por impedirlo.
- Pensé…
- Pensaste que lo lograrías, ¿verdad?. Ilusa. A veces eres estúpida. ¿Por qué lo haces? – me miró y sentí como una pesada losa sobre el corazón.
- Tal vez porque tienes razón. Soy una estúpida. O tal vez porque deseaba que ocurriera de verdad. Deseaba….
- ¿Deseabas? – su fría mirada traspasó mi alma.- ¿aun eres capaz de desear? ¿aun sueñas con imposibles? – soltó una sonora carcajada.
- Si – dije, con un hilillo de voz. Me sentí avergonzada, perdida.
- ¿Divisas la línea que divide el mar del cielo? – señaló con el dedo
- No – dije. Mi vista no alcanza a ver entre tanta oscuridad.
- Pues así de oscura es la línea que separa tu verdad de la suya. Es imposible avistarla. Y tú, te has perdido en medio de la marea, en la noche más oscura de todas las épocas. Te advertí. Pronuncié su nombre y aun así, pasaste por alto mis palabras. No son tiempos de lamentaciones. – Su tono fue elevándose de tal modo que tuve que cubrirme los oídos con las manos. No soportaba el timbre de su voz.
- Basta!! – grité - No he venido para que me digas lo mal que lo he hecho!. No me he sentado junto a ti por …
- ¿Por? – volvió a mirarme. Sus ojos oscuros se fijaron en los míos. – Es lamentable. Aún sabiendo que sufrirías, lo hiciste. Es lo que no logro entender.
- No quiero explicaciones. Nunca lograrás entenderlo. Nunca lo verás como yo. Nunca sentirás….
- ¿Sentir? – las comisuras de sus labios se curvaron en una gélida sonrisa. – ¿Aun crees que lograrás sentir algo? ¿Qué sentirá algo?. ¿He de recordarte que tu vida me pertenece? ¿Qué tus sueños, tus ilusiones… son mis deseos?. Rompiste el pacto. Entre tu y yo, no queda nada, salvo la deuda que he de cobrarme.
Mis manos se apoyaron en la fina arena. Los dedos se cerraron en torno a las minúsculas partículas de polvo. Apreté los dientes de tal forma que me dolieron las encías. Aquella conversación había terminado. Todo había terminado. Mi fracaso era su victoria. Mi dolor, su droga y mis lágrimas, el elixir de su vida eterna.
Sentí como el corazón estallaba en mil pedazos y como cada uno de esos fragmentos pronunciaban su nombre, como un imposible eco en el vacío, perdiéndose en el espacio…
Se fue.
No volví a verla en mucho tiempo, aunque sus palabras, quedaron grabadas en mi mente. Y vagué solitaria durante años, por aquella playa perdida. Entre la oscuridad y las lágrimas. Entre el deseo y la esperanza de que algún día, él, caminaría junto a mí, en algún lugar… en otro tiempo.
Lady_Halcon
02-abr-2008, 16:26
Nekky, es bonito a la par que triste...
M. Corleone
03-abr-2008, 09:18
Buff, qué duro, Nekki. Bienvenida.
M. Corleone
03-abr-2008, 09:41
Telecomunicaciones
Pepín F. era Junior Manager para estrategias de ventas y marketing competitivo para el área Norte de Ikea.
A la hora de confeccionar sus tarjetas de visita, sus superiores habían decido poner, simplemente, “Junior Manager Ikea”. A Pepín F. aquella mutilación de su cargo le parecía injusficada, casi humillante, pero no osó decir nada el día que el entregaron las dos mil tarjetas, relucientes. Pepín F. era un hombre prudente.
Era lunes, y Pepín F. ojeaba el último folleto publicitario de Ikea, que reunía todos los nuevos artículos que se había añadido al catálogo de la empresa. Estaba entre sus cometidos echarle un vistazo al folleto antes de enviarlo a las casas. “Diez ojos ven más que dos”, solía decir entre risas satisfechas su jefe inmediato.
Repasó las páginas, y no encontró error alguno. El folleto había sido revisado exhaustivamente antes de ser impreso, y nunca, en sus 12 años de trabajo en la empresa, había encontrado un fallo en sus páginas satinadas.
Llegó al final, y observó aquel texto perturbador en la contraportada: “Precios válidos para la Península Ibérica, excepto Portugal”.
Frunció el ceño y, tras meditarlo un poco escribió el siguiente correo electrónico a su jefe inmediato:
Estimado Sr. J., Manager para estrategias de ventas y marketing competitivo para la Península Ibérica de Ikea:
Me dirijo a usted para comentarle que acabo de revisar, como todos los años, el Folleto Extras 2008, y veo un aspecto que podría ser mejorado: donde dice “Precios válidos para la Península Ibérica, excepto Portugal”, ¿por qué no ponemos “Precios válidos para España, excepto Baleares y Canarias?”.
Atentamente,
Pepin F., Junior Manager para estrategias de ventas y marketing competitivo para el área Norte de Ikea
Su superior directo, reenvió el correo al Director de estrategias de expansión en la Península Ibérica. Éste lo mandó al Manager General de Política Comercial en Europa, que a su vez se lo remitió al Consejero Delegado de Desarrollo de Áreas de Negocio del Atlántico Norte, que lo hizo llegar al Presidente del Consejo Mundial de Accionistas de Ikea.
Ese día, Ingvar Kamprad, fundador de Ikea, malhumorado por una horrorosa jaqueca que se agarraba a sus sienes como un casco de motorista demasiado pequeño, abrió su bandeja de correo entrante, leyó lo que le contaban sus subordinados y respondió con otro mensaje:
Despidan inmediatamente a ese hombre. Quiero que hoy mismo esté fuera de su oficina.
Ingvar
Y así fue como Pepín F., hombre prudente, se quedó sin trabajo ese mismo día.
M. Corleone
03-abr-2008, 10:45
Telecomunicaciones
Pepín F. era Junior Manager para estrategias de ventas y marketing competitivo para el área Norte de Ikea.
A la hora de confeccionar sus tarjetas de visita, sus superiores habían decido poner, simplemente, “Junior Manager Ikea”. A Pepín F. aquella mutilación de su cargo le parecía injusficada, casi humillante, pero no osó decir nada el día que el entregaron las dos mil tarjetas, relucientes. Pepín F. era un hombre prudente.
Era lunes, y Pepín F. ojeaba el último folleto publicitario de Ikea, que reunía todos los nuevos artículos que se había añadido al catálogo de la empresa. Estaba entre sus cometidos echarle un vistazo al folleto antes de enviarlo a las casas. “Diez ojos ven más que dos”, solía decir entre risas satisfechas su jefe inmediato.
Repasó las páginas, y no encontró error alguno. El folleto había sido revisado exhaustivamente antes de ser impreso, y nunca, en sus 12 años de trabajo en la empresa, había encontrado un fallo en sus páginas satinadas.
Llegó al final, y observó aquel texto perturbador en la contraportada: “Precios válidos para la Península Ibérica, excepto Portugal”.
Frunció el ceño y, tras meditarlo un poco escribió el siguiente correo electrónico a su jefe inmediato:
Estimado Sr. J., Manager para estrategias de ventas y marketing competitivo para la Península Ibérica de Ikea:
Me dirijo a usted para comentarle que acabo de revisar, como todos los años, el Folleto Extras 2008, y veo un aspecto que podría ser mejorado: donde dice “Precios válidos para la Península Ibérica, excepto Portugal”, ¿por qué no ponemos “Precios válidos para España, excepto Baleares y Canarias?”.
Atentamente,
Pepin F., Junior Manager para estrategias de ventas y marketing competitivo para el área Norte de Ikea
Su superior directo, reenvió el correo al Director de estrategias de expansión en la Península Ibérica. Éste lo mandó al Manager General de Política Comercial en Europa, que a su vez se lo remitió al Consejero Delegado de Desarrollo de Áreas de Negocio del Atlántico Norte, que lo hizo llegar al Presidente del Consejo Mundial de Accionistas de Ikea.
Ese día, Ingvar Kamprad, fundador de Ikea, malhumorado por una horrorosa jaqueca que se agarraba a sus sienes como un casco de motorista demasiado pequeño, abrió su bandeja de correo entrante, leyó lo que le contaban sus subordinados y respondió con otro mensaje:
Despidan inmediatamente a ese hombre. Quiero que hoy mismo esté fuera de su oficina.
Ingvar
Y así fue como Pepín F., hombre prudente, se quedó sin trabajo ese mismo día.
TODOS SOMOS PEPíN F.
No, todos no.
En realidad, me autocuoteo porque con tu mensaje, Dunker, has conseguido que el hilo pase de página, y claro, todo el mundo iba a leer tu mensaje y nadie mi microrrelato.
Son razones intensamente egoistes y muy viles, pero ahí estan. Como diría Marx, "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros".
Como diría Marx, "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros".[/SIZE]
Me encanta cuando se cita a Groucho como si fuese Karl.
M. Corleone
03-abr-2008, 10:55
Me encanta cuando se cita a Groucho como si fuese Karl.
Gracias.
¿Por qué estamos hablando tan bajito?
Calla, forochateémos en el hilo de Risto, que este es pa cuidarlo y mantenerlo limpito.
Cuando se despertó, el dinosuario se había extinguido.
Nicotin
04-abr-2008, 01:00
Y en vez de un Re, puso un Mi.
Nicotin
04-abr-2008, 01:47
Y en vez de un Re, puso un Mi.
..en realidad, más que un microrrelato, parece que esté jugando al puto "veo veo".
Y en vez de un Re, puso un Mi.
Me ha recordado a un cuento de Patrik Süskind titulado "La historia del señor Sommer" (que probablemente algunos conoceréis), en la que se mezclan un niño aprendiz de pianista, una profesora estirada y un enorme moco.
Y aderezado por las preciosas ilustraciones de Sempé.
http://accel23.mettre-put-idata.over-blog.com/0/34/22/79/sommer.jpg
(Y gracias a esta imagen me he hecho un repaso por algunas cosas de Sempé y he recordado que le amo).
Nicotin
08-abr-2008, 02:12
Mi mano se detuvo, justo antes de llamar a la puerta. Estuve tan cerca de hacer “toc toc” que incluso me pareció oír el eco en el rellano de unos golpes que no llegué a dar.
Por todo equipaje, traía la temblorosa alegría de un niño expectante, el ciego optimismo de un hombre ingenuo, y el oculto nerviosismo de quien persigue un sueño incierto.
Una vez garabateé algo en un papel, lo doblé y lo metí en la cartera. Era algo que quería obligarme a recordar. Era un consejo que me daba a mí mismo. Era una advertencia necesaria. Un papel que debía llevar siempre conmigo, para abrirlo y no olvidar.
Nunca escribí un diario; quizá por ello me conozco menos de lo que debiera. Quizá por ello me sorprende a veces lo que siento, cuando río, o cuando me enfado. Siempre sentí con la cándida inconsciencia de quien no piensa en escribir sobre ello al terminar el día. Y, al día siguiente, recuerdo sólo lo que quiero recordar. Quizá por eso recuerdo mi vida tan feliz: nunca registré los malos momentos; hacerlo me hubiese parecido un desperdicio de tinta, un desperdicio de memoria.
Con mis nudillos tan cerca de la madera, recordé la existencia del papel. Mi único diario: una hoja plegada y maltrecha, olvidada entre recibos y direcciones anotadas a toda prisa. Algo que quería decirme a mí mismo. ¿Qué era? Quizá lo había escrito para un momento como aquél, y por eso en ese preciso instante quise leerlo. Saqué la billetera y busqué. Y no pude encontrarlo.
Vacié todo sobre el suelo: documentación, tarjetas, billetes. Qué superfluo parece incluso el dinero cuando no encuentras lo que verdaderamente buscas. Qué desagradable es su color, cuando no es el color que esperas ver.
Cómo pude haber perdido algo tan importante.
Volví a guardar todo en la cartera. Volví a guardar la cartera en el pantalón. Volví a mirar hacia la puerta. Y así estuve, inmóvil en el frío silencio del solitario rellano, temiendo que se oyese mi respiración desde dentro.
Si tan sólo hubiese escrito alguna vez un diario para haber aprendido a reconocer qué me estaba pasando. Pero los diarios no son para mí.
Y un papel plegado y metido en la cartera es algo fácil de perder cuando la abres y pagas por cualquier estupidez que has comprado. Ahora daría sin pensarlo todo mi dinero por volver a tener ese papel.
Así que tiraré una moneda al aire, ¿acaso no es eso lo que hice siempre?
Y una moneda es tan fácil de encontrar.
Nicotin
08-abr-2008, 04:04
-Hoy estás muy callado.
La miré con sarcasmo; algo que hacía a menudo y que a ella nunca le molestaba, aunque era de esas personas a quienes molestan muchas cosas.
-¿Y cuándo no estoy muy callado?
Sonrió como sólo se sonríe ante algo que, de tan lógico, no admite respuesta: con cierto embarazo y resignación. Y entonces aquello me pasó por la mente. No sé cómo ni por qué, pero vino a mí sin prevención, como una fórmula que diese dirección a mis confusos sentimientos.
-Estaba pensando... -vacilé, porque yo mismo buscaba las palabras, mientras la súbita ocurrencia me empujaba a hablar-; imagina que estás escribiendo una historia. Tú... siempre has sabido cómo decir las cosas.
Bajó los ojos con gesto tímido, como todas y cada una de las veces en que yo -siempre sinceramente- la había elogiado. Era cierto, ella siempre sabía el instante y la palabra justos. Yo hablaba poco, pero lo poco que decía solía ser fruto del impulso. Ella componía cuidadosamente sus momentos, largamente planeados: estrategia propia de quien, en realidad, tiene miedo de decir las cosas. Ese miedo le había dado un talento único para la oportunidad y el estilo. Algo que yo admiraba; yo, cuyo único talento era el de ser una olla a presión que lucha por callar, pero que cuando habla lo hace obligado por el vapor, estruendosa y visceralmente, sin medir el qué ni el cómo ni el cuándo. Si yo era el toro bravo en la tienda de porcelana, ella era una de las figuras expuestas en el escaparate.
-¿Es que vas a escribir? -me preguntó con cierta sorpresa.
Yo no solía anunciarle lo que iba a hacer; me limitaba a mostrárselo hecho. Nunca le había preguntado cómo hacer algo, porque nunca había necesitado preguntárselo.
-Sí. No sé... ¿por qué no? He pensado en una historia. Pero no sé cómo escribir el final -yo mismo me oía hablar y no podía creer las palabras que salían de mi boca-. Tú eres una mujer, así que lo sabrás mejor qué yo. ¿Cómo debería decir adiós un hombre?
Lo pensó. Como le ocurre a algunas mujeres, no se consideraba romántica pero tenía una visión equivocadamente literaria del mundo: creía en el atrezzo, como si la vida fuese una función de teatro. Creía en los giros poéticos y en los gestos inusuales que persiguen significados. Creía que lo importante de un mensaje era la forma. Creía que lo importante en un hombre era el estilo. Y lo que era aún peor: creía que eso era lo importante en una mujer también. Había escrito el guión de cómo debían ser las cosas antes de que las cosas hubiesen ocurrido. Ese era su peor defecto: medir la vida por sus sueños, y no sus sueños por la vida. No perdonaba a la realidad.
Y me habló de cómo debía ser un hombre en esa circunstancia. Desplegó ante mí toda una novelesca filosofía sobre una masculinidad tan atrayente y fascinante como descorazonadoramente inconveniente y artificial. Estuve tentado de decirle que las películas sólo duran noventa minutos, y que cualquier hombre puede parecer perfecto durante hora y media pero, ¿y después? Pero no lo dije: necesitaba su opinión al respecto; a fin de cuentas, en cuestión de estilo, era mucho más indicada que la mía.
Disfruté escuchándola, tanto como sufrí entendiéndola. Todo cuanto decía era tan lógico, tan bello, tan aplastante. Y ella creía en lo que decía. La admiré y la compadecí. La amé por última vez.
Yo no le dije lo que realmente pensaba: que un hombre así, como el que ella describía, sólo le iba a hacer daño.
El cielo, como leyéndome el pensamiento, y como jugando a las novelas como a ella tanto le gustaba, hizo llover en el momento justo. Me quité la chaqueta, se la puse sobre la cabeza, y la acompañé a su casa. No me importó empaparme. Nunca me había importado. Nunca lo hice por quedar bien: en eso, sí era yo un hombre distinto a los que ella pudiera conocer. Yo sí tenía buen corazón, incluso a pesar de que mi “estilo” hiciese a veces sospechar lo contrario. El frío de la lluvia, qué importaba, cuando yo en silencio me lamentaba de que ella nunca lo hubiese sabido ver. Ella quería estilo. Y cuando un hombre es sincero, traiciona al estilo y rompe el encantamiento. Porque la vida no es un encantamiento. Y ella no perdonaba la imperfección.
Cuando llegué a mi casa, ni me molesté en quitarme la ropa mojada. Quería sentir ese frío, no quería sentirme cómodo. Quería temblar y sufrir, para estar más despierto. Si me ponía enfermo -y rara vez me pongo enfermo- lo tomaría como precio irrisorio por lo que estaba a punto de hacer. Me merecía ponerme enfermo.
Le escribí una carta. Con todas sus indicaciones, con todas sus fantasías plasmadas en el papel. Escribí durante hora y media, y durante hora y media fui el hombre inexistente en el que ella aún creía ciegamente. Como los hombres de las películas. Cada frase que escribí era hermosa, profunda, malvadamente estudiada -como a ella le gustaba-, románticamente tranquila y atrevidamente sutil -como a ella le gustaba-, inadvertidamente mágica -como a ella le gustaba-.
Y todo para decirle adiós.
No enfermé. Es decir: mi cuerpo no enfermó. Mi espíritu sí enfermó. Fui el hombre de sus desdichados sueños durante lo que se tarda en escribir una carta: el tiempo suficiente como para no poder volver a mirarme en el espejo.
Yo, que nunca creí en el hombre perfecto, que siempre me resistí a parecer el hombre perfecto, finalmente fui el hombre perfecto que le hizo daño.
Ahora sólo quiero ser imperfecto, para nunca más tener nada que perdonarme. Porque si ella alguna vez fuese capaz de perdonármelo... entonces sí existiría una mujer perfecta.
Pitufo Cabrón
08-abr-2008, 22:21
Esta cosa la escribí ayer de carrerilla y como me parece mediocre he querido darle un toque experimental (para mí) gapastoide para despistar(me). No sé por qué el vbulletin mete espacios donde no debería porque yo no los he puesto (al juntar muchas palabras), igual es un parámetro que tiene por defecto pero sin esta estupidez no lo habría descubierto nunca.
Ayer le prometí a mi hijo que compraría un nuevo robot para la casa, para que nos hiciera la comidalimpiaraplancharaytodasesascosasqueanadieleg ustahacer y se les ha encargado a los robots para que las personas nos dediquemos a una vida más espiritual .......... ¡ja! En espíritu es en lo que yo me voy a convertir con la jornada laboral de once horas que tengo, ya no veo a mis amigos ni en pintura ........ y a John, ¡mi hijo!, unos minutos a última hora de la noche si hay suerte. Y ahora tengo que tirar este robot y buscar otro nuevo (suspiro) no sé de dónde voy a sacar el tiempo.
Pero bueno, el tiempo se saca de donde haga falta, lo que yo no tengo es el ánimo para dejar en la basura a Robbie, después de tantos años ayudándonos en casa ya era como uno más de esta escasa familia. Noséquésentiránesaspersonasalasqueselesmuereelgato oelperroperonopuedesercomoésto. El primer actor que se enfundó en una carcasa metálica no sabía el mal que le estaba haciendo al mundo ..... podrían hacer que los robots fueran puramente funcionales y diseñarlos para sus tareas, pero NO, se les ocurrió ponerles dos brazos, dos piernas, cara y lo que es peor, ¡mirada!, una mirada artificial pero que a veces te hace pensar qué es lo que tienes delante.....Te preguntas si ese cacharro de metal no estará pensando en ti como tú lo haces en él.
Menos mal que John ya es mayorcito, si no, no quiero imaginarme el drama que habría sido... (MañanatengoqueentregarlosinformesdelafusiónconLyn t.Corpnosésimevaadartiempo)...Si no pareciera tan condenadamente humano podría tirarlo al maldito cubo de deshechos sin ningún problema pero ¿cómo? ese cacharro le ha dado el biberón a mi hijo y ha sido tan padre para él como yo...como yo...Los informes [...]
Nicotin
29-abr-2008, 00:57
Durante un instante, sólo durante un instante, ella pudo verse tal y como él la veía a ella.
Y la sonrisa le duró siglos.
Pitufo Cabrón
29-abr-2008, 01:40
Igual que en este microrrelato, veo últimamente innumerables referencias a la clásica tristeza inherente al ser humano de la imposible empatía/telepatía/transmisión completa de los sentimientos y pensamientos.
Es un tema muy fácil de machacar y muy difícil de hacerlo bonito pero cuando se consigue puede que incluso te recuerden después de mucho tiempo.
Para mí, en este caso, y asumiendo los límites de la extensión, tratado como un placaje de rugby con sombra de ojos.
M. Corleone
30-abr-2008, 14:27
Ocasionalmente, el destino se empeña en poner en mi camino bares de mala muerte, llenos de seres noctámbulos, desvelados.
En uno de esos bares conocí a P., esquizofrénico. Le conozco de vista de toda la vida, y conozco a varias personas de su familia, pero él no me conoce a mí.
Tras una animada conversación sobre los más diversos y delirantes temas, me comenta que vive del Estado y de sus padres, a partes iguales. A sus 39 años cobra una exigua pensión de invalidez, y vive y come en casa de sus progenitores, amor infinito, perdón sin condiciones. “Media pensión”, repite una y otra vez, riéndose del chiste como si se le acabara de ocurrir.
“Empecé a seguir a mi novia, a acecharla, y la cosa se puso chunga el día que le di un tortazo”. Lo cuenta triste, distanciado pero herido, como si no le hubiera pasado a él.
“Ahí se dieron cuenta de que tenía esquizofrenia”. Y me cuenta sus ingresos en el psiquiátrico, mientras fuma hachís y bebe una cerveza tras otra.
“Oye, ¿y no tomas medicación?”. Sí, sí que toma, todos los días. Y le pregunto por la explosiva mezcla del alcohol, hachis, medicación y otras sustancias que consume (principalmente cocaína).
Y me dice: “Si me quitas esto, me convierto en un mueble. Necesito alimento para mi cerebro”.
Me pregunta mi nombre, nos damos la mano, y nos despedimos. “Nunca olvido un nombre”, me dice mientras salgo del bar.
Uno de mis pequeños placeres diarios es, si el tiempo lo permite, desayunar al aire libre. Abro la puerta trasera del almacen y doy cuenta del bocadillo (y una cervecita a escondidas del jefe).
Cada dia, a la misma hora, mismo tiempo. Y siempre que llega el momento del cigarrito aparece una señora de edad, que va camino del mercado carrito en mano. Se para, nos saludamos, hacemos algún comentario tonto y del bolsillo de la rebeca se saca un puñado de caramelos de chocolate; "Toma, en lugar de fumar comete un caramelo".
Lo que la buena mujer no sabe es que otro de mis pequeños placeres es disfrutar del sabor del chocolate y el tabaco a la vez.
M. Corleone
05-may-2008, 12:22
Uno de mis pequeños placeres diarios es, si el tiempo lo permite, desayunar al aire libre. Abro la puerta trasera del almacen y doy cuenta del bocadillo (y una cervecita a escondidas del jefe).
Cada dia, a la misma hora, mismo tiempo. Y siempre que llega el momento del cigarrito aparece. Una señora de edad, que va camino del mercado carrito en mano. Se para, nos saludamos, hacemos algún comentario tonto y del bolsillo de la rebeca se saca un puñado de caramelos de chocolate; "Toma, en lugar de fumar comete un caramelo".
Lo que la buena mujer no sabe es que otro de mis pequeños placeres es disfrutar del sabor del chocolate y el tabaco a la vez.
Pequeños y cotidianos placeres, sin ellos la vida sería insoportable.
Sigue escribiendo, me gusta lo que leo.
Mmmm... Hay sección de relatos eróticos?
En un carrusel de fantasía
En un carrusel de fantasía, tu mundo funciona a la perfección. No hay error ni problema, sólo un giro efímero que renace con cada risa. Da vueltas y vueltas, sin cabezas que rueden.
En un carrusel de fantasía, la vida pasa deprisa, pasa corriendo. Y casi ni te enteras, porque lo que sientes no es más que el último eslabón de una cadena, un placebo de la verdadera realidad; prueba definitiva de que no hay nada.
Pero eso da igual, porque tú tienes tu sitio, bien sea el caballo o la carroza, y ahí te has plantado. Te agarras al retorcido poste para tener una falsa seguridad.
Vértigos, náuseas, mareos… todo queda disimulado con las risas. Es tan gráfico como cubrir el mal olor con aparatosos perfumes.
En un carrusel de fantasía, las cosas son y no son, están y no están. El aire te despeina, te golpea en la faz, te hace tener frío, pero tú se lo perdonas porque, ante todo, te hace vivir, te hace sentir.
Un grito que se convierte en carcajada, una carcajada que se convierte en grito: todo vale lo mismo, todo da igual, una ecuación indiscutible de la veracidad.
En un carrusel de fantasía es así.
Espero que os haya gustado:)
M. Corleone
05-may-2008, 13:58
En un carrusel de fantasía
En un carrusel de fantasía, tu mundo funciona a la perfección. No hay error ni problema, sólo un giro efímero que renace con cada risa. Da vueltas y vueltas, sin cabezas que rueden.
En un carrusel de fantasía, la vida pasa deprisa, pasa corriendo. Y casi ni te enteras, porque lo que sientes no es más que el último eslabón de una cadena, un placebo de la verdadera realidad; prueba definitiva de que no hay nada.
Pero eso da igual, porque tú tienes tu sitio, bien sea el caballo o la carroza, y ahí te has plantado. Te agarras al retorcido poste para tener una falsa seguridad.
Vértigos, náuseas, mareos… todo queda disimulado con las risas. Es tan gráfico como cubrir el mal olor con aparatosos perfumes.
En un carrusel de fantasía, las cosas son y no son, están y no están. El aire te despeina, te golpea en la faz, te hace tener frío, pero tú se lo perdonas porque, ante todo, te hace vivir, te hace sentir.
Un grito que se convierte en carcajada, una carcajada que se convierte en grito: todo vale lo mismo, todo da igual, una ecuación indiscutible de la veracidad.
En un carrusel de fantasía es así.
Espero que os haya gustado:)
Si lo has escrito tú, es muy bueno. Pero me cuesta creer que lo hayas escrito tú, no sé, igual resulta que la idea que tengo de ti como forera no era más que un estereotipo mal fundado, pero... me suena a plagio.
Si estoy equivocado, y lo has escrito tú, enhorabuena. Porque me gusta mucho.
Es lo que más odio, que me cuelguen etiquetas sin conocerme :)
M. Corleone
05-may-2008, 14:03
Es lo que más odio, que me cuelguen etiquetas sin conocerme :)
Eso mismo he hecho yo. Si es que el relato es tuyo. Espero que así sea, y que haya más de donde ha venido ese.
Pitufo Cabrón
05-may-2008, 18:32
http://64.233.183.104/search?q=cache:-2UWm4X5Ff0J:tiendagotica.mforos.com/1187887/5706443-en-un-carrusel-de-fantasia/+%22en+un+carrusel+de+fantas%C3%ADa%22&hl=es&ct=clnk&cd=1&gl=es
Muy bien Hackdalf, has encontrado uno de los clones que hice en otro foro. Eres un genio.
Pitufo Cabrón
05-may-2008, 18:57
Lo que no entiendo es eso de "foro oculto solo para registrados" y luego está en la cache de Google.
No sé, llevo meses sin entrar a ese foro, me aburría mucho, ese personaje se suponía que era mi hermano.Si, estoy mal, lo se.
Pitufo Cabrón
05-may-2008, 19:03
No estás mal, es la edad. Ya se te pasará, a mí se me pasó, a todos se nos pasa.
También tenías hermanas imaginarias?
Pitufo Cabrón
05-may-2008, 19:10
Tuve una pero vivió solamente 239 segundos.
Muy bien Hackdalf, has encontrado uno de los clones que hice en otro foro. Eres un genio.
Gándalf a mi lado es un mero aprendiz. Y vosotros dos lo sabéis.
Menos mal que el hilo me interesa tanto como los clones de Himeko.
Pitufo Cabrón
05-may-2008, 19:19
Gándalf a mi lado es un mero aprendiz. Y vosotros dos lo sabéis.
Aquí no hablamos de maestros o estudiantes sino de grados de enfermedad mental :)
M. Corleone
06-may-2008, 08:04
Bueno, aunque Gandalf haya encontrado el microrrelato en otro foro y con otro nick (¿?) puede ser que lo haya escrito Himeko realmente... Pero bueno, nunca lo sabremos (o sí).
Sigan escribiendo...
Hera se ha ido y me siento libre. Ya no controla mis actos, ya no soy su esclavo. Soy un hombre nuevo y camino con la cabeza bien alta. No tengo mala conciencia ni remordimientos. Con impiedad maldigo su nombre y miro descaradamente al cielo esperando una furia que no llegará.
Soy un hombre libre y me siento vacío. Corazón cruel e implacable no me has liberado como acto de gracia, pues en mi última copa dejaste caer tu veneno esperando que te suplique un antídoto.
M. Corleone
12-may-2008, 13:08
Ayer, junto a mi casa, vi un cartel amarillo chillón pegado a una oxidada tubería. Decía así, en letra “Arial” de gran tamaño:
SE COMPRA GARAJE
EN ESTA ZONA
Caminé unos pasos y en otra tubería, había otro cartel con un formato parecidísimo, pero en lugar de ser amarillo, era verde chillón. Este cartel anunciaba:
SE VENDE GARAJE
EN ESTA ZONA
La metáfora sobre lo difícil que es el entendimiento entre los humanos estaba servida. Así que yo, que soy conciliador por naturaleza, me decidí a llamar a los teléfonos.
Escogí para llamar primero al que se ofrecía a comprar. Me lo imaginé dando vueltas a la manzana, desesperado a la búsqueda de un sitio en el que dejar el coche tras una dura jornada de trabajo, sudando en su pequeño vehículo sin aire acondicionado.
Tras tres tonos, me contestó una voz al otro lado de la línea telefónica. Era una mujer -y no un hombre como yo había imaginado- la que me respondió.
Le comenté que la solución a sus problemas estaba en un cartel justo al lado del suyo, pero ella no recordaba haber puesto ningún anuncio en esa calle. Extrañado, indagué sutilmente, y ella suspiró, como cansada de explicar lo obvio: “Chaval, los dos carteles son nuestros. Esto es una inmobiliaria”.
De nuevo, la metáfora sobre lo difícil que es el entendimiento entre los humanos estaba servida, esta vez en una nueva versión, más retorcida, con más matices.
Qué bello es vivir.
Nicotin
13-may-2008, 05:14
Un telegrama es una carta mal escrita; un sandwich es un bocadillo mal hecho;
...un hombre es una mujer sin Gracia.
M. Corleone
29-may-2008, 15:10
Pepín F. acabó los estudios de Derecho a la edad de 21 años (en realidad, le faltaban 12 días cambiar de guarismo, pero éste es un dato que Pepín F. siempre omitía).
A los 26 ya era notario en Vitoria. A los 31 ya había pagado un piso en el barrio de Lakua y acumulaba una pequeña fortuna en acciones de Acerinox.
A los 37, casado y con dos hijos, su vida dio un vuelco, que puso todo su mundo patas arriba. Descubrió que atesoraba un talento que hasta ese momento había permanecido oculto: era capaz de distinguir, con un somero vistazo, a los galgos de los podencos.
A partir de esta revelación, que aconteció de manera inopinada mientras Pepín F. entretenía sus cansadas neuronas con la lectura de una clásica fábula española, nada volvió a ser lo mismo.
Comenzaron las llamadas de amigos, que le pedían que terciara en banales discusiones tabernarias. Y, claro, Pepín F., pusilánime e incapaz de decir un “no” a tiempo, dejaba su casa, mientras su mujer y sus hijos cenaban merluza rebozada, y acudía como un preso al patíbulo, a dictar sentencia: “son podencos”.
Así, comenzó a ganarse la enemistad de los que hasta ahora habían sido sus compañeros de mus, y empezó a frecuentar otros círculos sociales: fundamentalmente, empresarios, prostitutas y notarios.
Ahí las discusiones elevaron su tono intelectual, pero igualmente se le pedía un veredicto final: “son galgos”, y ya había nacido un nuevo grupo de involuntarios enemigos.
Finalmente, llegó la llamada de la ONU, que lo envió al Líbano, en calidad de Representante de Naciones Unidas en Oriente Próximo.
Allí, sólo, en la desolada habitación de un hotel con la fachada agujereada por años de conflicto, Pepín F. introdujo el cañón de un Kalashnikov en su boca, y disparó la bala que acabó con su calvario.
Ahí va uno de mi propia cosecha, segado hace un par de meses. Si cae alguna opinión, será bien recibida. :oD
Sentado en un portal junto a un perro tan sucio como él, el señor Jingles pedía limosna con ese guante cortado que es ya parte del uniforme de la mendicidad. Thomas Flynn, un hombre de carácter apacible, se paró delante de él con un par de monedas en su límpida mano.
-¿Sabe, amigo?-comenzó con una voz contundente y ufana-Si le diera este dinero, probablemente lo gastaría en vino del malo y se emborracharía, beodo perdería toda razón, correría detrás de una quimera producida por su estado y con toda certeza un automóvil le arrebataría su vida. ¡Acabo de salvarle, siéntase afortunado!
Thomas Flynn cerró la mano y cuando se dio la vuelta, no vio el desesperado corte de mangas que el mendigo tan merecidamente le dedicó.
Pitufo Cabrón
06-jun-2008, 01:42
Como párrafo dentro de una novela de 400 páginas puede encajar bien, como microrrelato me parece que no es más que un ejercicio.
Nunca podría escribir tanto 0.0
Gracias!
MetalNosf
06-jun-2008, 09:19
Falto de nuevos libros para leer ayer adquiri una edicion de la narrativa completa de Lovecraft con todos sus relatos, es el tipico escritor del que habia oido hablar mucho pero al que nunca me habia acercado asi que decidi darle una oportunidad, empeze a leer el libro ayer y el primer relato corto, escrito por lovecraft en su tierna juventud (tenia 15 años, creo) me gustó bastante, como es cortito lo comparto con vosotros.
H.P Lovecracft - La Botellita De Cristal (1897)
- Poned la nave al pairo, hay algo flotando a sotavento.
Quien hablaba era un hombre poco fornido, de nombre William Jones. Era el capitán de una nave en la que, con un puñado de tripulantes, navegaba en el momento de comenzar esta historia.
—Sí, señor — respondió John Towers, y la nave fue puesta al pairo. El capitán Jones tendió su mano hacia el objeto, y comprobó que se trataba de una botella de cristal.
—No es más que una botella de ron que algún tripulante de algún barco ha tirado —dijo, pero, dejándose llevar por la curiosidad, le echó mano.
Era solo una botella de ron y estuvo a punto de arrojarla, pero en ese momento se percató de que había un trozo de papel dentro. Lo sacó y leyó lo siguiente:
1 de enero de 1864
Mi nombre es John Jones y estoy escribiendo esta carta. Mi buque se hunde con un tesoro a bordo. Me hallo en el punto marcado * en la carta náutica adjunta.
El capitán Jones le dio la hoja y vio que por el otro lado era una carta náutica en cuyo margen había escritas las siguientes palabras:
http://orbita.starmedia.com/lohoas/biblio/mapa.jpg
(La línea de puntos indica el curso que hemos seguido)
—Towers —dijo excitado el capitán Jones—,lea esto.
Towers le obedeció.
—Creo que merece la pena dirigirnos hasta ahí —dijo el capitán Jones—. ¿No cree?
—Coincido con usted —replicó Towers.
—Aprestaremos hoy mismo una goleta —dijo el exitado capitán.
—Como mande —dijo Towers.
Así que fletaron una nave y siguieron la línea de puntos de la carta. En cuatro semanas habían alcanzado el lugar señalado y los buzos se sumergieron para volver con una botella de hierro. Dentro encontraron las siguientes palabras garabateadas en una hoja de papel pardo:
3 de diciembre de 1880
Estimado buscador, discúlpeme por la broma que le he gastado, pero eso le servirá de lección contra próximas tonterías...
—Bien —dijo el capitán Jones—, sigamos.
Sin embargo, deseo compensarle por los gastos en el lugar en que ha encontrado la botella. Calculo que serán unos 25.000 dólares, así que eso es lo que encontrará en una caja de hierro. Sé donde encontró la botella porque yo la puse allí, así como la caja de hierro y luego busqué un buen lugar para poner la segunda botella. Esperando que el dinero le compense, me despido.
Anónimo
—Me gustaría arrancarle la cabeza —dijo el capitán Jones—. Sumergíos ahora y traedme los 25.000.
Eso les compensó, pero me parece que nunca volverán a ir a un lugar misterioso dejándose guiar por tan solo una botella misteriosa.
Supongo que el traductor estaba borracho cuando trabajó con este texto, o que los 15 años de Lovecraft se dejan notar.
Vaya redacción, joder.
Lo mejor es la carta de navegación.
Tiene huevos de cruzar el nombre en lugar de darle la vuelta, eh.
MetalNosf
06-jun-2008, 09:42
Seguramente se noten los 15 años de Lovecraft, aunque la opcion del traductor borrachuzo no la descartaría del todo.
Se echa en falta de que de la botella no salga algún gusano de mil bocas venido de Raticulón.
Se echa en falta de que de la botella no salga algún gusano de mil bocas venido de Raticulón.
Claramente Daion no se lleva bien con su propio traductor interior, o también está borracho.
Mola hacer forochat en un hilo abandonado como este.
http://images.entertainmentearth.com/%5CAUTOIMAGES%5CTYV12019lg.jpg
El forochat no se hace, se nace.
M. Corleone
12-jun-2008, 14:15
Claramente Daion no se lleva bien con su propio traductor interior, o también está borracho.
Mola hacer forochat en un hilo abandonado como este.
Jaja, y yo sin enterarme de que forochateabais aquí.
Pronto, microrrelato titulado "Tranchetes a las 12 en punto".
M. Corleone
24-jun-2008, 09:56
La incierta vocación de Pepín F.
Trabajó montando andamios, pero le dolía la espalda. Fue policía municipal, pero le daba vergüenza poner multas a los coches mal aparcados. Hizo un curso de dependiente de pescadería, pero le daba asco destripar merluzas.
Al final, Pepín F. encontró su verdadera vocación: no hacer nada.
El día que tuvo la revelación que iba a dar el definitivo vuelco a su vida, Pepín F. estaba cortándose las uñas de los pies. Súbitamente, cientos de pensamientos se agolparon en su mente y, entre todos ellos, uno emergió triunfante, entre los restos desmembrados de enrevesadas ideas que nunca llegarían a ser verbalizadas: déjate morir sin hacer nada, Pepín, era el argumento central de esa genial idea.
Pepín nunca fue un hombre impulsivo, pero es que Pepín nunca había tenido una revelación tan vívida. Así que se puso manos a la obra.
Se compró un albornoz y unas chancletas en Carrefour, y se dispuso a dejarse morir, sin hacer nada, sobre la cama.
Dos horas más tarde, se despertó, vestido sólo con su albornoz verde de rizo americano (“100% algodón” rezaba la etiqueta), y pensó que era una idea absurda, y que los vecinos se quejarían del olor a cadáver podrido.
Se levantó, se puso un Cola Cao con galletas y encendió la tele.
Falsas esperanzas
Son todas unas zorras. Sonará misógino, pero no hay más explicación que esa. Tres horas (tres!) siguiéndola por todo el hipermercado disimuladamente pero dejando que se vieran mis intenciones. Intercambios de miradas que no dejaban lugar a dudas. Sus contoneos eran la respuesta. Ese precioso culo apretado y esos inmensos pechos asomando por su escote. Una auténtica diosa de unos 25 años paseando su carrito vacío por el establecimiento. Era obvio que buscaba algún tío con el que pasar el resto del día intercambiando fluidos en cualquier motel de carretera. Y ese era yo. Estaba completamente seguro de que aquella noche acabaría tirándome a esa rubia de mirada felina y labios carnosos. Me decidí a dar el paso definitivo y caminé hacia ella mirándola fijamente mientras me sonreía. Su cara parecía expresar un 'ya era hora'. Se le notaba que llevaba rato esperando a que yo tomara la iniciativa, y al fin lo hice.
— Hola preciosa.
— Hola guapo, ¿cómo te llamas?— santo Dios, era un jodido ángel caído del cielo. Su voz era dulce y acaramelada. Desprendía un sutil olor a perfume caro. Y no dejaba de sonreírme.
— Roberto, ¿y tú?— no me dejé intimidar. No pensaba titubear ni un sólo instante. Soy un tío seguro de mí mismo. Conozco mis posibilidades y sabía que la presa estaba ya atada.
— Me llamo Mayra. Toma, cielo.— me ofreció algo con su mano derecha cerrada y lo dejó caer sobre la mía.
Al principio supuse que era alguna nota subida de tono diciéndome el lugar y la hora para nuestro encuentro. Pero no. Cuando noté la forma y el peso de aquel objeto en mi mano, no podía creérlo. Miré lo que era y vi que no me equivocaba. Desconcertado y herido en el orgullo, la miré a los ojos con rabia.
— Zorra asquerosa.
Di media vuelta y me largué de allí indignado y dolido. Volví junto a la sección de carnes, donde mi madre seguía comprando y le cogí la mano. Mentalmente, seguía maldiciendo a aquella maldita ramera rubia. De acuerdo que yo tuviera seis años, pero regalarme una puta piruleta me parecía un insulto.
Nicotin
24-jun-2008, 12:40
Parece que lo haya escrito Stewie.
M. Corleone
24-jun-2008, 12:46
Jajaa, me ha gustado.
Pensaba que iba por el rollo de "Azafata que da a probar galletitas", pero lo de la edad me ha sorprendido.
Pues ahora que dices lo de Stewie, es verdad, lo parece.
Aunque el relato lo escribí hace muchos años. Creo que antes de ver Family Guy.
Va, otro:
Normas del local
La multitud hacía cola en la puerta de la discoteca. Después de Freddy Krueger llegó el turno de Superman.
— Lo siento, no puedes entrar.— le dijo un Bugs Bunny de metro noventa y siete.
— ¿C-cómo? ¿Por qué?
— Sólo se permite un disfraz por personaje, y ya hemos dejado entrar a un Superman. Este local tiene caché y reputación, y su fiesta de carnaval no va a ser menos. Aire.
— Pero...
— Lárgate, hay gente más original que tú que está esperando para entrar.— esbozó una sonrisa de disculpa cínica, llena de soberbia.
El chico disfrazado de Superman miró a los ojos al guardia de seguridad de grandes orejas grises con rabia e impotencia. Cuando estaba a punto de empezar una airada discusión verbal, pareció recapacitar.
—Bah!— sacudió la mano al aire en gesto despectivo, dio media vuelta y tras correr unos pocos metros echó a volar en dirección a otra discoteca menos selectiva.
M. Corleone
14-jul-2008, 08:46
El inglés
Y, entonces, me dispuse a explicarle al inglés de mejillas sonrosadas la diferencia entre ver y mirar y oir y escuchar, cuando se dirigió a mí, en un perfecto castellano, y me dijo "¿Por qué no te vas a tomar por culo, majete?".
Nadia Comaneci fue la primera gimnasta en lograr la perfección en una prueba.
Siempre me han interesado las gimnastas rumanas: Esos cuerpos aún por formar y afilados, flexibles hasta lo delirante, me han fascinado. Ahora, cuando llega la furgoneta de los chatarreros rumanos al barrio, antes de que los gitanos se enteren de que intentan acaparar su territorio, echo un vistazo a los ocupantes del vehículo, para ver si traen consigo alguna ninfa.
Esbozo una sonrisa cansada cuando utilizan a la niña de la casa, de apenas 12 años, para (provista de linterna entre los dientes) colarse por la boca de los contenedores soterrados, en busca de algo aprovechable.
Cuando vuelve al exterior con alguna bobina de cobre extraída de un aparato de radio o alguna alhaja olvidada, su padre la felicita como si habría cuajado un ejercicio perfecto en asimétricas.
Cristof
14-jul-2008, 10:51
Dunker es vasco, estoy seguro.
Dunker es vasco, estoy seguro.
Me has intrigado, ¿cómo has llegado a esa conclusión (errónea)?
M. Corleone
14-jul-2008, 11:20
Dunker es vasco, estoy seguro.
No puede ser vasco, porque es negro.
No puede ser vasco, porque es negro.
Ya, es algo que me apena mucho. Desde pequeño siempre quise ser lehendakari.
M. Corleone
14-jul-2008, 11:43
Ya, es algo que me apena mucho. Desde pequeño siempre quise ser lehendakari.
El día en que tengamos un lehendakari de una raza no caucásica (negro, oriental, gitano, aborigen australiano, maorí, indio americano, arabe...) Este Santo País irá mucho mejor.
Pero ese día, amigo, está más lejano que el día en que veamos a George Lucas dirigiendo una película de autor con 10 millones de dólares de presupuesto.
Cristof
14-jul-2008, 12:39
Me has intrigado, ¿cómo has llegado a esa conclusión (errónea)?
Por esto:
Cuando vuelve al exterior con alguna bobina de cobre extraída de un aparato de radio o alguna alhaja olvidada, su padre la felicita como si habría cuajado un ejercicio perfecto en asimétricas.
Está claro que había un margen de error, pero los vascos suelen usar mal el condicional, y de ahí lo deduje.
Lo de que seas negro no es motivo para no ser vasco. Siempre he creído que los vascos son de la raza que les da la gana.
:touche:
Últimamente la cago con el uso del condicional. Influenciado por el entorno: En donde vivo, se utiliza mal sistemáticamente. Pero no, no vivo en el País Vasco.
M. Corleone
14-jul-2008, 13:15
Por esto:
Está claro que había un margen de error, pero los vascos suelen usar mal el condicional, y de ahí lo deduje.
Lo de que seas negro no es motivo para no ser vasco. Siempre he creído que los vascos son de la raza que les da la gana.
:touche:
Últimamente la cago con el uso del condicional. Influenciado por el entorno: En donde vivo, se utiliza mal sistemáticamente. Pero no, no vivo en el País Vasco.
Ay, amigos, es normal que confundáis la parte con el todo, porque en este caso la parte es la parte más grande del todo, pero...
El uso incorrecto del condicional (mi suegra dice "Si tendría dinero me compraría..." en lugar de decir "Si tuviera...", y a mi S.E. se le escapa también de vez en cuando) no es un signo lingüistico de los vascos, en general, sino de los vizcainos.
Pocos guipuzcoanos o alaveses comenten ese error.
Las condicionales son tan difíciles de construir en euskera que son el terror de todo estudiante de vascuence.
Cristof
14-jul-2008, 13:40
Gracias por la aportación, me gusta conocer este tipo de detalles. No, no es ironía, es cierto que me gusta.
M. Corleone
14-jul-2008, 13:45
Gracias por la aportación, me gusta conocer este tipo de detalles. No, no es ironía, es cierto que me gusta.
Esos detalles son la sal de la vida.
No como las grandes lagunas culturales, como no saber que de Alicante a Murcia se tardan 50 minutos.
Eso es ser un ignorante.
Dana: ¿Cuanto se tarda de Murcia a la costa de Bizkaia?
Podríamos probar...
No, ya sé que no cuela. Si además lo hago para hacerme el machito heterosexual, porque a mí la que me gusta es Nada...
Estamos jodiendo mi hilo de microrrelatos.
Eso digo yo, que no habéis dicho nada de mi filia por las rumanas flexibles.
M. Corleone
14-jul-2008, 14:18
Eso digo yo, que no habéis dicho nada de mi filia por las rumanas flexibles.
Mi microrrelato "El inglés" era anterior al tuyo sobre Nadia Comaneci.
Comentaré algo sobre el tuyo cuando tú comentes el mío.
Quid pro quo, Agente Starling.
M. Corleone
14-jul-2008, 14:29
La llamada
Levanté el teléfono, y le dije, en un tono que no dejaba lugar a dudas: "Eres un completo gilipollas".
La voz al otro lado del teléfono suspiró, y trató de objetar algo, cansada, harta de decir una y otra vez lo mismo: "A ver, me parece que no estás siendo razonable. Tal vez te convendría tener en cuenta otros puntos de vista".
A partir de ahí, ya no recuerdo nada. Un velo rojo cubrió mi mirada, las uñas de mis dedos se clavaron en las palmas de mis manos y una furia asesina se apoderó de mí.
Pero sea por el colapso momentáneo, sea porque ese día no había echado siesta, me quedé dormido como un angelito. Y a la mañana siguiente lo veía todo desde otro punto de vista.
Miss Dana
14-jul-2008, 20:33
50 minutos de Alicante a Murcia?... Yendo lento, no?
Pandora
30-jul-2008, 01:53
Un tono de verde
Hoy se acaba.
Se acaba, ¡lo juro!
Los tonos de verde duran un mes. Un mes de ver, día sí día no, si el verde ha cogido más color. Un TFT inclinado en según que posiciones da sustos, y del mismo modo que un azul en el aparatito oportuno es lo mismo que un síncope, un verde oscuro en una pantalla es otro. Pero todo han sido falsas alarmas, y la bendita regla ha bajado cuando ha tenido que hacerlo. Salvo que en este caso no era bienvenida.
Ha pasado un mes, y el verde no verdea más.
Ya se acaba.
Pero no lo digo yo, lo dice el mismo burócrata que inexorable mide el share.
Ya.
Pitufo Cabrón
30-jul-2008, 03:32
http://student.valpo.edu/bkoester/homepage/x-files.gif
Pandora, creo que te comprendo.
Me pides que te ame de un modo convencional. Con mensajes robados a Neruda en el móvil y manos que se rozan en un parque.
Necesitas saber que cada mañana despertarás y estaré a tu lado, que cada noche, antes de cerrar los ojos, estaré a tu lado. Quieres conocer mis miedos, protegerme de ellos y hacer que sea más feliz.
Ojala pudiera olvidar quién soy, y empezar otra vez de cero, los dos, pero me resulta imposible, cada día estoy más seguro que cuanto más te quiera, menos tiempo estaré contigo.
M. Corleone
13-ago-2008, 11:14
Murmuraciones
Hace cosa de un año, reuní a toda mi familia (mi madre, mis tres hermanas y mi primo Federico) y, solemnemente, subida a un taburete de la cocina mientras me miraban expectantes, les dediqué las siguientes palabras: “A partir de hoy, nuestras vidas van a sufrir un colosal cambio, que marcará un antes y un después. Os comunico que he decidido alquilar la habitación rosa a un inquilino que entrevisté ayer, de forma que este suculento ingreso mensual nos ayude a paliar nuestra precaria situación económica”.
Mis hermanas se miraron entre ellas, y Nutria –la mayor- le explicó a Potorrito –la menor- la situación. Alcancé a oír, entre susurros, algo así como “la subnormal esta, que le ha alquilado el cuarto de la Play a un chorra, seguro que se queda ella la pasta y nosotros tenemos que compartir el baño con un gilipollas”.
Decidí hacer oidos sordos a estos insidiosos comentarios, volví a mi cuarto y retomé la lectura de “Rayuela”, de Cortazar. Leí tres páginas, y no comprendí nada, así que cerré el libro, me tomé mi leche caliente con azucar y me sumí en un plácido sueño.
“Putas, son todas unas putas”, pensé justo antes de caer en los brazos de Morfeo.
-Y eso que has metido en tu habitación… ¿que es?
La pregunta de mi madre hizo que repentinamente la boloñesa se agriara en mi boca.
-Una máquina del tiempo mama –dije en tono mecánico, pues ya sabía la reacción.
-Ya estas con tus tonterías, en vez de sacarte un cursillo… ¡Con lo bien que estarías en una oficina!... Y a saber cuanto te has gastado…
-Nada, lo fui montando a ratos con piezas que sobraban de la tienda…
-Y seguro que por medio está ese amigo tuyo el jevi, que no me gusta nada.
La vena gorda de mi frente iba aumentando de tamaño al mismo ritmo que mi sentimiento amor-odio se situaba en límites peligrosos…
-¿Siempre tienes que meter a mis amigos por medio? ¿Me meto yo con las cotillas de tus amigas?
-Si es que no estas bien de la cabeza… Un día de estos te llevo a lo de Patricia que se va a enterar toda España de los disgustos que me das...
-Ya me lo estoy viendo –el tono de comedia italiana empezó a aflorar- “Ay mi hijo, que se ha metido a viajero en el tiempo y me tiene la casa patas arriba. El otro dia vino del Jurásico y me dejó el sofá lleno de mierda de “minosaurio”. Con lo listo que es, que podía haberse metido a cartero y siempre está con las tonterias que le meten en la cabeza los amigotes…
Me levanté de la mesa, dejé el plato en el fregadero y volví a mi habitación mientras mi madre rezongaba incesantemente
Vivimos tiempos de guerra.
Las aceras dan cobijo a seres de alma inerte
que no dudarían ni un instante en disparar entre mis ojos.
Desorientado por el hedor de su estúpida codicia
voy a tu encuentro, en el mismo lugar y la misma hora
dónde siempre coincidimos.
Busco un amanecer en tus pupilas,
una caricia de miel para superar la hiel sufrida.
Y encuentro tus brazos,
descanso para un desertor agotado
que desea dormir abrazado a tu inocencia.
Vivimos tiempos de guerra.
Lucho por buscar nuestra paz.
Un gesto.
Un abrazo.
Te comería a bocados sin pensarlo.
Un revolcón
Nada es para siempre.
Y te odio...
Porque pones la miel en los labios, la tanteo (con la punta de mi lengua), la saboreo, me corro y luego me dejas dormir sin tocarte ni un solo pelo, aunque a tu lado.
Pienso en ti, piensa en mi.
No nos hagas daño
Nunca había sido buen actor. Nunca había conseguido esconder bien sus sentimientos, y jamás le había perdonado a su hermano pequeño el hecho de recibir más atenciones que él, más cuidados que él. ¿Acaso no era él quien cada día despertaba antes que nadie y estaba listo para el trabajo cuando los demás todavía se desperezaban?. ¿Acaso no demostraba una férrea determinación en todo momento?. Pero su físico no acompañaba a su enorme voluntad. Eclipsado por su deslumbrante hermano, no era más que un discretísimo segundón, a quien sólo se le tenía en cuenta para los matices. Qué podían ver en su altivo y chillón pariente, eso jamás lo entendió. Cualquiera con un poco de buen gusto apreciaría sin duda su elegante porte y señorío por encima de radiantes exhibiciones y estridentes reflejos.
Aquella noche, él, azul cobalto, se deshizo sin remordimientos del turquesa.
Ahora sin duda llegaría su gloria...
Sin embargo el artista optó por dibujar al carboncillo
Pandora
29-ago-2008, 08:50
Cocida
Entré a aquel bar completamente borracha. Me había bebido dos cervecas en el "Tongo", cuatro destornilladores en el "Sheyla's" y dos botellas de champán en el "Hermanos Dalton".
Acomodé mi culo en un taburete estrecho, que contuvo a duras penas mis generosas nalgas. Eché una mirada al local, y comprobé que era uno de esos garitos perfectamente olvidables. Parroquianos de mediana edad y mediana borrachera, arrugas en la cara y telarañas en los bolsillos.
Pedí un Bayleys -¿por qué beber siempre lo mismo?- y esperé a que el camarero, veterano de cien mil guerras alcohólicas, hiciera su trabajo.
Saboreé el azucar de la bebida y calculé las probabilidades de que aquella noche me proporcionara algún oasis que destacar, en aquel desierto de basura, aburrimiento, rutina y mediocridad. Muy improbable.
Justo cuado mis labios rozaban el único hielo que el barman había puesto en mi bebida, una mujer se me acercó y me dijo al oído: "Zorra apestosa, si has venido aquí a robarme los hombres estás en el lugar equivocado".
Me giré, esperando encontrar a una gorda desdentada, que seguramente se ganaría el pan como pajillera, en los baños de aquel tugurio.
Para mi sorpesa, me encontré con una belleza veinteañera, rubia platino, con unos ojos tan azules que parecían haber sido pintados a acuarela. Sus tetas eran generosas y estrategicamente situadas frente a mi nariz, y sus caderas parecían sacadas de un anuncio de lencería.
Cuando me hube recuperado de la impresión, extendí los dedos de la mano, y le propiné un bofetón en la oreja con todas mis fuerzas (que no son pocas). El hormigueo y el dolor en mi mano me indicó que había ejecutado mi golpe maestro con tanto acierto como siempre. "Pitido de oído para un mes", pensé, mientras aquella diosa de la belleza se retorcía en el suelo, la oreja agarrada con ambas manos, profiriendo gañidos ininteligibles. Se estaba manchando con las colillas apagadas que poblaban el entarimado.
Como no quería más líos, salí del bar dando tumbos, y puse rumbo a mi casa.
Por la mañana, desperté en un jardín desconocido, en una calle desconocida de un barrio desconocido. Tenía una nota sobre el pecho que decía: "A la rubia la has dejado sorda, ¡menudo hostión! Por cierto, mientras dormías, te he meado en la cara".
Esta puta ciudad está llena de degenerados.
Nicotin
29-ago-2008, 13:06
Qué malo.
Pandora
30-ago-2008, 11:29
¡Que la tiren al pilón! ¡Desnuda!
Me desperté en mitad del mismo sueño de cada noche, la abrazaba y al instante se escurría como la arena entre los dedos. Cuando me cansé de dar vueltas en la cama encendí la luz de la mesita de noche y me vestí. Bajé a la calle, monté en el coche y emprendí rumbo a Sant Grau.
Para llegar a Sant Grau hay que tomar una de esas reviradas carreteras comarcales llenas de baches con las que intentamos disuadir a los extraños de allanar nuestros rincones antiguos, cosa que no siempre consiguen. Una vez allí dí un rodeo por detrás de la ermita y subí hasta lo que era una torre de observación durante la guerra (ahora sólo queda la base de hormigón).
Sentado encendí un cigarrillo y me quedé mirando a la oscuridad mientras escuchaba el rumor lejano de las olas contra los acantilados. A veces las mejores cosas de la vida exigen tomar el camino más largo y retorcido.
Seguía a mi lado, dormida. La luz se colaba tímidamente por las rendijas de la persiana. Me incliné sobre ella y me la quedé mirando. Pensé en lo graciosos que eran el lunar que tenia junto a la barbilla ("Golosa") y la forma que tomaban sus pechos al aplastarse por efecto de la gravedad.
Con cuidado acaricié su cuerpo desnudo. Había cumplido mi parte del trato, dormir juntos, abrazados, nada más. Sería la última vez.
Tosió un poco (el aire acondicionado había estado en marcha toda la noche) y se dió la vuelta, dándome la espalda. Me senté en la cama, busqué la camisa tirada en el suelo y saqué la cajita de lata donde guardo los cigarrillos ya liados. Movimientos pausados, automatizados por el hábito de fumar nada más levantarme.
En el bolsillo de los pantalones seguía aguardando mi cuchillo de campaña. El tacto de la empuñadura me reconfortó, tan familiar, tantos recuerdos...
Me recosté tras ella, pasé la mano por el costado subiendo hasta llegar al rostro y atenacé su boca. Golpe seco con la punta y un cuarto de vuelta, directo a los riñones, como siempre insistía el sargento instructor.
Esperé los 30 minutos que tardó en dejar de intentar zafarse, la tranquilizé lo mejor que pude (si hay forma de hacerlo con alguien que se desangra entre fuertes dolores), la besé por última vez mientras me rodaban algunas lágrimas por las mejillas... No recordaba la última vez que noté ese calor intenso subiendo desde mi pecho.
Me levanté de la cama y me fuí a la ducha, me lavé la sangre pegada al abdomen y con un cepillito saqué los restos que quedaron bajo las uñas. Vestido y arreglado para salir a la calle de nuevo. Los gatos me salieron al paso pidiendo agua fresca en el bebedero. Entré en la cocina y dejé los cuencos llenos. De todos modos no tardaría alguien en llegar al piso y darse cuenta que la dueña no contestaba.
Me ajusté la corbata en el espejo del portal antes de salir a la calle y encaminarme a la cafetería más cercana para desayunar.
M. Corleone
04-sep-2008, 08:36
Maniac, lo diré sin rodeos: empiezas a darme un poco de miedo.
El microrrelato, espléndido.
La voz de mi madre retumba en el auricular (todavía no entiende que por muy lejos que esté el teléfono al que llamas no hace falta gritar).
-Niño, que si antes de venir a casa puedes pasar por la tintorería... Recoje el traje de tu padre, ya está pagado
De camino al hogar me da por pensar en el traje que llevo por encima del hombro. Raras veces abandona su sitio en el armario, normalmente mi padre es un señor mayor con un polo mugriento y pantalones llenos de tierra, que huele mayormente a Zotal y abono.
-¿Quien se casa esta vez, mama?
-¿Y eso por qué lo dices?
-Por el traje, que al papa nada más se lo veo para las bodas y similares
-Uy, no! No es eso. Anteayer soñé que tu padre se moría de repente y no teníamos nada para amortajarlo...
En aquel momento pensé en las miles de veces que mi madre me preguntó si llevaba calzoncillos limpios, "que nunca se sabe cuando puedes tener un accidente".
La calma con que la crema reposaba sobre el café se vió turbada por la cucharilla dando vueltas. Poco a poco el pequeño remolino se extinguió y la crema volvió a asentarse, habiendo perdido unos milímetros de espesor en el proceso.
Levanté la vista y Alina estaba frente a mí inspeccionando con curiosidad una botella de Anís de Mono -versión agigantada de los frascos de perfume de mi abuela.
-Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento.
Alina me miró con sorpresa desde esos ojos azules que me gusta disfrutar a hurtadillas.
-¿Qué dices ahora?
-¿No te has fijado en lo que el mono lleva en la mano?
Se pasó unos segundos escudriñando la etiqueta y sonrió
-¡Es verdad! Nunca me había fijado, como es un dibujo tan pequeño...
-Siempre hay que buscar un momento para las pequeñas cosas de la vida, cielo...
Pequeños detalles, tan mínimos como los engranajes de un reloj. Tan importantes.
Voy a ver si tengo una botella de Anís del Mono en casa.
Los músculos faciales, esos que me traicionan en el peor momento ya sea con un tic incontrolable cuando miento o dejando entreabierta la boca durante la siesta para que la saliva salga en pos de la conquista de la almohada, se confabulan para dibujar una sonrisa en mi cara. Desgraciadamente, aunque la idea es buena e intentan mostrar ampliamente mi dentadura (incluso tensando hacia arriba la comisura de los labios), no trabajan coordinados resultando una mueca en forma de S tumbada.
Los dientes, que asoman por la irregular rendija que separa mis labios, son únicos, y cuando digo únicos me refiero a que son únicos: no tengo dos dientes iguales en toda la boca; ya sea por tamaño, posición o ángulo respecto a la vertical, mi radiografía dental "parece un puñado de palitos de helado arrojados al azar", según me dijo el odontólogo. "¿Dinero? No lo arreglas ni empeñando a tu madre, la reconstrucción bucodental tiene límites técnicos", remató.
No obstante, mi sonrisa es contagiosa. Al menos eso me dicen. Tras comprobar sofocando una arcada la filigrana atroz que se forma en mi boca cuando intento sonreír, la mayoría desvía su vista a mis orejas o a mis ojos, momento en el cuál, su mueca de asco torna en sonrisa al comprobar que mis apéndices auditivos son un cruce entre un manillar de bicicleta y una alcachofa o que mi mirada desafiaría de tú a tú a la de un camaleón por el estrabismo helicoidal agudo que padezco.
En efecto, soy guapo de cojones.
M. Corleone
09-sep-2008, 10:09
Los músculos faciales, esos que me traicionan en el peor momento ya sea con un tic incontrolable cuando miento o dejando entreabierta la boca durante la siesta para que la saliva salga en pos de la conquista de la almohada, se confabulan para dibujar una sonrisa en mi cara. Desgraciadamente, aunque la idea es buena e intentan mostrar ampliamente mi dentadura (incluso tensando hacia arriba la comisura de los labios), no trabajan coordinados resultando una mueca en forma de S tumbada.
Los dientes, que asoman por la irregular rendija que separa mis labios, son únicos, y cuando digo únicos me refiero a que son únicos: no tengo dos dientes iguales en toda la boca; ya sea por tamaño, posición o ángulo respecto a la vertical, mi radiografía dental "parece un puñado de palitos de helado arrojados al azar", según me dijo el odontólogo. "¿Dinero? No lo arreglas ni empeñando a tu madre, la reconstrucción bucodental tiene límites técnicos", remató.
No obstante, mi sonrisa es contagiosa. Al menos eso me dicen. Tras comprobar sofocando una arcada la filigrana atroz que se forma en mi boca cuando intento sonreír, la mayoría desvía su vista a mis orejas o a mis ojos, momento en el cuál, su mueca de asco torna en sonrisa al comprobar que mis apéndices auditivos son un cruce entre un manillar de bicicleta y una alcachofa o que mi mirada desafiaría de tú a tú a la de un camaleón por el estrabismo helicoidal agudo que padezco.
En efecto, soy guapo de cojones.
Me ha encantado. Me ha gustado mucho, pero mucho.
Microrelato
-Le encantaba quemar su piel mientras giraba y giraba en el escenario.
Cuando acabó la función, la gente comenzó a aplaudir enfervorizada como agradecimiento ante tal espectáculo.
En ese momento se dio cuenta de que solo era una pandereta
Cuando salí de la ducha y me miré al espejo caí en la cuenta que llevaba cinco días sin afeitarme. Tres días te dan aspecto de tipo duro, pero más ya es de zarrapastroso.
Cogí el cuenco de acero inoxidable que tengo para estos menesteres -a veces confundido con un comedero para perros, lo llené con cubitos de hielo y dejé la navaja para que se enfríe el metal. Preparé otro cuenco con agua caliente y dejé la brocha un momento en remojo mientras tomaba una decisión sobre qué hacer con mi vello facial.
¿Bigote estilo húsar? No, demasiado pomposo...
¿Bigotito a lo Alfredo Mayo? No, exige bastante pulso y paciencia...
¿Bigote y perilla? ¿Por qué no? Es de malotes, siempre me ha gustado ser malote, de pequeño ya quería serlo.
Reparto el jabón describiendo círculos con la brocha, intentando que el pelo quede levantado. Cojo la navaja -me encanta el tacto de su empuñadura nacarada- y la paso con cuidado, atendiendo los extraños remolinos que forma mi barba entorno al cuello. Esbozo media sonrisa, los carrillos y el mentón dibujan el área que quedará a salvo de la poda. Me lavo la cara y vuelvo a pasar la navaja -de lado, para conseguir un buen acabado. Cojo un cubito de hielo y lo dejo unos segundos sobre el par de cortes que inevitablemente me hago siempre.Enjuago la brocha, tiro el agua y el hielo, dejo los cuencos en su sitio y cojo la botella de after-shave. Un masaje vigoroso y a disfrutar del picorcillo.
Contemplo el resultado. Me gusta como queda la perilla, parezco peligroso, una mala compañia. Pero sigo teniendo ese brillo de bondad en los ojos. Así no hay manera...
Por aquel entonces servidor tenía cuatro años. Entré con mi madre en casa de mis abuelos -vivían en el otro lado de la calle y en aquella época la gente todavía dejaba la puerta abierta- y encontramos a mi abuela dormida en el sofá. No se despertaba. Mi madre llamó por la ventana a la vecina, hablaron en la puerta y su nombre hizo acto de presencia en la conversación. Al día siguiente me quedé en casa de otra vecina mientras una caravana de coches salia de la puerta de mi casa tras esa especie de furgoneta negra que llevaba una cajón de madera, en el que sospechaba que iba mi abuela.
En aquel momento pensé que esa señora que llamaban Muerte era bastante gilipollas, porque podía haberse llevado con ella a mi otra abuela -la que sigue viva y ningún nieto ha querido nunca, por borde y porque besarla es algo así como estampar los morros en la piel de una pescadilla- y no, tuvo que escoger a la señora de cara redonda y mejillas rosadas y calientes que me cebaba a base de calabaza frita con azúcar y canela y torrijas con vino de misa.
Uno negro tipo ejecutivo, otro negro de lana, uno marrón tipo "ejército suizo", dos de tenis (irreconciliables por sus bandas distintivas), uno de rombos que no sé de dónde ha salido... Ahí están, solos y esperando a ser reconvertidos en otra cosa -un trapo para abrillantar la plata, una marioneta, un juguete para perros.
Son los calcetines solitarios; sus compañeros de por vida los han abandonado sin dar explicación alguna, sin decir a dónde han ido y para qué. Pienso en aquel mito del cementerio de elefantes y me pregunto si habrá un cementerio de calcetines, o una ciudad subterránea donde se reúnen maquinando maldades contra los hombres que los han obligado a vivir a temperaturas y olores insoportables, al estilo de La Torre de los Siete Jorobados...
En el fondo no puedo dejar de pensar que no son tan distintos a nosotros: Un buen dia están bailando felices en el tambor de la lavadora y al día siguiente uno de ellos decide escurrirse por detrás del radiador para no volver jamás...
M. Corleone
06-oct-2008, 12:43
Me ha encantado, Maniac, precioso.
La gente queda maravillada al ver a la cobra bailar al son de la musiquilla monótona y enervante del pungi.
No es por quitarle mérito pero las serpientes son más sordas que una tapia, de hecho lo que las hace "bailar" es la forma del instrumento y los movimientos que ejecuta el encantador que hacen que la bicha piense que éste es un rival, adoptando una postura de defensa.
Así de simple, si quieres que una serpiente haga todo lo que tú quieras sólo tienes que jugar a ser otra serpiente, no importa la musiquilla que quieras tocar. Por seguridad mejor quítale los colmillos o los sacos donde almacena el veneno, sigue el consejo de alguien que se ha llevado más mordiscos de los deseados.
Escribes y yo veo a Bob Fosse en El Principito.
Genial.
Donde se ponga miguel fosse...
Un tipo de dos pueblos más al arriba -siguiendo la línea de la costa- iba caminando tranquilamente con el iPod enchufado (encajado en los oídos más bien) a toda potencia. Ni siquiera se dió cuenta que, unos metros más arriba, en la misma acera, a un camión de una tienda de muebles le había fallado el freno de estacionamiento y en su descenso se llevó por delante al chaval para acabar estampándolo en la pared de la biblioteca municipal.
-¿Puntual como siempre, eh?
Levanté la cabeza y dejé el periódico doblado a un lado de la mesa.
-Cinco minutos adelantado, ya lo sabes.
Había ganado algo de peso pero seguía preciosa. Esta vez su melena era de un tono más claro que su castaño natural, pero tenía los mismos ojos de un verde indeterminado, como el del estanque donde me bañaba de pequeño.
-¿Has traído paraguas? Se prepara una buena... -Juguetée con la empuñadura de madera del que tenía al lado
-¿Te duele la cabeza, verdad?
-Como si me estuvieran pasando un motocultor por las sienes... ¿Y qué te ha traido de vuelta a las raíces?
-Necesitaba unos apuntes viejos, de los que guardo en el piso de mis padres. Tampoco voy a quedarme mucho, ya sabes que luego es una paliza en coche para volver.
-Entonces me tomaré como un cumplido que me hayas llamado
-Te queria dar una cosa...
Metió la mano en el bolso y sacó un sobre de los caros, papel bueno con marcas de agua. Me lo acercó a través de la mesa. Me lo quedé mirando con la cabeza ladeada.
-¿No piensas abrirlo?
-Ya me imagino qué es... ¿Cuando me lo ibas a decir? Porque si ya tienes las invitaciones y tal no es cosa de la semana pasada
-Tres meses... ya sé que no son formas, pero prefería decirtelo en persona, y saber si vendrás o no.
-Sabes que los bodorrios y cosas por el estilo me dan pereza, pero puedo soportarlo... Pero a ver con quién me sientas, eh?
Su boca dibujó una media sonrisa, como aliviada por encontrarme de buen humor.
-Darío no sabía si invitarte o no, ya sabes como es...
-¿Le sigo dando miedo? Creo que ya quedó claro que contra él no tengo nada, si lo tuviera le podría haber dejado un ojo morado en cualquier momento...
-¿Y contra mí?
-Sabes que no. Hacía mucho tiempo que la cosa no funcionaba, ya te dije lo que pienso en su momento.
-Ya... Que el problema no era el qué sino la forma de hacerlo... ¿Como dijiste?... Poco decente
-Exacto, aunque siempre podría haber sido peor... Mi orgullo salió medianamente bien parado.
Empezó a llover y la acompañé bajo el paraguas hasta donde tenía el coche. Los besos de despedida se acercaron más a la comisura de los labios que a las mejillas.
-¿Cuento contigo? -me dijo desde la ventanilla.
-Por supuesto.
Di media vuelta y me dirigí hacia casa. Al empezar la cuesta de la calle donde está Correos metí dos dedos por el cuello de la camisa y saqué una cadenita de acero. Al final una chapa con mi grupo sanguineo en un lado y mis iniciales por el otro. Y colgando del mismo eslabón una lágrima azul engastada en oro blanco. Mi orgullo.
M. Corleone
28-oct-2008, 11:10
Grapadora
En mi despacho, tengo una grapadora de acero inoxidable, de la marca “El Casco”. Me gusta mucho este modelo, porque es de los que se manejan apretando con una sola mano, a modo de cascanueces. Funciona mucho mejor que las clásicas grapadoras de sobremesa, esas que requieren que te subas sobre un émbolo con las dos manos, con todo tu peso, y que siempre hacen tanto ruido cuando ceden a la presión.
El caso es que ayer se me acabaron las grapas y, cuando repuse el recambio, las vi allí, todas juntitas, dispuestas a cumplir con su cometido, fieles, ordenadas, obedientes.
Y me pregunté, ¿cuál de éstas me ha de traicionar? ¿Cuál no aguantará la tensión del combate, y se doblará en una descoyuntada forma, haciéndome volver a imprimir ese pulcro informe, ahora mancillado en su esquina superior izquierda por un leve desgarrón?
Por un momento, se me ha pasado por la cabeza someter a un riguroso control de calidad (y a una prueba de valor ante el fuego enemigo) a todas las grapas, previamente a que penetren en la vagina de mi grapadora. Finalmente, he desechado la idea, agotado ante la perspectiva de separarlas una a una, con mis mordisqueadas uñas.
La unión hace la fuerza. Sin duda, las grapas sindicadas son más fuertes.
M. Corleone
28-oct-2008, 11:28
previamente a que penetren en la vagina de mi grapadora.
Releo mi microrrelato, y ese "previamente a que penetren" me suena fatal.
¿Concuerda ese subjuntivo con el "previamente"? Porque "antes de que penetren" es correcto, pero "previamente" parece que necesita un sustantivo, en plan "previamente a la penetración".
Es difícil buscar esta duda en el panhispánico de dudas...
Sería "previo a la penetración".
No me suena mal.
Puede continuar.
Mi madre -como lo hacen todas y más con los benjamines- se preocupa por mi salud. razón no le falta.
Me levanto casi a diario con el sabor pegajoso y nauseabundo de la resaca, unos dias de tequila reposado, otros de bourbon y algunos de calimocho. Una nube de humo de tabaco me rodea constantemte, eso cuando el humo huele sólo a tabaco. Como lo que se me antoja sin contemplaciones, al capricho de mi humor variable, sin mesura cuando se trata de dulces y rayando el suicidio cuando se pone por delante una ración de comida picante. Me llevo los excesos a la cama, sin pensar en los riesgos ni saber exactamente el porqué de lo que hago.
Me estoy cavando la tumba poco a poco, dice mi madre; y lo peor no es morir, lo peor es la enfermedad, consumirse lentamente (to snuff).
Seguramente tenga razón. Por eso cada noche al acostarme rezo a quién corresponda para que la muerte me llegue rápida e indoloramente.
La vida es una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar.Forrest Gump
Una de las cosas que realmente sostienen una relación es que a tu pareja no le gusten los mismos bombones de la caja que a ti. Ya sean de la "caja roja", los de oferta del Lidl, de la tienda de comercio justo de la esquina o delicias de bomboneria belga, las cajas de bombones son una fuente de conflictos permanente.
Conviene observar ciertas normas de convivencia. No vale empezar la bandeja de abajo cuando ya has acabado con los que te gustan, por mucho que el último que queda en la parte de arriba es un asqueroso praliné de café con leche con forma de prepucio. Espera a que la otra parte se coma los descartados, y entonces puedes seguir atiborrandote con los rellenos de licor.
Lo ideal seria que a uno de los dos no le gustase el chocolate en absoluto, así te los puedes comer a dos carrillos sin remordimientos, al menos hasta que no te salga el primer michelin por comer sin parar y llevar una vida de sedentarismo continuado; pero como el chocolate es en cierta medida sustituto del sexo tarde o temprano caerá en la tentación. Tened en cuenta este dato, porque si las cajas de bombones aparecen vacias con cierta facilidad es indicio de una vida sexual poco satisfactoria.
M. Corleone
19-nov-2008, 12:44
Tened en cuenta este dato, porque si las cajas de bombones aparecen vacias con cierta facilidad es indicio de una vida sexual poco satisfactoria.
El microrrelato me ha gustado pero...
Si este axioma final de tu microrrelato fuera cierto (de lo cual dudo, y dudo mucho) mi vida sexual sería muy poco satisfactoria.
En mi caso, los atracones de chocolate no corresponden a pautas predeterminadas, ni tienen relación alguna con estados de ánimo: siempre estoy zampando chocolate.
Por otro lado, a mí S.E. y a mí nos gustan los mismos bombones, con lo cual (siguiendo de nuevo tu teoría) estaríamos abocados al fracaso sentimental, puesto que los que tienen licor o los que tienen chocolate negro siempre se quedan en la caja, esperando a alguien que les dé un mejor destino que la putrefacción por desidia.
Vamos, que como ejercicio de estilo tu microrrelato me ha gustado, pero su base teórica, sus premisas fundamentales no me convencen en absoluto.
Si este axioma final de tu microrrelato fuera cierto (de lo cual dudo, y dudo mucho) mi vida sexual sería muy poco satisfactoria.
Muchos de mis axiomas se basan en mi propia experiencia, nunca espero que la gente coincida con ellos.
En mi caso, los atracones de chocolate no corresponden a pautas predeterminadas, ni tienen relación alguna con estados de ánimo: siempre estoy zampando chocolate.
Entonces hablamos de simple y vulgar gula -que es un pecado capital de segunda, no por ello menos placentero.
Por otro lado, a mí S.E. y a mí nos gustan los mismos bombones, con lo cual (siguiendo de nuevo tu teoría) estaríamos abocados al fracaso sentimental [...]
Enhorabuena.
Vamos, que como ejercicio de estilo tu microrrelato me ha gustado, pero su base teórica, sus premisas fundamentales no me convencen en absoluto.
Esa es la intención primera, un mero ejercicio de estilo, ya habrá tiempo para enseñar las verdaderas lecciones de vida en otro momento y lugar...
M. Corleone
20-nov-2008, 13:01
Esa es la intención primera, un mero ejercicio de estilo, ya habrá tiempo para enseñar las verdaderas lecciones de vida en otro momento y lugar...
¿Me estás tirando los tejos? Porque si la respuesta es afirmativa, que sepas que no hace falta tanta retórica, soy una chica fácil (se hecho ya he me he bajado las bragas).
Ejercicio de estilo
Fermín F. se propuso realizar una notable pirueta verbal, todo un espectacular ejercicio de estilo. Su reto consistía en conseguir escribir de 99 formas diferentes la misma receta de natillas, a base de un preparado de polvos de la marca Royal.
Durante varios días, se mentalizó para poder afrontar la titánica tarea, y fortaleció sus antebrazos realizando complejos ejercicios musculares.
Cuando se encontró preparado, se sentó frente a su Olivetti y, mirando la foto de Proust que presidía la habitación hizo un gesto con la mano, como el que realizan con falsa modestia los vanidosos que fingen querer acallar los aplausos de un público entregado.
Y tecleó. Y tecleó. Y tecleó. Estuvo siete días y siete noches sin despegar su cuerpo de la espartana silla de madera que torturaba sus nalgas y, cuando hubo acabado, se separó de la mesa, y observó el resultado: 99 folios, en los que, con una notable pulcritud, había mecanografiado el mismo texto.
Calentar un litro de leche, menos una tacita.
Mezclar una tacita de leche con el contenido de un sobre de Natillas Royal.
Cuando la leche esté caliente, añadir el contenido de la taza y diez cucharadas soperas de azúcar.
Se puede aromatizar con canela en rama, y espolvorear con canela en polvo.
Presa de la desesperación, comprendió súbitamente que había desperdiciado toda su vida, que tantas loas y alabanzas que regalaron sus oídos en el pasado tenían menos valor que una mosca que muere presa en el lodazal y tomó conciencia de su falta absoluta de talento.
Otra persona tal vez hubiera pensado en diversificar sus esfuerzos, con vistas a obtener un empleo remunerado en el sector servicios, pero Fermín F. no era de esa clase de hombres. Era un tipo de todo o nada.
Y eligió la nada. Partió una galleta maría en dos, y con el lado más afilado y cortante, laceró sus muñecas hasta que manó la sangre a borbotones.
Y allí, en su polvoriente buhardilla de la Calle del Perro, murió Fermín F., junto a sus 99 copias mecanografíadas de la receta para hacer natillas con el preparado en polvo para natillas de la marca Royal.
http://farm1.static.flickr.com/20/72706941_960cac3751.jpg?v=0
http://www.sinsentido.es/media/fotos/99-ejercicios_112.jpg
http://picnic.ciao.com/es/511.jpg
¿Me estás tirando los tejos? Porque si la respuesta es afirmativa, que sepas que no hace falta tanta retórica, soy una chica fácil (de hecho ya he me he bajado las bragas).
Mételas en un sobre y mándamelas por correo urgente...
Han pasado muchos años, pero todavía sueño con ese día.
En mi sueño, todo sucede a cámara lenta y sin embargo soy incapaz de reaccionar de otra manera. Estoy cruzando la calle con mi hijita de la mano, feliz y confiada porque nunca pasan coches por allí. Es un día soleado, tranquilo, perfecto.
Miro a mi hija y me doy cuenta de que tiene un cordón desatado. ¡Es tan despistada a veces! Sonrío y me agacho para atárselo, no sea que se tropiece. Ella me dice algo al oído. Vuelvo a sonreir.
En ese momento lo veo. Un BMW de color blanco que gira y entra en la calle a toda velocidad. 80, 90 kilometros por hora en una zona que debería estar considerada urbana. Instintivamente empujo a mi hija con todas mis fuerzas, para apartarla de la calle. Después solo tengo tiempo de ver el horror en los ojos del conductor, que trata en vano de frenar a fondo y controlar el vehículo. Alzo las manos ante la cara, pero el frontal del coche impacta sobre mi pecho, aplastándolo. Apenas siento dolor, pero se claramente que estoy muriendo. Lo último que oigo es el grito de mi hija, llamándome…
“¡mamá!”
Entonces despierto, sudoroso y sin respiración y con el grito de esa niña en mis oídos. Después de ese día me quitaron el carnet, pero de todas formas no he vuelto a sentir deseos de conducir.
M. Corleone
25-nov-2008, 13:14
La ética del pijama
Mis padres me inculcaron un fuerte desprecio hacia la gente que se ponía el pijama mucho rato antes de ir a la cama. Mi padre, un hombre al que jamás le oí tirarse un pedo, consideraba que estar en casa vestido con pijama (bien fuera anticipandose a la noche o alargando la mañana una vez levantado de la cama) era una cosa de gente maleducada, cochina y de poco fiar.
Estas premisas se instalaron en mi cerebro con más fuerza que una sólida educación religiosa, y jamás las puse en duda. Deambular en pijama por casa era eticamente reprobable.
Pero pasaron los años, y me enamoré de una chica. Tras un breve periodo de mutuo conocimiento (toqueteos en el asiento trasero de un Seat Ibiza, ensaladas con anchoas y algún paseo en moto) decidimos convivir juntos.
Y el batacazo cultural fue de colosales proporciones. Porque ella no se quitaba el pijama hasta bien entrada la mañana, y por las tardes de invierno, según entraba por la puerta de casa, se vestía con un bonito pijama de algodón.
Así que, en consideración al amor que sentía por aquella bella mujer (que hoy es mi esposa) tuve que reelaborar todos mis esquemas mentales, y replantearme la ética del pijama, hasta el punto en que, a día de hoy, soy capaz de permanecer en pijama una hora después de levantado.
Incluso, en ocasiones, cuando me levanto de ese sofá compartido, para ir a miccionar al baño, no tengo embarazo alguno en volver frente al televisor (una vez aliviada la vejiga) con unas delatoras gotas de orina adornando la bragueta de mi pijama.
Pero no creais que todo son avances, y que la mente humana es capaz de transformar los cimientos sobre los que construyó su sistema de valores de la noche a la mañana: abrir la puerta a desconocidos (¿será el cartero?) estándo en pijama, jamás de los jamases. Siento que me miran al pene, y me invade la incomodidad. Los últimos resquicios de la etica del pijama paterna aún laten en mis meninges, y no me permiten cometer semejante osadía, de igual manera que me niego a recibir invitados viestiendo semejante prenda indecorosa.
EL INNOMBRABLE
25-nov-2008, 14:51
Durante toda mi infancia creci tambien junto a ese amor condescendiente a veces y estricto otras, de mi abuela materna. Supongo que eso influyo decisivamente en el hecho incuestionable de que para ella, yo era una especie de santo incomprendido. En definitiva, su nieto favorito.
Ella era una mujer de profundo caracter marcado por la dureza de la vida y una jodida postguerra que la convirtio en fiel devota del culto a la alimentacion basada mas en la cantidad que en la calidad, y en la necesidad imperiosa de fortalecer el organismo a traves de una evacuacion adecuada de los alimentos consumidos. Tenia dos lemas existenciales que jamas olvidare:
"Los pedos son salud" y "los tres mayores placeres que hay en esta vida son, comer, dormir y cagar", (yo siempre pense que deberia añadirse el de follar pero por respeto, nunca me atrevi a mencionarselo).
Ya en mi adolescencia, dejamos de compartir vivienda pero en su triste soledad, recurria a mi humilde compañia en mas de una ocasion, a lo cual debo confesar que trataba de escaparme siempre que podia aunque en ocasiones, mi fragil conciencia terminaba claudicando ante ella.
Recuerdo que trataba de sobre llevar el aburrimiento de la mejor manera que podia. Alguna paja furtiva en uno de los cuartos de baño o la television como ultimo recurso. Aunque tambien existian momentos placenteros como nuestras conversaciones basadas en mis comentarios surrealistas, y sobre todo, las merendolas que me brindaba a base de bollos, (bolicos les llamaba ella), chocolate y refrescantes dosis de Coca Cola.
El peor momento, era cuando se le metia en la cabeza que no podia irme de regreso a casa sin tomar otra dosis pero en ese caso, de evacuol en gotas. Su adiccion a aquel laxante, era casi obsesiva. Supongo que ya no era capaz de defecar sin esas gotas. Y en una ocasion, su insistencia fue tal, que no me pude negar para que me permitiese ir en paz. Debo aclarar que la cantidad de gotas que me administro en un vaso de gaseosa, era sensiblemente inferior a la que ella misma acostumbraba a ingerir.
Esa misma noche, me levante de mi cama sobresaltado y fui corriendo al cuarto de baño para soltar una de las mayores cagadas de mi vida. Entre lagrimas de placer y sufrimiento, maldije no se si al evacuol o a mi abuela pero recuerdo que pense, "si me llego a tomar su dosis de gotas habitual, no lo cuento".
Hace años que murio pero jamas he llorado otra vez pensando en ella, ni siquiera en su funeral.
Ella era mi abuela, mi querida abuela y yo su nieto favorito.
P.D. - Alla donde estes, te mando un fuerte abrazo pero si alguna vez nos volvemos a encontrar, te advierto que nunca mas volvere a tomarme, el evacuol.
Realmente vivimos con temor al tiempo muerto, porque una vez liberados del trabajo, las obligaciones familiares y demás, en cuanto nos queda un hueco en la agenda, hay que llenarlo de actividades. De hecho remolonear en la cama es el lujo de perder el tiempo que el pecado de la pereza.
La cosa empieza con la decisión de que ese espacio que queda entre la sábana bajera y el edredón, que ocupa tu cuerpo, es lo más parecido al paraíso en la tierra y que vale la pena quedarse un ratito más -ese margen de tiempo oscila entre una hora y un fin de semana completo. Te aseguras que el despertador no vuelve a sonar, que los crios están pasando el fin de semana con tus suegros y que no estás apurando tus últimos momentos de vida. Te das media vuelta con un suave ronroneo y si tienes suerte soñaras.
Los sueños que se dan en esta situación suelen ser extraordinariamente vívidos y son parecidos a una pelicula de serie Z (mal dirigidos, peor montados, abundancia de sexo y violencia gratuitos, media de espectadores uno). Estudios cientificos han llegado a la conclusión que esto ocurre porque el aire viciado que queda ahí dentro tiene unos efectos similares a esnifar pegamento.
Puede que en ese tiempo surjan necesidades varias, tranquilos. Si entreabris los ojos y dejais vuestra mente en "stand by" podeis ir al baño, prepararos un desayuno rápido o mandar al carajo al que acaba de llamar por el interfono y se ha equivocado de piso; todo ello a tiempo para volver a vuestro lecho cuando todavia conserve algo de calor residual, porque si cuando volveis está frio ya no es remolonear, es echarse una siesta.
Si bien a priori es buena idea remolonear en pareja hay que tener en cuenta ciertas consideraciones. Que tu pareja se quede en la cama no es garantia que el calor se conserve más tiempo, de hecho puede que se enfríe con más rapidez de la habitual en el momento que meta los pies -los cuales usarán sus detectores de calor para arrimarse a la fuente más cercana, generalmente tú. También cabe la posibilidad que aprovechando una distraccion se adueñe de la parte central de la cama y de una buena porción del edredón, haciendo que te enfries y no tengas más remedio que levantarte de la cama y dejar de remolonear.
Quizá por eso el remoloneo y la masturbación, pequeñas parcelas de egoismo, sean placeres que se dan la mano.
El final se precipita inevitablemente cada segundo inexorable.
Cada día el mismo menú: Por la mañana bollos, hamburguesas al mediodía y por la noche pizza. La comida basura ha irrumpido en su vida, colapsando sus arterias y su cerebro. Ahora la muerte nos acecha a ambas.
El infarto para ella.
La condenada putrefacción que siembra el caos en la nevera, para mí.
La señora zanahoria hace mucho que perdió su color y firmeza. Es duro ser verdura en un mundo obeso.
Pero yo resisto. La bruja lo dejó claro: Solo seré libre si mato a Blancanieves.
Título largo para microrrelato corto:
Crónica de la incertidumbre existencial ante las grandes cuestiones de la vida, como pueden ser "¿Le gustaré?", "¿Aprobaré el examen?" o "¿Me va a tocar la lotería?", desde el punto de vista antropológico-entrópico-filosófico, y de las consecuencias que directamente o indirectamente, de ellas se derivan.
NO
- Me doy cuenta de que ya echo de menos a mi mujer y a mis hijas.
- ¿Se siente culpable?
- En absoluto. Pero querría. Desearía sentirme mal por todo lo que perdí, pero soy incapaz. ¿Eso me convierte en un monstruo?
- No. Usted no es un monstruo. En realidad usted no ha perdido nada. El hecho de que esté aquí, hablando conmigo, le demuestra que tarde o temprano volverá a encontrarse con ellas. Ellas no pueden tener esa certeza. Son ellas las que le han perdido a usted.
- ¿Las volveré a ver?
- Por supuesto.
- ¿Y eso no es triste?
- La muerte, amigo mío, no es triste. Es inevitable.
Antoine du Gilepoix decidió que no quería seguir viviendo. Los médicos decidieron que Antoine Du Gilepoix tenía que seguir viviendo y le inyectaron el alimento en forma de suero intravenoso. Pero Antoine Du Gilepoix seguía decidido en no querer seguir viviendo. Su cuerpo entró en coma, y sus pulmones dejaron de funcionar. Los médicos decidieron que Antoine du Gilepoix debía seguir viviendo, le clavaron un tubo en el cuello y lo enchufaron a una máquina.
La batalla duró seis meses, y Antoine despertó débil y aturdido. En cuanto pudieron le despacharon con un alta y un saco de pastillas.
La luz del día volvió a ver a Antoine Du Gilepoix.
Sin dinero, sin casa, sin familia y sin conocidos, horrorizado ante la imposibilidad de perfilar ningún futuro para él, Antoine volvió a decidir en la puerta del hospital, que no quería seguir viviendo, pero seis meses de coma, y tres de rehabilitación le habían limado el carácter. Su determinación y su valor de antaño, habían desaparecido por completo.
Llegaba tarde, tenía que cambiarme y el maldito borracho barrigudo seguía en la puerta, poniéndome nerviosa, con esa sonrisa torcida que pretendía ser triunfal, y no pasaba de patética. Mientras intentaba vestirme, el imbécil seguía todos mis movimientos con mirada de energúmeno. Le insulté. Le dije que se fuera, que me dejara en paz, y como única respuesta obtuve repugnantes jadeos lascivos.
Al final, llegué a mi cita alterada y desaliñada.
Y herida.
Me destrocé a cortes los nudillos intentando agredir al espejo.
M. Corleone
05-dic-2008, 09:23
Llegaba tarde, tenía que cambiarme y el maldito borracho barrigudo seguía en la puerta, poniéndome nerviosa, con esa sonrisa torcida que pretendía ser triunfal, y no pasaba de patética. Mientras intentaba vestirme, el imbécil seguía todos mis movimientos con mirada de energúmeno. Le insulté. Le dije que se fuera, que me dejara en paz, y como única respuesta obtuve repugnantes jadeos lascivos.
Al final, llegué a mi cita alterada y desaliñada.
Y herida.
Me destrocé a cortes los nudillos intentando agredir al espejo.
Soy asiduo lector de tus microrrelatos. Me gustan.
Pero, como si esto fuera el casting de "Fama", te voy a pedir que cambies de estilo de baile.
Me gustaría leer uno que no tuviera sorpresa final, un relato que no estuviera creado en función de un desenlace más o menos sorpresivo, sino que el relato en sí fuera el objeto del disfrute del lector.
Vamos, si esto fuera cine, te diría que probaras con algo tipo "Una historia verdadera", frente a algo como "El sexto sentido".
Ok. Voy a complacerte... Pero el de Antoine du Gilepoix no tiene sorpresas...
M. Corleone
05-dic-2008, 09:32
Ok. Voy a complacerte... Pero el de Antoine du Gilepoix no tiene sorpresas...
Tienes razón. Y por eso es de los que más me gusta.
SENTIDO DEL HUMOR
El siete de agosto de 1973, dos chicas discuten en una habitación. Una de ellas intenta convencer a la otra de que tiene que distraerse para olvidarse del chico que la acaba de dejar. Finalmente la convence para ir a una fiesta que se celebra en una cala del pueblo. En esa fiesta la chica pierde su virginidad acompañada de un chico del pueblo de al lado al que acaba de conocer. Durante tres meses mantienen una relación sexual trepidante, y finalmente, cuando descubren que la chica está embarazada, se casan. Ambos son chicos alegres, hermosos y con mucho sentido del humor. Además se quieren.
Tres meses después, en su nuevo piso, pagado por sus padres, observan entre risas, en una ecografía, el evidente signo de que esperan un varón. Acaban de decidir el nombre de la criatura.
Ocho meses después, una iglesia entera intenta disimular las carcajadas, ante un cura, que está mojando a un bebé con agua bendita. El chico se llamará Alfonso. Alfonso, hijo de Clara Derecha y Felipe Hala.
Durante veinticinco años ha tenido Alfonso Hala Derecha que aguantar las bromas y pitorreos de compañeros de clase, maestras y conocidos, en general. Veinticinco años sin vida social, sin amigos y odiando profundamente el sentido del humor de sus padres. Ahora ha decidido cambiarse el nombre. Tras más de diez minutos de risas en la ventanilla de información en el registro civil, la chica le dice a Alfonso que necesita a tres testigos para modificar su identidad. Deprimido, Alfonso se retira. No conoce a tres personas.
Tres semanas más tarde un tipo entra en una charcutería con un pasamontañas y una escopeta. Tres señoras y una niña mueren. El charcutero se queda paralítico de cuello para abajo, y un niño se hace un corte en una ceja.
Doscientos kilómetros al sur oeste, la señora Derecha llora. Su marido acaba de dejarla por otra. Precisamente ahora que le acaban de diagnosticar cáncer de pulmón y le quedan pocos meses de vida.
El tipo amenaza, navaja en mano, con enmorunarme. Me sienta de un empujón y me ordena:
- ¡Escribe!
No trabajo nada bien bajo presión, pero trabajo peor muerto así que obedezco. El colgado quiere que escriba un microrrelato cuyo final no tenga un giro argumental. Improviso sobre la marcha, con la idea de que, si al principio del relato, describo la amenaza inicial, desaparece el elemento sorpresa.
Él no está de acuerdo.
Escribo estas últimas palabras mientras me desang
El tipo amenaza, navaja en mano, con enmorunarme. Me sienta de un empujón y me ordena:
- ¡Escribe!
No trabajo nada bien bajo presión, pero trabajo peor muerto así que obedezco. El colgado quiere que escriba un microrrelato cuyo final no tenga un giro argumental. Improviso sobre la marcha, con la idea de que, si al principio del relato, describo la amenaza inicial, desaparece el elemento sorpresa.
Él no está de acuerdo.
Escribo estas últimas palabras mientras me desang
:joker:
Me ha encantado.
Pandora
09-dic-2008, 23:53
El otro dia me toco por fin, el corte de pelo. Supongo que ya iba siendo hora, pues creo recordar que desde principios de año no me lo habia vuelto a cortar. Aunque mi record fue una vez en que me tire alrededor de año y medio sin cortarmelo. Recuerdo que aquellas greñas sumadas a seis meses seguidos sin afeitarme, tuvieron mucho que ver en que mas de uno me confundiese por aquel entonces con Jim Morrison en su epoca final, cuando se tomaba todos los dias una botella de whisky para desayunar. A mi al menos, ese brebaje demoniaco solo me apetecia tomarlo mezclado con Coca Cola en mis tiempos de juerguista discotequero.
Cuando era niño odiaba tener que cortarme el pelo. Me quedaba con un look mezcla entre niño bueno y pardillo que me hundia por completo. Al dia siguiente de pasar por las manos y tijeras del barbero, caminaba cabizbajo hacia el colegio muerto de verguenza. Y lo digo en sentido literal, pues realmente no quitaba los ojos del suelo en aquel largo trayecto desde mi casa al colegio.
Luego llegaban los tipicos vaciles de los compañeros hasta que por fin se acostumbraban a verme con mi nueva apariencia y la normalidad se iba reincorporando a mi rutina habitual.
Volvera a pasar un tiempo hasta que mis amadas greñas regresen a mi. Pero de momento, seguire comprobando como la dependienta de la seccion de charcuteria del super se me queda mirando de reojo, o la de la panaderia me consuela diciendo que se me ve rejuvenecido. Mi madre por supuesto, seguira repitiendome esa frase que tantas veces he escuchado de que,"xa por fin pareses un home".
Y supongo que las viejas al verme pasar por la calle, dejaran de asustarse al ver como se acerca por la acera un tipo de 1'90 con un melenon, mientras se agarran con firmeza el bolso o la cartera donde guardan el dinero de la pension. En el fondo soy un buen chico aunque ellas nunca lo sepan.
Eso me recuerda una anecdota que me sucedio hace años...
Habiamos ido mis colegas y yo de borrachera y no se nos ocurrio otra cosa que meternos en un cementerio a tomar la ultima a la salud de los difuntos. Recuerdo que cuando terminamos aquella especie de aquelarre etilico, nos fuimos todos en desbandada saltando de nuevo los muros de aquel cementerio.
Estando todavia bajo los efectos de la borrachera, me perdi yo solo por una calle y decidi echar a correr para recuperar la pista del resto de mis compañeros profanadores de tumbas. Divise a lo lejos una vieja vestida completamente de negro que probablemente venia tambien de visitar aquel cementerio, aunque supongo que llevando flores en vez de litronas.
Cuando se dio cuenta de que un tipo alto y melenudo venia aproximandose a la carrera por aquella estrecha calle, esgrimio una expresion de panico semicontenido y tambien comenzo a correr de manera desesperada. Al ser testigo directo de aquella escena tan surrealista, no pude seguir corriendo por culpa del ataque de risa que me entro. Recuerdo que cuando recupere el aliento entre risas acompasadas, me dije a mi mismo,"tengo que cortarme el pelo o al menos dejar de privar en los cementerios".
En fin, el caso es que el otro dia volvi una vez mas a recibir un corte de pelo y cuando sali de la peluqueria, volvi tambien como siempre a perderme por otra calle cualquiera hasta la proxima ocasion, con la mirada perdida en el suelo.
M. Corleone
10-dic-2008, 11:59
:joker:
Me ha encantado.
Acabo de leerlo, Shaki. A mí también me ha encantado. Gracias.
Y el de Alfonso Hala Derecha también me ha gustado mucho, si bien creo que, de nuevo, el cuerpo del relato es mejor que el final que le planteas.
Pero escribes bien, me gustan tus microrrelatos.
M. Corleone
10-dic-2008, 12:10
"El pollito Arroz"
- ¡Todos los días la misma canción! ¡Todos los días, ya no lo puedo soportar! Algún día cogeré ese xilófono y lo tiraré por la ventana... – murmura entre dientes Salisbury. Se pasea arriba y abajo, con pasos rápidos, sonoros, mientras acaricia frenético su reloj de bolsillo, que ha perdido su brillo en la zona en que el pulgar lo frota compulsivamente. El bolsillo del traje marrón también delata la manía, la obsesión por ese reloj, que ha dejado un rastro de bolsillo raído, de puños deshilachados, tanto ir y venir de la mano.
- ¿Por qué no tocas algo más divertido? Por ejemplo, hace años que no tocas alguna de las canciones de Zaska El Payaso, con lo mucho que te gustaba cuando eras pequeño... – la boca se le va llenando de ira a medida que cada palabra cruza la estancia. Aprieta los puños, en un vano intento de contenerse.
- Además, nunca tuviste realmente un talento musical, al menos según el significado que talento tiene para mí. Porque talento es crear, no simplemente repetir una y otra vez lo que a otra persona le costó meses, tal vez años de trabajo conseguir. Aunque, claro, me olvidaba, esa composición que tanto te divierte, no debió costarle al bueno de Pier Luigi Bagatella más de diez minutos, contando lo que tardó en ir a la tienda a comprar el pentagrama...
Mientras tanto, Pibody continua con el repiqueteo de las piezas de madera, la baqueta ágil, que golpea sin descanso el instrumento, haciendo brotar de él la misma melodía una y otra vez, sin descanso.
- Y yo me pregunto ¿por qué diablos no escogiste la Novena Sinfonía de Beethoven? Al menos no oiría su comienzo cada 20 segundos, que es lo que tardas en tocar completa esa pieza, ese infame homenaje la mediocridad. “El Pollito Arroz” – escupe el título de la canción con un tono en el que se palpa el desprecio, pero también el hastío, la náusea- ¡si hasta el nombre es ridículo!
Pibody no levanta la vista de los listones de madera. Podría perfectamente alzar la mirada del xilófono y seguir tocando. Lo ha hecho cientos de veces, cuando Salisbury no está allí para verlo. Pero no quiere desvelar su pequeño secreto, porque entonces tendría que mirar a los ojos de su interlocutor cada vez que le habla, y este pequeño gesto sería el fin de la melodía: vería su congestión, su gesto crispado y, lo que es peor, tendría que fingir que le presta atención. Y no piensa concederle esa ventaja. Porque si algo tiene claro es que Salisbury es Su Enemigo.
-Porque, como sin duda sabes –continúa Salisbury, todavía muy lejos de haber terminado su habitual monólogo- la duración de los discos compactos, esos que se oyen gracias al láser, se determinó en base a la versión más larga de las muchas que había en su momento grabadas de la Novena Sinfonía de Beethoven.
Salisbury continúa hablando sin cesar, como cada mañana, pero Pibody ya no le escucha. ¿Porqué iba a hacerlo? Todas las mañanas los mismos reproches, la misma rabia contenida. Si hay que escuchar algo que uno ya conoce, mejor escuchar la canción del Pollito Arroz. La melodía sencilla, la letra perfecta:
Estaba el Pollito Arroz
Estaba comiendo arroz
El arroz estaba caliente
Y el pollito se quemó
¡La culpa la tienes tú!
¡La culpa la tienes tú!
Por no poner cuchara,
cuchillo y tenedor.
¡Chin Pon!
Aún con evidente principio de podredumbre, la manzana se podía comer. La última manzana. El tío Carmelo comienza a deglutirla, entre lágrimas y avidez, con alguna esporádica gárgola dibujándosele, cuando el amargo-moho vence al dulce-manzana. Devora piel, carne, corazón, huesos y hasta el rabo. Y cuando la manzana, la última manzana, desaparece, finalmente, de entre sus macilentos y temblorosos dedos, el llanto, antes templado y comedido, se convierte en cataratas Victoria, y opereta de soprano. El tío Carmelo cae al suelo, se tira al suelo y se rinde.
Con interés profesional, y navajazos de dolor moral, contempla la escena de la manzana el tío Feliciano. Félix para la abuela. Psicólogo de oficio, la comprensión del comportamiento y de la mente en situaciones extremas es, en su pedante boca, francamente apasionante. Aunque, profesionalmente, el tío Feliciano se encuentra incapacitado para juicio alguno. Él acabó con la penúltima manzana, y el hambre y la locura le impiden pensar con claridad. Sentado en el suelo y apoyado en el tabique cal, mira con suficiencia y aires de superioridad a su hermano, sonrisa torcida de ironía en los labios cortados, sangrantes.
- Idiota – Le grita. – Llora inútil, tonto de las pelotas.
Apartados, en el suelo, los niños se abrazan. Ella duerme con una sonrisa de felicidad en la boca, sueña, o delira, manzanas rojo sangre, manzanas amarillo canario, manzanas verde rana. Él hace horas que no se mueve y su piel es ya azul muerte.
El tío Carmelo deja de llorar. Ignora el desprecio constante del tío Feliciano, porque una nueva esperanza asoma la nariz de queso por el quicio de la puerta de la demencia. Asado de lechón azul. Se pone de pie, y se pone en pie. Tambaleándose a cada paso, camina, inexorable y dolorido, hacia los niños, de mortuoria quietud. El tío Feliciano adivina las intenciones de su hermano y abandona momentáneamente la mofa, para vitorear su cárnica idea con precoz salivera.
El instinto de supervivencia zarandea a la niña, sacándola de sus frutales sueños, dulces visiones. Primeros segundos de desorientación, luego dolor de hambre y al final terror, de ver montículo de huesos con aspecto de caricatura del bueno del tío Carmelo, ojos perdidos en millones de años de desquicie evolutivo, arrojarse hacia ella, a paso lento, vacilante pero inexorable. Ninguna fuerza de la naturaleza podrá detenerles ni a él ni a su maldad. La niña intenta ponerse en pie, pero las rodillas tiemblan y la gravedad gana fuerza cuando colabora con el hambre. Hace muchas manzanas que los malvados tíos no dejan manzanas para los famélicos sobrinos.
Entre negros dientes, el tío Feliciano ríe de gozo. De felicidad.
Y el tío Carmelo se planta frente a los niños. Agarra de una pierna al niño muerto y con una mano lo levanta para comprobar su peso. Mira a su hermano sonriendo y balbucea:
- Con este tenemos para una semana – Y girándose a la sobrina – Esta noche comerás caliente, cariño.
Una lágrima resbala por la mejilla de la niña. El miedo se ha convertido en absoluta ilusión. Una franca sonrisa de felicidad se dibuja en sus labios azules. Se acabaron las manzanas, hoy hay carne.
Nadie duda del completo valor nutricio de las albóndigas de la Montse. Así al mediodía, se reúnen en su bar, famélicos parroquianos a rebañar con pan tan exquisito y asequible, como monótono menú.
En estas lides me encuentro, cuando ante mí se planta Miguel el Óxido con su sonrisa plateada y su guitarra al hombro.
- Tócate algo Miki.
Le increpo en mi pose de duro, mientras trago una albóndiga, más por ganar tiempo que otra cosa. Por aquí todo el mundo sabe que el Oxidado solo le da a la cuerda cuando va de vientre. Tocar le inspira la mierda, mientras que el cagar le convierte en virtuoso flamenco. Dice la leyenda que estuvo tres meses sin obrar, el día que, de vieja, la caja de su guitarra se rompió y perdió su acústica. Al final pesaba más de ciento cincuenta kilos y vomitaba todo lo que comía. La hubiera diñado de no ser por la adopción mecénica de Muriel, que le compró una guitarra y se lo trincó hasta quedar seca ella, seco él. Desde entonces Miki Oxidado, le debe la vida, y la esbelta figura. La presencia del Óxido en el bar de la Montse no puede augurar más que problemas para mí. Rechacé una vez los prietos muslos de Muriel, y no seré nunca bien recibido ante ella ni su harén de secuaces.
- Muy gracioso, chico listo.
Imposible la evasión rápida. La mesa que está junto a la entrada está ocupada por Tomás Chatón y el gordo Humberto, que aprovechan la situación para meter sus manos grasientas bajo la falda y dentro del sostén de la Montse, que se ríe sin ganas, intentando zafarse del acoso.
- ¡Parad tontuelos! Os convido a unas almóndigas.
- Ahora no, preciosa. Estamos trabajando – dice esto señalándome, dándome a entender que sus lujuriosos trabajitos no les distraerán de impedirme la salida.
El gordo, es hermano de Muriel. Es un poco inútil, algo retrasado mental, pero la sangre hace milagros. Además es inmensamente fuerte, lo que le hace un compañero inapreciable en las peleas. En el fondo, Tomás Chatón, le aprecia más que por obligación. Se lo pasa bien con él. Disfruta de la crueldad gratuita de la que el Gordo Humberto rezuma, así como del sexo salvaje que su hermana practica.
- Veo que te has traído a tus genios- le digo. Visto que la evasión es inviable, me declino por un diálogo tranquilo, a ver si me entero que quieren de mí. O que quiere Muriel - ¿Necesita algo de mí, tu jefecilla ninfómana?
El Óxido me sujeta de la corbata, pone su hedionda jeta a la altura de la mía y me susurra.
- Te traigo un mensaje de su parte.
Su aliento apesta. La dentadura que pretendió ser de plata, está ya tan oxidada que se cae a trozos cada vez que habla. Alguno que otro va a parar a mi ojo, cosa que, aparte de provocarme un dolor terrible y contumaz, me incita una repugnancia que me esfuerzo en no demostrar, manteniendo mi pose de tipo duro.
Corto un nuevo trozo de albóndiga, y me lo llevo a la boca. El resto de la parroquia del bar de la Montse ha ido desapareciendo tímidamente, para no meterse en líos, ya que todos conocen la fama de los secuaces de Muriel. Algunos se han llevado envueltas en unas servilletas de papel las albóndigas que no han podido acabar, pues el hambre a veces puede más que el miedo. Mientras tanto Tomás Chatón y el gordo Humberto siguen jugando con la pobre Montse que está aterrorizada. El gordo se ha bajado los pantalones y se masturba en la pierna de ella. Tomás se ríe a carcajadas.
El Oxidado se está subiendo de pie sobre mi mesa. También se está bajando los pantalones. Y empieza el concierto. Las notas de la guitarra surgen como por casualidad, y crean la sinfonía flamenca más emocionante que yo haya escuchado nunca. Me saltarían las lágrimas si no fuese porque a la par del jacarando, las heces se van precipitando sobre mi plato.
Aún no había terminado. Me gusta mojar pan en la salsa de las albóndigas, siempre lo dejo para el final, y el muy cabrón se está cagando en ellas.
- Ahora te lo comes – Me dice sonriente Miguel el Oxidado, aún de pie sobre la mesa.
Me pongo de un salto de pie, intento desesperado de huída precipitada, en la esperanza de que ocupados Tomás Chatón y el gordo Humberto en la exploración de las virtudes no culinarias de la Montse se olviden de mí. Pero son mejores secuaces de lo que aparentan, y se ponen de pie, ellos casi antes que yo.
- Será mejor que te acabes las almóndigas antes de levantarte de la mesa si no quieres que te castiguemos sin recreo…
Me siento. Cuchillo en la derecha. Tenedor en la izquierda.
Por supuesto no tengo intención de comerme una mierda recién cagada. Con todas mis fuerzas clavo el cuchillo y el tenedor en los pies del Óxido. Pasan varios segundos hasta que se da cuenta de lo que pasa. El dolor tarda un tiempo en sentirse. Tiempo que aprovecho para retorcer el tenedor en el pie izquierdo y ensañarme con el cuchillo en el pie derecho. Los secuaces apartan de un empujón a la Montse, que cae al suelo, y sacan sus pistolas. Demasiado tarde esta vez. He tenido tiempo de volcar la mesa con el Óxido clavado por los pies sobre ella. Cubierto así, y poco a poco, me arrastro hacia la barra. El Óxido aúlla de dolor, y otros dos, no saben que hacer, incapaces de disparar sobre la mesa, por no darle a su compañero.
LUCY
De Marcus Soemaní. Kuala Lumpur. 2009. Título original: Lucy takes drugs. Animación. AVENTURAS ANIMADAS. 296’.|||
Lucy es una luciérnaga con sobrepeso e incómodas dificultades intestinales, que vive tranquila en su charca, iluminando el cielo cada noche. Pero esa paz se ve azorada el día en que su cola se apaga misteriosamente.
Este es el relato del viaje de Lucy por el País de las Pilas Alcalinas para encontrar una solución a su problema antes de que el Comité de Exterminio de Insectos Tarados acabe con ella. En su camino conocerá a alegres personajes como Bubba, la botella biodegradable de lejía (con quien Lucy mantendrá una tórrida aventura sexual), siempre dispuesta a cantar una horrible canción o los simpáticos hermanos Garibaldi (con quien Lucy mantendrá una tórrida aventura sexual), extraterrestres armados con su arma más mortal, el Torrijator 6000, que han venido al planeta de Lucy para exterminar a todos sus habitantes.
Todos ellos emprenderán una mágica aventura repleta de diversión y entretenimiento para toda la familia, hasta, al fin, descubrir que lo verdaderamente importante es el dinero.
M. Corleone
16-dic-2008, 09:08
Estaba yo pensando "a ver cómo se las arregla este señor para dar un buen carpetazo a este relatito"...
hasta, al fin, descubrir que lo verdaderamente importante es el dinero.
Lo mejor del microrrelato es este final, sorprendente (pero no), genial, pero simple, irónico (pero no), cortito y corta céspedes.
Gran final, sí señor.
DESPERTAD
Un rayo de luz atraviesa, osado, el falsamente impenetrable muro de los párpados. El proceso de despertar es un elaborado ejemplo de la complejidad infraestructural del cuerpo humano. Durante minutos, el cuerpo se devanea entre la vida, el despertar, al que se aferra como un hierro al rojo el instinto de supervivencia, y la muerte, el bienestar del lecho, del sueño eterno, del descanso merecido. La muerte del sueño, perder la vida por la negación al despertar debe de ser la muerte más dulce. También la más deseada derrota. Pero nadie quiere ser derrotado. El afán de victoria, la competitividad y la genética que se empeña en conservarse nos asegurarán que en cuanto salga el sol, nuestros ojos volverán a verse abiertos, si tal cosa no fuese una estupidez. Siempre que la fortaleza de nuestra voluntad sea suficiente para anhelar la vida, o demasiado escasa para atrevernos a aspirar a la muerte será, ésta, otra batalla ganada en la interminable guerra diaria, inútil en el sentido bélico, pues todos saben de antemano quien acabará ganando la última batalla, la definitiva. Incluso así, vivir, se convierte día a día en un pequeño triunfo al despertar. Tal vez, si la memoria fuese más veloz que la luz, si antes de despertar pudiéramos recordar lo que nos espera al hacerlo, menos despertares habría.
No habrá muerte en este ojo que se abre, por hoy, solo despertar. Confuso despertar.
Tampoco hay recuerdos. Pasados los pocos minutos habituales entre el despertar físico y el cerebral, el cuerpo comienza a plantearse preguntas que a gran velocidad la mente se empeña en contestar. Los ojos, contemplando el cielo ante ellos, no pueden disimular la mirada de estupefacción que les provoca no contemplar el acostumbrado techo de cada día. Y el cerebro se siente impotente. Incapaz de encontrar respuestas. Escudriñado ya todo el archivo de recuerdos, sin resultados positivos, a las frustradas neuronas solo les queda la opción de sondeo exterior, probablemente si tuviesen orgullo se lo sentirían dañado al tener que desistir en una investigación y cedérsela al torpe e ineficiente departamento de los cinco sentidos. No hay orgullo, solo necesidad, así que se envía la orden: “mira, oye, toca, huele, siente. Y si encuentras algo de comer, prueba, que algo nos dice que hace mucho que no nos saciamos. ¡Y por el amor de dios! Enderézate de una vez, perezoso, que hay trabajo”
¡Oído cocina! Inútil sería explicar el, ya repetido hasta la saciedad, proceso burocrático entre cerebro, neuronas, espina dorsal, mas neuronas y músculos. Aminoácidos en calidad de formularios, y documentaciones varias en sales minerales, fósforo e hidrocarburos. Como un engranaje perfecto, impecable, la obra maestra de la creación, el cuerpo se movió, empujado por la mente, telequinesia interna, hasta conseguir, con precisos movimientos aunque aún vacilantes, atontados por el sueño, sostenerse sobre los pies, erguido, sobre el suelo. Y en este preciso instante, la dualidad cuerpo/mente a la que el despertar nos tiene acostumbrados, fue, al fin, fusionada en un solo ser, en el estado en el que la diferencia entre el cuerpo y la psique no es más que una teoría filosófica o religiosa.
Así que, uniendo fuerzas cuerpo y alma, alma y cuerpo. Todo está a punto para la misión de reconocimiento que ha sido antes encomendada, no se sabe ya bien quien la encomendó, pues, como acabamos de ver, el sistema gubernamental del sujeto al que nos venimos hasta aquí refiriendo, acaba de cambiar de forma radical. Al final resultará que no importa quien de la orden, siempre que la orden sea lógica. Y obviamente es lógico y necesario averiguar que razones existen para estar durmiendo a la intemperie cuando todos tus recuerdos finalizan en una confortable almohada y un poco confortable aunque ya conocido, y acostumbrado el cuerpo, colchón.
VIDA SOCIAL
Encadenado al camino más largo entre todas las rectas del mundo el señor alfa decide protestar por el destino infame que le toca soportar. No es que tenga miedo ni que le den asco los elefantes, sino que no soporta tener que darle más coba de la necesaria a la América que todos conocemos. Es fácil suponer que tampoco importa demasiado en que sentido se avance si de todos modos tampoco se va a avanzar demasiado, pero hay que reconocer que si menos, es desolador, siempre eterno. Las vidas ajenas son como éter del que no se quiere despertar, pues el cántico infantiloide de hadas sodomitas, y cantares del buen pastor, no hacen más que repugnancia. Miedo y asco en el frasquito de mermelada para adultos, panegírico del maltratador psicológico. Y luego vienen los jefes de botas altas, cinturones a rayas y puros a topos. El volumen es atronador, decibelios en vena. Desmenuza. Mezcla. Calienta. Sube el émbolo. Pincha. Baja. Sube. La sangre se mezcla con la música. Inyéctalo todo. Concierto en la menor, op. 54 de Schuman por vía rectal en deliciosas cápsulas resinosas. Y mientras, la música suena a desconcierto general. El chasquido del látigo cesa de golpe, y el joven de barba llameante y cigarrillo negro, recalcitrante, grita a esputos que nos va a matar a todos, que nos odia y que nos ama. Saca bardeo tamaño cinemascope y se taja una mejilla.
Subido a lomos de la barra, que hace las veces de atril, un caballo de a dos patas, con cara del flaco del gordo y el flaco nos anuncia demencia senil y un par de cabellos de su cola. Las guitarras hacen cetas y más cetas y más cetas y más cetas. Contentas por tal hallazgo, desprecian la música clásica. Vivan los clásicos eternos del rock’nd roll.
Pero ya nadie las escucha. Peor. Ya nadie está. La roja oscuridad lo envuelve todo.
La fina lluvia, persistente, acompaña como una extraña banda sonora el instante, dejando su susurro rumor acariciar el suelo. Y como elegante cortina de agua, distorsiona la luz de la ciudad nocturna, quebrando así la imagen en miles, quizá millones, de reflejos a través de los cuales, se muestra, de forma inexplicable, el poder infinito del agua, frente a la ridícula jactancia del ser humano hacia su patética creación. Aún así, quedando de manifiesto la miserabilidad del hombre, resultará maravilloso contemplar el paisaje que el agua nos muestra a través de su telón, como en el escenario de una obra de teatro con infinitos ojos fugaces, que son gotas de un instante, que, al tiempo que ejercen su función de decorado, observan y contemplan la inexplicable obra de la vida y del amor.
Allí está ella. Huyendo discreta pero rápidamente mientras intenta domar su frágil paraguas de varillas rotas ante la inclemencia temporal que lo empuja a la fractura. Se la ve resuelta, decidida, precipitando a cada paso el ritmo de su marcha, como si en salvar su resquebrajada dignidad le fuese su empeño. Y seguramente le vaya en ello. Lucha por recomponer el paraguas como coartada para no tener que pararse recomponer su malherida compostura, sin embargo esta lucha no tardará en convertirse en su perdición: las varas que aún estaban enteras comienzan a doblarse amenazantes, por lo que el viento, tan sabio como traicionero, no debemos juzgar por petulancia de especie que nuestra sabiduría, la del hombre, ha de ser única, ni mejor, por ser diferente a las demás sabidurías de la naturaleza, decíamos, por ejemplo, la del viento que por ofrecernos dramatismo a la escena quiso bromear, en tal inoportuno momento, con la muchacha, soplando un último y malicioso ataque, destrozando así, finalmente, el único escudo que la protegía de los medios externos hostiles además de, demostrado al fin queda, sabios y traicioneros. Un paraguas roto no tiene gran importancia, aún con el temporal del momento, no sacaría más que algún tímido gruñido de molestia al ser más susceptible y quisquilloso, por lo que sería sencillo extrañarse de que la muchacha lance con tanta vehemencia el ya inservible paraguas contra el suelo, dándole inmediata oportunidad a la lluvia a empaparla de arriba abajo, remarcando, así de paso, que la lluvia tampoco es carente en deseos, sus delicadas formas, no habíamos resaltado aún, injusta fue la demora, la asombrosa y a la vez sencilla belleza de la contrariada mujer.
Allí está él. Plantado, incapaz de mover un músculo, a pesar de que la lluvia lo devora desde hace bastante rato. Observa fascinado cómo, cada vez más lejos, la muchacha va luchando contra el paraguas, contempla cómo éste se rompe finalmente, y cómo, junto al paraguas se rompe la serenidad de la chica, que acaba por lanzarlo contra el suelo con rabia irracional. Él, sin embargo, sabe más que nosotros. Sabe que no es el paraguas, ni siquiera es mojarse, hecho que en cualquier otro instante de su vida la hubiese hecho gritar de felicidad, lo que la alteró de aquella forma. En cierto modo se siente responsable del dolor de ella, y eso le impide dejar de contemplarla.
Tal vez mañana, cuando la lluvia haya amainado, y con un chocolate caliente entre las manos, una manta sobre las rodillas desnudas y observando el paisaje de la ciudad desde la ventana de su habitación, quizás en ese momento la muchacha comience a pensar que no es tan grave su situación. Incluso puede que tímidamente esboce una ligera sonrisa. Solamente con eso, la exigente lluvia se dará entonces por satisfecha, y algún tímido rayo de sol asome entre las grises nubes de la mañana. Nadie dijo nunca que las normas de inteligencia de la naturaleza fuesen simples, por lo menos, no tan simples como para el estúpido humano pueda siquiera soñar en compararlas con las suyas.
Tal vez mañana, con treinta y nueve de fiebre, tiritando en la cama y sudando de dolor, el muchacho, continúe atormentado con la imagen de su amada, no nos ha podido ocultar por mucho tiempo que la ama, luchando contra los elementos.
Sin embargo, de momento es hoy, y la muchacha, ya sin paraguas, continúa su marcha bajo el agua, mientras él la observa alejarse de su vida.
Al fin, así, los deseos de la lluvia se ven satisfechos, pues resbala por entre los rincones de los cuerpos de los muchachos, podríamos permitirnos decir que se trata de un único cuerpo si no fuera porque están cada vez más alejados.
Insistente y presumido, el cadáver, pasea impunemente por mi tejado. Ayer hablé con él:
- ¿Qué quieres de mi tejado?
- Nada… Es un tejado ¿no?
- Pero no me dejas dormir.
- Créeme. Te hartarás de dormir cuando te toque a ti.
Luego le disparé. Rosario, mi hermana, intentó persuadirme:
- No puedes matar a un muerto.
- ¿Quién dice que no?
- Si ya está muerto no puede morir ¿no?
- ¿Quién dice que no?
- …
- …
- ¿Cuántos muertos conoces que hayan vuelto a morir?
- ¿Cuántos muertos conoces?
Eso zanjó la discusión. No sabíamos si un muerto podía volver a palmar porque nunca lo habíamos intentado.
Cogí el cacharro del siglo pasado de la vitrina. Era un arma que usó mi abuelo en alguna guerra tan polvorienta en la memoria como la misma pistola. Pesaba como un demonio y hacía ruido de piezas sueltas si la agitabas en el aire pero serviría.
Me subí a un taburete, del taburete a una escalera y de la escalera al tejado. Hundí la pistola en las costillas del fiambre. Me miró con una mezcla de indiferencia y desprecio con su ojo izquierdo, el derecho se había desprendido en algún momento o había sido devorado por los gusanos, preferí no preguntar.
- ¿Qué vas a hacer? – Me preguntó. A tan poca distancia noté que escupía las consonantes, y no solo con saliva, si no también con tropezones putrefactos, restos del cuerpo que solo la vida puede sujetar. Tuve que tragar con fuerza para soportar las nauseas y no vomitar.
- Voy a matarte.
- Buenas noticias. No se si te has fijado pero ya estoy muerto.
- ¿Y qué?
- No puedes matarme. Un muerto no puede volver a morir.
Suspiro. Otra vez la misma canción.
- ¿Y cómo lo sabes? ¿Has probado a matarte alguna vez, después de muerto?
- Pues no. A decir verdad, solo supongo que un muerto no puede morir, pero no tengo ningún motivo profundo para creerlo ciertamente.
- Entonces no pierdo nada intentándolo.
- Hombre… Si puedo elegir, preferiría que no lo hicieras. Morir no es muy agradable.
- Tampoco no poder descansar con tus paseos por mi tejado. Además, los vecinos comienzan a murmurar. No me apetece matarte, pero si no te largas voy a tener que hacerlo. ¿No tienes otro sitio más adecuado a donde ir? No se… Un cementerio, o una bolera.
- Es que en tu tejado me siento bien.
- Entonces no tengo más remedio. Lo siento.
Y apreté el gatillo. Y aprendí dos cosas. La primera es que el retroceso de un arma es directamente proporcional a la edad del arma. Tuve la sensación de que la bala se quedaba en el sitio y la pistola se lanzaba en el sentido contrario empujándome a la velocidad a la que debería haber ido el proyectil.
Caí del tejado y me partí la columna.
La segunda cosa es que, en efecto, un muerto no puede volver a morir.
elHijoDelFonk
08-ene-2009, 09:27
Si se me permite interrumpir para lamer falos he de decir que
SLURP
Muy grande
M. Corleone
08-ene-2009, 09:43
Permanezco quieto, me mimetizo con el mobiliario. Nadie es capaz de quedarse tan quieto durante tanto tiempo como yo. Ni un gesto, ni un movimiento de cejas, nada de desperezar el cuerpo para huir del agarrotamiento de extremidades. Quieto. Quietísimo.
Los segundos pasan, y el cuerpo comienza a mandar avisos. Un calambre aquí, un hormigueo allá, un pie que se niega a acatar órdenes y decide dormirse. Pero no cejaré en mi misión. Es vital que permanezca quieto. Quietísimo.
"Aguanta un poco más, nenaza", me digo a mí mismo, mientras el dolor cervical amenaza con dar al traste con todo el esfuerzo. Y sigo quieto, quietísimo, como una esfinge. Impasible a los estímulos externos, quieto, detenido, convertido en estatua, emulando un teatral rigor mortis, reducido a una respiración pausada, apenas perceptible.
Quieto, quietísimo, al límite de la extenuación muscular, desoyendo las señales que mi sistema nervioso envía a mi cerebro. Quieto, no te muevas.
Porque si me delato, si cambio el reparto de pesos, si me inclino levemente el cuerpo hacia delante, mi madre, que está ensimismada, pasmada viendo la tele, se dará cuenta de que lleva ya 17 minutos rascándome la espalda, y con un "bueno, no te quejes, que llevo ya mucho rato" dará por zanjada la deliciosa sesión de ir y venir de uñas sobre mi columna vertebral.
El usuario Indalecia inició sesión
Gervasio: hey!
Indalecia: hola
Gervasio: he leído tu blog… ehm… sorprendente
Indalecia: a que sí?
Gervasio: sí. me ha parecido… interesante
Indalecia: no te cortes, lo del blog no te ha parecido interesante. te ha parecido sublime, je
Gervasio: reconozco que cuando lo leí esta mañana casi me caigo de la silla
Indalecia: xD. bien..
Gervasio: haces mucho cosas de esas?
Gervasio: (escribirlas)
Gervasio: se te notaba suelta
Indalecia: sí, todos los días un par de veces. serás estúpido…
Gervasio: era una pregunta sin maldad
Indalecia: así que tienes la impresión de que lo que escribí en el blog es más o menos habitual para mí..
Indalecia: vaya vaya vaya
Gervasio: habitual? pregunté si lo habías hecho alguna vez más. yo solo he reconocido que me sorprendió leerlo...
Indalecia: y vaya
Indalecia: no pasa nada, me resulta gracioso, nada más
Gervasio: gracioso?
Indalecia: sí
Gervasio: si no te ha costado puedo suponer que tienes práctica... no es una conclusión descabellada
Indalecia: insinúas que lo practico a menudo en la vida real, de ahí que ande...."suelta"? pues mucho me temo que me voy despidiendo…
Gervasio: qué? despedirnos?
Indalecia: sí, tenemos que hacerlo
Gervasio: y eso por... ???
Indalecia: creo que ha estado bien hasta aquí
Gervasio: por qué no puede seguir estando bien?
Indalecia: porque aunque creas que me lo has explicado, sigo teniendo la impresión de que me has prejuzgado
Gervasio: prejuzgado de qué?
Indalecia: y no quiero..."amigos especiales" así. por eso no voy a perder el tiempo hablando con alguien que me da a entender que le como la polla al primero que pase
Gervasio: he dicho yo eso?
Gervasio: coño, tendré que mirarme de lo mío. empiezo a pensar de que me se holbidan las cosas
Indalecia: te vuelvo a decir que quizá sea impresión mía. bueno olvídalo, no importa
Gervasio: vamos a ver, alma de cántaro. que tú escribas un relato erótico en el que le comes la polla a alguien no significa que lo hagas. como que yo diga que mis padres no son alcohólicos, coño. te dije que si hacías habitualmente lo de ESCRIBIR esas cosas
Indalecia: me has llamao alma de cántaro?
Gervasio: y mis padres no son borrachos, les gusta beber. y punto
Indalecia: eres un puto estrecho, eso es lo que te pasa
Gervasio: estrecho yo? (!!!), : me ha gustado eso, porque llevamos saliendo dos meses y lo más erótico que me has hecho ha sido un azote en el culo para quitarme polvo del pantalón!!
Indalecia: estrecho y retrógado y cafre
Gervasio: cafre. también es buena
Indalecia: y también un poco imbécil, sí
Gervasio: eso me ha dolido más
Indalecia: que corto la conversación! y te vas a reír con la borracha de tu puta madre!
Gervasio: no me acuerdo de lo que decían: los insultos que más te molestan son los que tú crees que son ciertos. o era al revés? no sé, el caso es que cuando me llaman imbécil se me queda cara como de subnormal. no lo encajo bien
Indalecia: hoy me caes fatal, tenlo en cuenta
Gervasio: y deja a mi madre, que la pobre está borracha!
Gervasio: pues yo hoy te deseo más que nunca! cuando he leído tu relato erótico he tenido media erección
Indalecia: media erección??? no la tenías tan dura desde hace siglos!!
Gervasio: ja, ahí te equivocas. el 2002 es de este siglo, inculta!
Indalecia: me refería a sin pagar, cariño
Gervasio: touché…
Indalecia: eso que has dicho… es verdad? me deseas más que nunca?
Gervasio: claro, tonta… vamos a dar un paseito? te paso a buscar?
Indalecia: vale. me haces llamada perdida cuando llegues a la esquina, como siempre
Gervasio: fale. hasta ahora
Indalecia: hasta luego… cafre!
Gervasio aparece como No conectado. Recibirá los mensajes que le envíes la próxima vez que inicie sesión.
M. Corleone
09-ene-2009, 08:54
Realismo sucio cibernético, brutal Dunker, con esa belleza que sólo puede tener la fotografía del cagadero de un garito de carretera: la belleza de la porquería.
M. Corleone
13-ene-2009, 10:10
Ayer, Fermín P. tomó conciencia de la existencia del pasado. Hoy, ya conjuga el pretérito perfecto, y esta idea de la existencia del pasado le llevará mañana a la idea de futuro. Y, probablemente, pasado mañana la idea de futuro le llevará de forma lineal y violenta a la idea de que todos, algún día, hemos de morir.
Y se deprimirá.
Pero, de momento, Fermín P. tan sólo ha tomado conciencia de la existencia del pasado, y empieza a vislumbrar la idea abstracta de futuro. Pobre Fermín, qué mal día le espera pasado mañana.
Tinieblas.
La primera vez que sus ojos descansaron sobre los míos, los míos dejaron de descansar para siempre, para siempre condenados a buscarlos entre la multitud, esclavos de la oscuridad a plena luz del sol, confusos en las tinieblas, las artificiales, las engañosas que la noche crea para ocultarme la absoluta que en sus infinitas cuencas reside.
Aún ahora, al borde de la locura, rozando la muerte, no puedo temer otra cosa que no sea el perder, para siempre, aquellos ojos. La terrible sensación de que la oscuridad eterna no será suficientemente oscura, y que estaré eternamente condenado.
M. Corleone
14-ene-2009, 13:28
A Pepín F. su jefe le había dado órdenes claras: "Tú te encargarás de responder a las quejas y sugerencias que lleguen al buzón de correo electrónico creado al efecto".
Entre risas, cruzó una arriesgada apuesta con Yolanda, su compañera de despacho. "Voy a contestar a todas las sugerencias con un Muérete, hijodeputa y creo que no me van a despedir hasta dentro de 6 meses".
Pepín se puso manos a la obra, puesto que enseguida las primeras quejas y sugerencias abarrotaron su buzón de entrada: retrasos horarios, cancelaciones y pérdidas de equipaje.
Con todas ellas fue fiel a su propia palabra y a la apuesta concertada. Escribió la respuesta "Muérete, hijodeputa", y apretó el boton de enviar.
Pasaron 6 meses y Pepín F. no fue despedido. Cobró la apuesta y, por probarse a sí mismo, siguió con el mismo procedimiento.
Pasaron otros 6 meses y su jefe se presentó en su despacho. "Me tienes que contar tu secreto, Pepín. Me acaba de llamar el Director General, y dice que eres su hombre, el nuevo Director de Expansión de La Compañía. Enhorabuena".
Pepín F. desganado, se levantó, fue a los servicios de la planta cuarta y se colgó de una viga con su cinturón de Hermés.
La mamá pato lloraba.
Su primera relación con el señor pato había sido maravillosa. En una romántica luna de miel por la granja vecina, habían visitado hermosos monumentos como El Carro lleno de Estiércol o La Charca de BOB el cerdo. Pero sobre todo habían disfrutado de la comodidad y discreción del pajar local. En su regreso, la mamá pato empezó a ser la mamá pato, ya que catorce preciosos huevos adornaron su nido de pasión. De estos catorce huevos nacieron trece hermosos y sanos patitos amarillos. El huevo catorce resultó ser de cisne, famosa historia que todos debéis ya conocer. Los trece hermanos restantes, enfadados y muertos de envidia, decidieron declararle la guerra a los cisnes y a todo animal que fuese diferente de ellos.
En su segunda relación, con el señor pato, nueve preciosos huevos adornaron su nido de amor. De estos nueve huevos no nació ningún hermoso ni sano patito amarillo, ni siquiera una cría de cisne, pues el granjero los robó todos y cocinó con ellos una tortilla de champiñones demasiado grande, aún para tan orondo granjero. Así que devoró media y guardó la otra mitad en la despensa. A la semana siguiente el granjero se acabó la tortilla de champiñones. A la semana siguiente el granjero moría por intoxicación de salmonela acompañada por un deficiente sistema de sanidad rural.
En su tercera relación con el señor pato, cinco preciosos huevos adornaron su nido de cariño. De estos cinco huevos nacieron tres hermosos y sanos patitos. Los otros dos huevos fueron arrojados a la cabeza de la mamá pata en un ataque de celos y alcohol del señor pato. Los tres supervivientes se afiliaron pronto a la guerra de sus trece hermanos en contra de los animales diferentes. Se hacían llamar El Partido por la Pureza Animal.
En su cuarta relación con el señor pato, tres preciosos huevos adornaron su nido de temor. Todos los huevos se rompieron de forma natural y nacieron tres hermosos patitos. Dos de ellos gozaban de perfecta salud. El tercero nació cojo debido a una malformación genética. Fue brutalmente asesinado por sus quince hermanos.
Su quinta relación con el señor pato resultó ser una violación. Dos preciosos huevos adornaron su nido de terror. Pero el pánico de la mamá pato a la ira del señor pato, le hizo esconder los huevos para protegerlos. Aunque los incubaba siempre que podía, uno de los dos huevos no se rompió jamás. La mamá pato lo enterró entre llantos. Milagrosamente, el huevo restante se abrió liberando a un hermoso y sano patito.
Te reto, a ver cómo te portas: para antes de las 14:30 quiero un microrrelato en el que tenga una importancia crucial el hecho de que, los hombres, tras miccionar y por mucho que sacudamos la colita, siempre nos queda ahí una gotilla de pis.
.
La encontré. Después de cuarenta angustiosos kilómetros con la fatídica lucecita parpadeando, llegué a una gasolinera. Confieso que no tenía confianza en mis posibilidades. Estaba convencido de que iba a quedarme tirado en mitad del páramo, sin civilización alguna en cientos de kilómetros a la redonda. Sin batería en el teléfono. Pero ya estoy aquí.
Un tipo gordo y grasiento me atiende.
- ¿Lleno?
- Lleno...
- ...
- ¿El servicio?
Me lo señala con un golpe de cabeza, mientras empieza a llenarme el depósito.
Entro en el baño. Sucio. Muy sucio.
Me lavo las manos, la cara, me mojo el pelo. El ruido del agua corriendo me provoca las ganas de mear. Me extraña que después de ocho horas al volante no haya sentido la necesidad hasta ahora. Me acerco al urinario me desabrocho y comienzo.
Alguien ha escrito la palabra “mandarina” en la pared, a la altura de mis ojos.
Resultó que sí, que tenía la vejiga bastante llena, porque la meada dura bastante y siendo una enorme sensación de alivio.
Últimas ráfagas.
Una más
Terminé.
Sacudida.
Sacudida sacudida.
Sacudida sacudida sacudida.
Sacudida sacudida sacudida sacudida.
Una maldita gota en la punta que no quiere irse, el ritual se repite,
Sacudida.
Sacudida sacudida.
Sacudida sacudida sacudida.
Sacudida sacudida sacudida sacudida.
Sigue ahí. Normalmente acabo cediendo. Pero por algún extraño motivo me siento obligado a dejarla totalmente seca. Otro intento más.
Sacudida.
Sacudida sacudida.
Sacudida sacudida sacudida.
Sacudida sacudida sacudida sacudida.
Húmeda.
No sé porqué empiezo a estar obsesionado en la maldita humedad. Me cabreo. La sacudo con violencia y me hago daño.
Y me cabreo más.
Se me ocurre una idea.
Papel higiénico. Me siento un poco humillado porque no he podido ganar mi pequeña batalla con las propias normas que yo mismo me he impuesto, pero al menos ganaré la batalla.
Si no fuera porque no hay ni un miserable pedazo de papel higiénico en este inmundo cuarto de baño.
Pienso en el servicio de señoras. Allí tiene que haber papel.
Vuelvo a pensar. Afortunadamente me he parado a tiempo, estaba a punto de salir del baño con la polla al aire.
Vuelvo al urinario.
“mandarina”
Sacudida.
Sacudida sacudida.
Sacudida sacudida sacudida.
Sacudida sacudida sacudida sacudida.
¡Está seca! No han sido las sacudidas, ha sido la evaporación por tenerla tanto tiempo al aire, pero aún así... ¡Está seca!
¿He ganado?
No.
Tanta sacudida me ha hecho entrar ganas de nuevo. Intento resistirme, me la guardo y voy hasta la puerta.
Pero las ganas son muy fuertes.
Entre desanimado y enfurecido vuelvo al urinario, vuelvo a desenfundar y vuelvo a mear y vuelvo a humedecer.
“mandarina”
¿Qué coño querían decir con “mandarina”?
Termino por segunda vez.
Sacudida.
Sacudida sacudida.
Me rindo.
Enfundo.
Desagradable sensación de humedad. No hubieran venido mal un par de sacudidas más.
Me lavo las manos, con energía, luego la cara y me vuelvo a mojar el pelo que ya se ha secado.
Miro el reloj. Llevo 35 minutos en el baño. Sonrío. ¡Qué estupidez!
Salgo del servicio de caballeros y me dirijo al coche.
El depósito ya está lleno.
Pero el tipo grasiento sigue con la manguera de la gasolina en el depósito.
Sacudiendo.
M. Corleone
22-ene-2009, 14:02
Hostia puta verbenera, me voy a tener que hacer "coach" de escritores, porque es el microrrelato que más me ha gustado de todos los leídos hasta ahora en este hilo. Genial.
El detallito de intercalar lo de "mandarina" por medio del texto le da un toque de realismo brutal, me ha encantado.
En definitiva, prueba superada con matrícula de honor.
Encima, has conseguido que me ría. Eres un cabrón con talento.
Joder, qué humillante.
Si la vida del superheroe ya es dura, por sí sola, yo tengo, además, que soportar el ridículo traje rosa. Supermán rescata a la chica en apuros y todo el mundo le agradece y vitorea. Nadie se ríe de su traje, grotesco, pero varonil. Yo solo tengo este estúpido disfraz de princesita. Tengo que travestirme para salvar el mundo, y en vez de hurras, las rescatadas víctimas me regalan pitorreos.
Por eso, a veces, considero más importante preservar mi identidad secreta que hacer el bien.
Por eso no salvé la vida de aquellos niños, señoría. Delante de tanta gente, no podía ponerme el disfraz.
M. Corleone
27-ene-2009, 07:51
Si la vida del superheroe ya es dura, por sí sola, yo tengo, además, que soportar el ridículo traje rosa. Supermán rescata a la chica en apuros y todo el mundo le agradece y vitorea. Nadie se ríe de su traje, grotesco, pero varonil. Yo solo tengo este estúpido disfraz de princesita. Tengo que travestirme para salvar el mundo, y en vez de hurras, las rescatadas víctimas me regalan pitorreos.
Por eso, a veces, considero más importante preservar mi identidad secreta que hacer el bien.
Por eso no salvé la vida de aquellos niños, señoría. Delante de tanta gente, no podía ponerme el disfraz.
Jo-der. Quiero quedar contigo para chuparte la polla en directo.
Abro la puerta.
Al otro lado me encuentro conmigo mismo. Aunque envejecido y demacrado, con menos pelo en la cabeza, más arrugas en la cara y la eterna infelicidad en el corazón, me reconozco inmediatamente. Es como estar mirando un espejo del tiempo que me dirá cuán patético es el futuro que me espera. Tras unos segundos de distancia, mi yo envejecido me saluda.
- Hola hijo.
- Cuanto tiempo.
Silencio. Tensión.
- Te veo muy bien.
- Yo a ti no. Da pena verte.
Silencio. Más tensión.
- ¿Puedo pasar?
- ¿Para qué?
- ¿Puedo pasar?
- ¿Para qué?
- Bueno, ¿qué pasa? ¿Ahora un padre no puede entrar en casa de su hijo? - Le tiembla el mentón y le brillan los ojos, pero no tengo la intención de dejarme vencer.
- Un padre no aparece de repente diecisiete años más tarde para ver a su hijo como si nada hubiera pasado. Por lo que a mí respecta, no queda más de mi padre que un par de recuerdos borrosos y amargos, y un viejo panzudo que no ha dado palo en el agua en su puta vida. ¿Cómo me has encontrado?
- Tu abuela...
- ¡Cojonudo! ¿Qué quieres de mí?
Suspira.
- Verte. Saber como estás.
Sonrío.
- Vale, ahora en serio. ¿Qué quieres de mí?
- ¿Puedo pasar?
- Preferiría que no, tengo un par de mulatas sin bragas en el sofá y podrían escandalizarse ante ti.
- Tengo que hablar contigo.
- Pídele a tu secretaria que me envíe un fax.
Procuro ser lo más sarcástico posible pero el anciano es insistente.
- En serio. Necesito hablarte.
- No me interesa nada de lo que me tengas que decir.
- ¿Me dejas, por lo menos, que lo intente?
- Ya estamos hablando ¿no?
- ¿Puedo pasar?
- ¿Siempre fuiste tan pesado?
- Por favor.
Una lágrima le corre por la mejilla. Una mezcla entre lástima y curiosidad por saber lo que quiere me acaba venciendo. Me pongo a un lado y entra en mi piso.
- Siéntate en el sofá y no toques nada. Estoy trabajando. ¿Quieres tomar algo?
- S... No.
- No pienso insistir.
- Hace un par de días que no como...
- Nadie lo diría. Estás elefante.
Voy a la cocina y meto en el microondas un cuarto de pizza que me ha sobrado de la comida. Él grita desde el comedor.
- Es bonito el piso.
Mientras la pizza se hace fumo un cigarrillo y lamento mi poca voluntad. No debía haber cedido.
Campana del microondas.
Meto la pizza en un plato, cojo dos cervezas de la nevera y lo llevo todo al comedor. La pizza dura tres minutos ante él. La cerveza tres segundos. Cuando termina me mira y me pregunta.
- ¿Cómo te va todo?
- ¿Qué coño quieres?
- Saber de mi hijo.
- ¿QUE COÑO QUIERES?
Silencio. Suspira.
- Me han echado del trabajo. Y de mi casa.
- No me interesa tu vida, sólo dime a qué has venido.
- No tengo donde ir.
- ¿Y la abuela?
- Si se entera que estoy en la calle... Está mayor
- Vete a la mierda.
- Hijo...
- No. Lo siento pero no. Destrozas todo lo que tocas, hasta tu propia vida. Hasta la de tus hijos. He pasado años olvidándome de ti, ahora no pienso dejar que me jodas. ¿Te han echado? Mala suerte. ¿No tienes donde caerte muerto? No es mi problema, igual que no fue tu problema cuando yo no tenía a donde ir, y tú eras el señor empresario, hombre de negocios, con dinero en las orejas, y pocos remordimientos. Tengo algo de dinero en la habitación. Te lo daré no porque te deba nada, sino porque es lo último que tú harías y no quiero parecerme a ti lo más mínimo. Luego te largas. Lo que hagas con la pasta es cosa tuya. Te emborrachas o te la metes por el culo, pero no quiero verte más.
Está llorando.
Voy a mi habitación y cojo un fajo de billetes de mi cartera. Se los tiro delante, encima de la mesa.
- Ahora lárgate.
- No tengo donde ir.
- No es mi problema.
- No tengo donde dormir.
Silencio.
Silencio.
Silencio.
Mierda, soy subnormal, mierda mierda mierda.
- Sólo una noche. Mañana por la mañana te largas. No te invito a desayunar, ni a comer ni a verme más. A llorarle a otro. A tu queridísima mujer, si te apetece, pero yo no te quiero ver más. Puedes dormir en el sofá, en el suelo o en el plato de la ducha.
Me voy a mi habitación, cabreado, dando cerrando con fuerza cada puerta que me encuentro. Aún le oigo sollozar tras de mí. Me irrita.
Son las cuatro de la mañana. Me está siendo imposible pegar ojo y a las siete he de estar en pie. Golpean la puerta de mi habitación.
- ¿Estás despierto?
- Lárgate.
- Hijo... escucha...
- VETE A LA MIERDA, JODER, LÁRGATE, DUÉRMETE, TÍRATE DE UN PUENTE PERO OLVÍDAME.
Un vecino tose. Y luego silencio.
Le oigo respirar tras la puerta. Cada vez más fuerte.
Enciendo un cigarrillo.
Y sigue respirando. Cada vez más fuerte. Quiere que le oiga y me compadezca. No lo está consiguiendo. Cada vez me enfurezco más. Y de golpe empieza a gritar.
- SOY TU PADRE Y ME DEBES UN RESPETO.
Se acabó. Me levanto de la cama de un salto, abro la puerta, lo cojo por el pelo y lo arrastro a la puta calle, en calzoncillos. Cierro la puerta en sus narices mientras me suplica, cojo sus ropas y las tiro por la ventana.
Fue la última vez que vi a mi padre.
elHijoDelFonk
30-ene-2009, 14:16
Caray (¡no!), que mal rollo me ha dejado en el cuerpazo.
Tienes que meterle un final feliz como en disney tio. Por los niños, joder.
Caray (¡no!), que mal rollo me ha dejado en el cuerpazo.
Tienes que meterle un final feliz como en disney tio. Por los niños, joder.
Por Fonk, lo que sea... Te haré caso... Aunque no sé si a los niños les gustará mucho, tampoco, y me jode la coherencia del relato....
(cambia la última frase por
"al final dejé que mi padre entrara e hicimos las paces, mientras le lamía el ojete, justo antes de empezar a follar como conejos durante toda la noche"
)
O mejor lo dejamos como estaba y le dices a Miguel Angel que te da asco verle la polla a su David que si le puede poner un chandal de táctel...
M. Corleone
30-ene-2009, 14:25
Tomando prestado
Tengo algo de dinero en la habitación. Te lo daré no porque te deba nada, sino porque es lo último que tú harías y no quiero parecerme a ti lo más mínimo.
El viejo abre la boca y dice pausadamente: "Tengo algo de dinero en la habitación. Te lo daré no porque te deba nada, sino porque es lo último que tú harías y no quiero parecerme a ti lo más mínimo."
Él director del banco se retrepa en su silla de oficina tapizada en color azul, carraspea y manosea un rotulador amarillo, en cuyo costado se lee, en letras negras, "STABILO BOSS".
-¿De qué me está hablando? No le entiendo...
-Está bien claro: tengo algo de dinero en la habitación. Te lo daré no porque te deba nada, sino porque es lo último que tú harías y no quiero parecerme a ti lo más mínimo.
-¿Cómo dice?
-No me lo haga repetir más veces: tengo algo de dinero en la habitación. Te lo daré no porque te deba nada, sino porque es lo último que tú harías y no...
-Ya, ya, no quiere parecerse a mí lo más mínimo. ¿Qué es exactamente lo que desea de nosotros, Sr...?
-Shaki, me llamo Shaki. No sé qué es lo que usted no comprende. Estoy en la calle, mi hijo no me acepta como huesped en su piso de doscientos metros, mi mujer ha solicitado una orden de alejamiento contra mí y la última vez que me duché fue hace dos meses. Por eso, vengo aquí a decirle esto: tengo algo de dinero en la habitación. Te lo daré no porque te deba nada, sino porque es lo último que tú harías y no quiero parecerme a ti lo más mínimo. No creo que haya que darle tantas vueltas. Acepte el dinero con elegancia.
-¿Qué dinero? ¿Está usted bien?
-Tan bien que cada mañana me levanto con una erección y vomitando sangre. ¿Tengo pinta de estar bien?
-Pero, ¿qué pretende que yo haga? ¿Quiere que entremos a mi despacho? Está usted asustando a mis clientes...
-Ya, sí, la misma cantinela de siempre. Bueno, si es usted gilipollas peor para su banco. Me llevo mi dinero a otro lado.
Se guarda un imaginario sobre en una imaginaria chaqueta, se levanta de la silla dejando un olor a alcohol y sudor y, antes de atravesar la puerta de la sucursal, se gira, y le dice al director: "Tengo un par de mulatas sin bragas en el sofá y podrían escandalizarse ante ti".
El interventor del banco, que ha escuchado toda la conversación con cierta tensión en las lumbares, le pregunta al director:
-Manolo, ¿quién coño era ese chalado?
-No lo sé, el me ha dicho que era un señor empresario, hombre de negocios, con dinero en las orejas, y pocos remordimientos.
¡¡La hostia!!
¡¡Me siento totalmente halagado. Gracias Corleone!!
¡Además me he reído una jartá!
Pido perdón por adelantado por el próximo relato, va a pasarse un poco del "micro"...
En la puerta de mi despacho hay un rótulo. Dice:
“Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADO”.
La puerta se cae a trozos por la carcoma.
Un día alguien me leyó (yo no sé leer) una frase que jamás olvidaré: “Cuando el hombre pierde su identidad, su característica de hombre, solo le queda el lugar donde vive. Y entonces el hombre pasa a ser exactamente eso. La inmundicia que le sostiene.”
Memoricé la frase. “Cuando el hombre pierde su identidad, su característica de hombre, solo le queda el lugar donde vive. Y entonces el hombre pasa a ser exactamente eso. La inmundicia que le sostiene.” Es lo único que he logrado memorizar en mí vida. Eso, y una estúpida dirección, que no recuerdo ni a quién pertenece, ni a que ciudad corresponde. Ni siquiera conozco el idioma por lo que es un dato inútil:
“Eitieit Taimscuers trit”
Sin embargo la frase es significativa.
Me llamo Camilo José Vegas Vegas. Mis padres eran primos hermanos.
Vivo, casi por casualidad en el despacho de “Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADO”. Y ahora que no me queda nada, sería arriesgado decir que yo he pasado a ser el despacho de un detective. Sobre todo teniendo en cuenta que mi nombre aún no ha desaparecido. Es lo único que aún conservo, mi identidad aún existe.
Me llamo, entonces Camilo José Vegas Vegas y vine al despacho de “Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADO” para matarle. Lo hice. El maldito italiano se resistió y aún cicatriza una herida en mi abdomen.
“Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADO” fue un famoso detective privado (como con elegancia y corrección mostraba la placa de su carcomida puerta) italiano. Durante la resolución de un intrincado caso de corrupción política en su país (Italia), y como método detectivesco de innegable infalibilidad, sedujo a una bella adolescente italiana y la desvirgó en repetidas ocasiones, si se me permite la licencia, para regocijo, lujurioso y salvaje, de la muchacha, las amigas de la muchacha, las hermanas mayores, las menores y la abuela de la muchacha así como la madre y un fámulo que por allí pasaba. El caso fue exitosamente resuelto, no así la situación del detective, al que perseguía con ánimos de asesinato el padre de la muchacha, famoso capo de la mafia Toscanna, un tal Perucchio Andollini.
Así se vio forzado “Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADo” a trasladar su oficina y su puerta (con carcoma incluida) al país de origen de su madre, éste, precisamente a este despacho donde yo procuro dormir, si me dan un respiro los recién casados del tercero cuarta, cuyo perro no deja de ladrar, colchón de rechinar e inquilina de gemir.
De nada sirvió.
Apenas alargó su vida unos meses.
Pues la influencia de Perucchio Andollini, capo de la mafia y excelente confitero (el Don bendiga su celestial tiramisú), es grande y grandes son sus amigos. Aquí entro yo en escena.
Soy Camilo José Vegas Vegas, un tío malo.
El típico malo.
Cicatriz en el ojo (oficialmente, una reyerta), colilla en boca y barba de tres días.
Con este aspecto no se puede ser otra cosa que malo en la vida. Yo quise ser ingeniero, pero no me aceptaron en la escuela de pequeño cuando vieron mi cicatriz. La barba de tres días y la colilla en infantil boca no ayudaron bastante.
No me aceptaron en el colegio y mi madre se cabreó:
“En esta casa, si no estudias como tu hermano, te pones a trabajar”
Con tres años mis padres, que eran primos hermanos y se llamaban Montserrat y Paco, me pusieron a trabajar. Hice de camarero, futbolista profesional, pintor de brocha gorda, bailarina de streaptease en un local nocturno, panadero, abrelatas, charcutero, maestro de Reiki, humorista de televisión y prostituta. Era un poco torpe, pero le ponía voluntad. Eso decían mis jefes. Pero siempre me acababan dando la patada en el culo en dirección a la puerta de salida, a ser posible la de atrás, para humillarme más. El día de mi quinto cumpleaños, y después de haber sido despedido de mi último empleo decidí que esto del mundo laboral no era para mí y decidí ganarme la vida deshonrosamente.
Me convertí en un malo.
Un tío malo.
El típico malo.
Me dediqué a robar, a violar y a matar. A los cinco años violar no tiene la gracia que tiene a los diecisiete. Robar estaba bien; robaba legos y juguetes y todo eso. A mi me encantaba, pero la reputación de un malo se devalúa mucho si anda por el mundo atracando jugueterías. Lo mejor era matar.
Mataba porque sí. Disfrutaba con ello.
A viejecitas. A niños. A perros.
Y torturaba a las hormigas (un niño nunca deja de ser niño).
Así me convertí en el asesino a sueldo más famoso de los años cincuenta, aunque ahora en los sesenta nadie quiere matar a nadie, y nadie se acuerda ya de Camilo José Vegas Vegas.
Perucchio Andollini, en cambio, se acordó de mí, y me contrató para que liquidara a “Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADO”.
No creo que me hubiese contratado de haber sabido que en los años que pasé matando en Italia, yo también me beneficié a las amigas de la muchacha, las hermanas mayores, las menores y la abuela de la muchacha así como la madre y el mismo fámulo que por allí pasaba de nuevo, debía este de tener un radar detector de orgías. Con la muchacha no mantuve relaciones, pues estaba de acampada con el coro masculino de la iglesia parroquial Nuestras Señoras Carmelitas de Isaías y Jehová de la Toscanna, siendo sometida a las más exhaustivas exploraciones ginecológicas sin ayuda de material clínico ni quirúrgico, que dios les coja confesados.
De momento, pues, y mientras este escrito no se publique (escrito inexistente, pues no se ni leer ni escribir) mi reputación ante el capo de la mafia Toscanna, excelente confitero y disléxico empedernido, Perucchio Andollin se mantiene intacta.
Y fui contratado para asesinar al detective.
Y lo asesiné.
No sin resistencia: Aún cicatriza una herida en mi abdomen.
Eso sí, aproveché la ocasión para recitarle la única frase que he podido memorizar en mi vida:
“Cuando el hombre pierde su identidad, su característica de hombre, solo le queda el lugar donde vive. Y entonces el hombre pasa a ser exactamente eso. La inmundicia que le sostiene.”
Así, muere al fin, de acuerdo pero... ¿que hago viviendo en su despacho? Una casualidad, como ya he dicho.
Corté el cadáver a trozos y los fui tirando por el retrete. Es una tarea sencilla pero larga y tediosa que puede durar entre tres días y una semana, dependiendo del tamaño del fiambre. “Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADO” padecía de sobrepeso.
Es un asco, pero hay que hacerlo. Matar tiene su parte buena, la muerte, y su parte mala: las asquerosas consecuencias de la muerte.
Y llegamos al final. Cuando el tipo anónimo y con gafas golpea hasta casi hacerla venir abajo, la puerta de carcoma y madera de “Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADO” yo terminaba de deshacerme de los brazos del cadáver.
Es un fastidio si te pillan cuando estás acabando de deshacerte del muerto, porque tienes que matar al que te ha pillado y volver a deshacerte de él.
Disimulé.
El tipo anónimo tenía la pinta de malo.
Un tío malo.
El típico malo.
Cicatriz en el ojo, colilla en la boca y barba de tres días. Me entraban ganas de matarlo, porque aunque yo ya tenga una buena pinta de malo, él me ganaba en todo. Y encima tenía voz de malo y no mi voz de contralto.
“¿El señor Silvano Armenni Benítez?”, preguntó el hombre con pintas de malo y voz de malo.
Dudé un instante. Recordé los trocitos de carne en un retrete. No me valía la pena matarlo. Aunque él tuviese voz de malo, y yo de contralto, yo era un auténtico malo y él solo una imitación barata (probablemente ingeniero al que dejaron estudiar el parvulario a pesar de la cicatriz, la colilla y la barba).
“¿Quién pregunta?, respondió la voz de contralto que salía de mi boca mientras me sentaba en la silla de “Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADO” e intentaba apoyar mis pies en la mesa como suponía que debía de hacer todo buen detective, con catastrófico resultado, pues “Silvano Armenni Benítez. DETECTIVE PRIVADO” debía de ser más alto que yo, por lo que sus pies podían llegar con facilidad a dejarse caer sobre la mesa, tarea que resultó imposible con los míos, y fatal para mis nalgas, que acabaron golpeándose contra el frío suelo, aún sucio de sangre.
El tipo tuvo suerte.
Hubiese muerto si una sonrisa hubiera escapado de sus labios.
En vez de eso, me miraba fríamente, mientras se metía la mano en el bolsillo del pantalón y sacaba de él una tarjeta. La lanzó sobre la mesa.
Recordadme que no se leer ni escribir.
Bizquee ante la tarjeta.
“¿Sabe una cosa?”, le dije.
Silencio y humo de colilla.
“Cuando el hombre pierde su identidad, su característica de hombre, solo le queda el lugar donde vive. Y entonces el hombre pasa a ser exactamente eso. La inmundicia que le sostiene”
Silencio y humo de colilla.
Empecé a ponerme nervioso. El tipo era alto y robusto. Lo único que me paraba los pies en ese momento era el pensar en otra semana de deshacerse del muerto.
“¿Que desea?”, la voz de contralto me parecía más aguda por momentos. No me gusta oírme hablar.
“Quiero que busque a una persona”
Así finalmente, yo, Camilo José Vegas Vegas, mis padres eran primos hermanos, pasé del mundo de la delincuencia al detectivesco, que si bien no son el mismo mundo, son el mismo mundo.
M. Corleone
04-feb-2009, 13:56
Como ya te he dicho por piedra, me ha gustado mucho tu relato negro. El caso es que me gustan tus temas, tu estilo, algunos de los recursos que utilizas... pero (ay, amigo, aquí viene la crítica constructiva) me parece que la puntuación no es tu fuerte.
No, amigo, tan poco es el mío (mi fuerte, digo). En mi caso, no me defiendo mal con las comas (creo), pero alargo demasiado las frases. Vamos, que soy rácano con el punto y seguido, y generoso con las frases subordinadas.
Y debería corregirlo.
En tu caso, en mi humildísima opnión de lector ocasional e iletrado creador del hilo (vamos, que no vale una mierda mi opinión, pero te la doy igual, porque yo lo valgo), creo las comas son tu talón de Aquiles. Unas veces por colocarlas en el sitio equivocado, y otras por omisión.
Pero, sobre todo, hoy vamos a hablar de algo muy simple y que queda divino: el entrecomado.
Escribiste:
Vivo, casi por casualidad en el despacho de “Silvano Armenni Benítez.
Y yo te propongo:
Vivo, casi por casualidad, en el despacho de Silvano Armenni Benítez.
Poner entre comas una frase que podría ser independiente ya que, incluso si la eliminásemos, la frase tendría sentido.
Ahora es cuando podéis empezar a insultarme a coro.
acepto la crítica alegremente...
la segunda coma estaba en mi cabeza, pero olvidé plasmarla... Me pasa a menudo
M. Corleone
04-feb-2009, 14:19
acepto la crítica alegremente...
la segunda coma estaba en mi cabeza, pero olvidé plasmarla... Me pasa a menudo
Así no hay manera. ¿Adónde va un país en el que sus gentes aceptan las críticas así, con alegría? ¿Dónde queda la venganza caínita (hola, Perez-Reverte, gilipollas), la puñalada trapera, el buscar la paja en el ojo ajeno cuando la viga en el propio nos está desangrando? Se empieza así y se acaba montando una ONG alfabetizadora de niños con el culo al aire.
Si lo prefieres te mando a que te folle un cordero!
Edito: Me equivoqué de hilo
M. Corleone
09-feb-2009, 10:09
Teorías
Ayer me topé con un hombre sin teorías. No tenía ninguna. Ninguna, de verdad. Le sacaras el tema que le sacaras, la conversación no se enriquecía con un "mi teoría sobre esto es que...". Jamás. Era inflexible.
Y no lo pude soportar. Así que jugué una de mis bazas más fuertes: los dolores de espalda. Pero por mucho que intenté desviar el tema hacia ese punto candente, el tío que nada, que ni un consejo, ni una teoría sobre cómo evitar los dolores de espalda.
Ni un "Tienes que ir a nadar", ni un "conozco un fisioterapeuta buenísimo que soplándote al oído consigue que...". Nada. Ni siquiera conseguí que esbozara un remedo de la famosa "Eso es por los nervios" o unas líneas de la muy básica "Cómprate un colchón viscoelástico". Nada.
Atacado por todos los flancos posibles (tentaciones conversacionales varias), lo más que le arranqué fue un "Menuda putada, tío".
Qué pena me da, el pobre: ir por la vida sin teorías que sustenten tus convicciones, sin un esqueleto de creencias que de forma a toda este saco de absurdas incertidumbres con que vagamos por esta vida, breve y confusa. Desamparado.
GOTHERDÁMERUS
Sangre. Navajas, tortura. Pasos a mi espalda. Me persiguen. Me alcanzan. Unos dientes amarillentos y torcidos. Suenan campanas de alguna iglesia. ¡Dios! Esa sonrisa. Más campanas. Tiemblo. Más campanas. El frío recorre mis huesos, tiemblo. Dura sonrisa. Campanas y campanas y campanas. El agua se filtra. Agua roja. Me empapa. Ya están aquí. Campanas. Disparo. Disparan. Campanas y... Al fin silencio. Una terrible voz pronuncia la palabra. Y vuelve el silencio. La calma. La oscuridad.
El sueño ha sido retorcido. El despertar sobrecogedor. Uno de esos agonizantes momentos en los que descubres que tienes los ojos abiertos, que has dormido así toda la noche, y que se te ha secado la retina. Aunque lo cierto es que los acabas de abrir y no lo recuerdas. El nerviosismo me impide darme cuenta de que veo perfectamente. Y al tranquilizarme, vuelvo a ver con normalidad. Pero de momento prefiero prestarle más atención al dolor que al mundo exterior.
Y de forma sorprendente descubro que el dolor ha desaparecido. En cierto modo hasta noto un gran bienestar. Al final descubro restos de pinchazos en la cabeza, lo que me tranquiliza. Hubiese sido demasiado sospechoso pasar del dolor absoluto a la calma total. Aún estoy demasiado dormido para darme cuenta de que aún quedando residuos del dolor, la curación continúa siendo demasiado milagrosa.
Comprobado mi estado, presto al fin atención a mis ojos esperando encontrar sobre mi cabeza, el techo de mi mugriento piso. En su lugar, un aséptico comedor - cuarto de estar, me espera impasible. No me sorprende demasiado. Entre mis pérdidas de memoria, mi sonambulismo y mi afición a las drogas y el alcohol, ya me he acostumbrado a despertar en lugares desconocidos. Observo la estancia intentando recordar, aunque sin demasiado entusiasmo. Ni si quiera me atrevo a mover la cabeza de mi asiento, intentando de manera desesperada, conservar la sensación de bienestar el máximo tiempo posible.
Describo lo que veo.
Ante mi hay una mesa muy larga, de conglomerado blanco y forrada con almohadones hábilmente colocados no consigo deducir con que fin. Sobre la mesa una mosca. Varias mujeres vestidas de rosa pastel colocan la mesa. Hasta ahora no me había dado cuenta de que no estoy solo. Cerca de la mesa, un chico gordo y mal afeitado hace solitarios con una baraja española. Mientras murmura en voz baja. Una mujer en el suelo ríe. O a lo mejor llora. Yo diría que pasa de una cosa a la otra. Luego se pone a gritar. Las mujeres de rosa, la sujetan mientras un hombre canoso con una bata blanca y una sonrisa amable le clava medio metro de aguja en el cuello. La mujer deja de gritar y de reír y de llorar. Aunque no se ha callado del todo. Ahora canta, en inconexos susurros.
Ya casi se ha desvanecido el cansancio y ya puedo pensar. Deduzco que me encuentro en un psiquiátrico. Supongo que una camisa de fuerza debe de ser la culpable de que no me pueda mover cuando lo intento. Y la falta de dolor por cortesía de ansiolíticos o tranquilizantes. No recuerdo haber entrado aquí. Pero he de encontrar alguna forma de salir. Me mareo y me vomito encima.
Una calle oscura. Una sombra me persigue. Acelero el paso. Empiezo a oír campanas. Dentro de mi cabeza. Suenan. Cada vez más dolorosas. Y la sonrisa. Un motor. Llueve. Es salado. Me estoy mojando. Los ojos me observan. Esos ojos...
Unos ojos enrojecidos me miran detrás del tipo gordo que ahora se ha empeñado en desnudarse. Me he dormido. He vuelto a tener pesadillas. Alguien ha limpiado los restos de mi vómito. Supongo que alguna de las mujeres de rosa (enfermeras). Un señor viejo, con el cuello torcido y los ojos inyectados en sangre me mira fijamente. Unos dientes sucios y amarillentos asoman bajo sus labios, en medio de una sonrisa forzada que mantiene permanentemente. Acabo dándome cuenta de que no es a mi a quien mira sino que me interpuesto entre él y su contemplación del infinito. De todos modos no parece molestarle demasiado mi intromisión. Y diría que no puede mirar a muchos más sitios en el estado en el que tiene el cuello. Creo que intentaré dormir.
Campanada. La voz. La sangre. La lucha. El sufrimiento. Otra campanada. Esos ojos. Esa sonrisa. Esos dientes. Campanada. Llueve. Lloro. Campanada. La voz me interroga... GOTHERDÁMERUS. CAMPANADA. GOTHERDÁMERUS. CAMPANADA. Y música de jazz.
Alguna de las enfermeras encendió el televisor, porque la música de jazz de un anuncio me ha despertado. Por el sonido supongo que el televisor está detrás de mí. Abro los ojos. Esta vez no tengo problemas para ver. Y el señor continúa mirándome. Empieza a ponerme nervioso. Ni siquiera me molesto en pedir que me saquen de este sitio. Me sorprende darme cuenta de mi pasividad. Debería estar gritando y reclamando mis derechos. Y en cambio, solo voy a pedirle a una enfermera que me de la vuelta para poder ver la televisión. Pero no oigo mi voz. Y ellas no reaccionan. Supongo que si nadie oye mi voz es que no he hablado. Lo vuelvo a intentar.
Es inútil. Ni siquiera siento vibración en mi garganta. No puedo hablar. El viejo continúa mirándome, impasible. Procuro evitar mirarle, pero empiezo a obsesionarme. Me siento frenético. Enfadado. No puedo moverme y no puedo hablar. Creo que tengo dificultades para respirar. Probablemente sean imaginaciones mías pero no aguantaré mucho más.
Extraño. Me siento ligero. Ante mí esos ojos me observan.
- Gotherdámerus – Dice la voz - ¿No lo recuerdas?
Campanadas. Puedo contar diez.
- Soy yo, mi querido amigo. Recuerda Gotherdámerus.
Un disparo. Mi cuello sangra.
- GOTHERDAMUS.
Agua. Llueve. Y la sangre se mezcla con la lluvia.
Un motor. Se aleja.
Me volví a dormir. Miro hacia el viejo. Sigue mirándome. No me encuentro bien. Noto mis ojos vidriosos. Voy a empezar a llorar. ¿Por qué no siento el asiento en mi espalda? ¿Por qué no puedo mover ninguna parte de mi cuerpo si solo llevo una camisa de fuerza?
¿Porqué al viejo le rueda también una lágrima por la mejilla?
M. Corleone
10-feb-2009, 13:10
Sí, sí... No dudaba que en libro del 86 apareciera esa información... Pero que recuerdes el año en el que leíste eso en el Guiness...
¿Qué clase de criterio utiliza tu mente para almacenar eso?
Cuando cumplí 11 años (allá por 1986) pedí que me regalaran el libro Guinness de los Records. Era azul, con tapas duras, y salía la típica foto de la Tierra vista desde el espacio, con un astronauta de la NASA dándo un paseo espacial, con traje blanco y una especie de aparato propulsor a la espalda.
Leía una y otra vez todos los records, hasta el punto de memorizar datos, fechas, nombres y, sobre todo, hazañas de lo más varipintas. Recuerdo con cariño la palabra más larga (en alemán, construida a base de juntar otras palabras con eses, era algo así como "Cabina donde se guardan las herramientas del vigilante del tren que va de nosedondea...") hasta ésta que me lo ha traído a la memoria (el plato más grande, elaborado a base de rellenar una joroba de camello con un cordero, y éste a su vez relleno de...).
El caso es que tenía yo 11 años, y estaba deseando que pasara el tiempo para que mereciera la pena comprar la siguiente edición, que sacaban cada año. Pasado un año, ojeé la de 1987, año en curso, y pocas cosas habían cambiado. Al año siguiente, le eché un vistazo a la de 1988 y era básicamente el mismo libro con diferente portada.
Así se me fueron pasando los años y, a medida que mi deseo se fue cumpliendo (que pasaran los años) fui perdiendo el interés por el libro.
Ahora, han pasado 23 años desde aquel libro de 1986. Muchos records habrán cambiado, y yo me he dado cuenta de la estupidez que es desear que los años pasen. Ahora, me gustaría detener el tiempo, y quedarme con los records de hoy en día para siempre.
Por cierto: había un curioso apartado de records españoles (ya sabéis, la paella más grande) donde Severiano Ballesteros campaba a sus anchas. Y mirale ahora.
El tiempo arrasa con todo, amigos.
Menos con mi MUY selectiva memoria, capaz de archivar la anécdota más estúpida, y olvidar en que día de la semana vivo.
Tío, en uno de esos vacíos neuronales que se rellenan para siempre, recuerdo del libro GUINESS algo que es que se me grabó afuego. Pero a fuego del bueno, proque me descojono cada vez que lo recuerdo: uno de los records era un tío que se comió una avioneta¡¡¡ como lo oyes.
Es genial. El notas la iba limando poco a poco y se la iba comiendo. Es lo más grande que ha hecho un ser humano¡¡comerse una avioneta¡¡¡
M. Corleone
10-feb-2009, 14:15
Tío, en uno de esos vacíos neuronales que se rellenan para siempre, recuerdo del libro GUINESS algo que es que se me grabó afuego. Pero a fuego del bueno, proque me descojono cada vez que lo recuerdo: uno de los records era un tío que se comió una avioneta¡¡¡ como lo oyes.
Es genial. El notas la iba limando poco a poco y se la iba comiendo. Es lo más grande que ha hecho un ser humano¡¡comerse una avioneta¡¡¡
Para ti:
El que más come
Michael Lotito Francés. Tiene varios registros en el libro de los Record Guiness, por su afición a comer cosas curiosas, y seguramente sea el único que se ha atrevido a comérselas. Es conocido como Monsieur Mangetout (El Sr. Comelotodo) ha llegado a comerse 18 bicicletas, pero su mayor logro ha sido comerse una avioneta, una Cessna 150
Uno de esos actos a los que una mayoría de los que asisten lo hacen por la comida y la bebida gratuitas, y otra mayoría, pues no son todas ellas excluyentes, formada por artistas frustrados, algo envidiosos y demasiado críticos, que acuden con la esperanza de que la obra que se disponen a contemplar sea tanto o más horrenda que lo que sus limitados talentos naturales o musas, para hacer buen uso de la imaginación, les inspirarán jamás. Una vez allí descubrirán cumplidos sus temores, pues aunque jamás se atrevieran a reconocerlo, el artista en cuestión les parecerá realmente bueno, y sin ningún otro adjetivo ya que bueno, es precisamente el que encaja, y cualquier otro solo se limitaría a exagerar o desvirtuar lo que sencillamente es.
Pero por más mayorías anónimas que haya, es precisamente el anonimato lo que hace de los integrantes de éstas, malos sujetos para oraciones lo suficiente atrayentes como para ser contadas. Los grupos minoritarios, en cambio, se muestran siempre generosos y dispuestos a brindarle al atento relator y, en consecuencia, al afortunado lector, los más variados y pintorescos predicados.
Marginado queda, por ejemplo, en solitario, el autor que asiste con pereza al evento, pues ese es su ineludible deber como anfitrión, aunque de buena gana se habría quedado en la cama simulando ese estado febril, comúnmente llamado unas-décimas, ya sea por el miedo escénico que le entumece los músculos y las ideas, o bien sea porque en la ya citada cama le espera una bella muchacha ligera o bien carente de ropa a la que es probable no vuelva a ver si desatiende demasiado tiempo sus necesidades biológicas primarias. Pero lo primero es lo primero, el dinero es el dinero, y las deudas hace ya mucho que amenazan con cortarle la libertad, si no la luz, el gas y el teléfono. Y una vez superado el miedo escénico del que hablábamos, el pintor, pues la pintura es su oficio y no había sido narrado hasta ahora, contempla satisfecho, y notablemente aliviado la buena acogida que están recibiendo sus creaciones. Mentalmente se frota las manos, símbolo ancestral de prosperidad económica, si bien el derroche, el descuido y las drogas, no darán lugar a un goce pleno y total de dicha prosperidad al apocado creador.
Aún en el grupo de las no mayorías, un tipo extraño. Un hombre joven que pasea fastidiado por la galería sin prestar demasiada atención a los cuadros. No es uno de los envidiosos que casi disfrutan como una especie de masoquismo anímico poniéndose los dientes largos viendo lo que no pueden ni podrán de ningún modo aspirar a hacer. A este hombre no le ha interesado jamás la pintura, probablemente por culpa de la mala influencia de una abusiva profesora de dibujo que ridiculizó una tras otra las creaciones que él creó para ella en plena época de desarrollo intelectual, cuando aún era un crío. Tampoco son los rancios canapés de salmón sin cargo lo que le ha hecho acudir a ese acto en el que no pretende estar, no por motivos sexuales o artísticos, como los antes descritos motivos del pintor, sino porque ese no es su lugar, piensa que allí no pinta nada. Y seguidamente de pensarlo sonríe. Allí no pinta nada. Tiene gracia. Él se la ve por lo menos, y no seremos nosotros quienes le juzguemos por tener ese sentido del humor tan peculiar que cree tener. Y digo que cree, ya que en términos exactos el chiste, por pobre que sea, no ha surgido de su cabeza, como podría parecer, sino que, como el eco de las palabras que yo, humilde narrador, escribo, a lo largo que se suceden los acontecimientos de esta historia entran en su cabeza de forma susurrante. No es que el hombre sea consciente de su categoría ficticia en este relato, pero el no conocer tal condición no le ha de prohibir necesariamente los privilegios que ella conlleva. No obstante debemos tener en cuenta que el abuso de aquellos privilegios serían poco menos que lesivos para el buen curso de la presente historia, y por lo tanto, en medida de lo posible administraré con prudente sabiduría, aún a riesgo de que se me tache de despótico, el poder del que el protagonista puede hacer uso. Aprovechando que el momento narrativo de esta historia lo permite, pues se trata de una época en el que el mal vicio del tabaco aún no estaba ni perseguido ni condenado, decide fumarse un ciggarrlllo. Busca, aunque inútilmente él aún no lo sabe, uno en sus bolsillos. Tiene muchos. Muchos bolsillos, no cigarrillos. Unos doce en el chaleco, y más de media docena entre pantalones camisa, todos ellos probables consecuencia directa de la genética que le permitió heredar la gran conciencia practica de su madre y su necesidad de organización casi obsesiva. Tras indagar en todos ellos, y encontrar dos agujereados, dicho sea de paso, descubre que el último cigarrillo se consumió hace más de una hora entre sus dedos. Pero la memoria ya empieza a escasearle al pobre hombre. Aunque sería prudente recordar que el tipo no tuvo nunca demasiada, y no puede decirse técnicamente que empiece a escasearle, sino que nunca estuvo allí, o por lo menos si estuvo, nunca destacó lo suficiente. Se maldice por su mala cabeza pues de forma retrospectiva, acaba de recordarse a sí mismo haciendo una bola con el paquete de tabaco vacío y jugar a encestarlo en una papelera de la calle sin demasiado tino. Se recuerda también desandando el camino caminado, en el que ya tenía en su haber casi doscientos metros, para acallar su mala conciencia recogiendo la improvisada pelota del suelo, y arrojándola, ahora ya sin juegos, aunque un poco fastidiado por sentirse dominado por sus escrúpulos, al abismo de la papelera callejera. Y como ese recuerdo no le agrada demasiado su sonrisa se tuerce pues se acuerda de que allí no pinta nada. Esta vez no le hace gracia pues las ganas de fumar crispan al más paciente y a él lo han irritado hasta el punto de culpar a su buen amigo el pintor por pedirle que asistiese, atacándole en su punto débil, la indulgencia. Se consuela, al menos, pensando que su asistencia será justamente recompensada y que el pintor tendrá la decencia de invitarle a cenar. Y el inocente consuelo de este poco probable agasajo, le hace resignarse e ir en busca de algún objetivo fumador para saquear su tesoro. Y allí está ella.
Para ser sincero con el atento lector, debo aclarar que aún queda un último invitado en los clasificables como No-Mayoría. Pero los oscuros motivos que han impulsado a comparecer a este evento al susodicho, se pierden entre las brumas de las malas intenciones. El sujeto en cuestión no se trata propiamente de un invitado, ya sea porque tendría, por su evidente condición femenina, mucho más de invitada que de invitado, o bien sea porque nadie le hizo llegar formalmente ninguna invitación para la inauguración de la exposición que nos ocupa. Como se desconocen las intenciones y carezco, de momento, de ningún apelativo mejor, dejaré de llamar temporalmente al sujeto en cuestión, el sujeto en cuestión, y pasaré a utilizar no con intenciones peyorativas sino por comodidad y sencillez narrativa, los apodos de Ella o bien La-Chica.
Antes de continuar, me corresponde dilucidar, a aquellos que comienzan a tachar de incongruentes o contradictorias mis palabras, que soy consciente del aparente error pero que éste no es tal. Pues aunque hasta ahora, el hilo narrativo ha sido expuesto desde el punto de vista del relator todopoderoso que me corresponde ser, y en consecuencia he sabido discernir entre detalles importantes y baladíes, además de conocer con todos los pormenores los datos necesarios para la fluidez de la historia, todo parece denunciar lagunas que atacan a esa fluidez. Me defenderé, de todas formas, diciendo que, los detalles de la muchacha, nombre, intenciones, pasado, futuro o cualquier otro punto que se omita deben considerarse como elipsis a favor del mejor desarrollo de la secuencia asequible de los sucesos que pretendo exponer. De todo modos el lector exigente, nunca estará satisfecho por más fiel a la realidad o, para ser precisos, a la ficción, que se sea, y será por eso que se dice que una imagen vale más que mil palabras. Como la velocidad de tecleo de mis dedos no puede compararse ni remotamente con el poder de la imagen en los tiempos de la información audiovisual en los que vivimos, recomiendo con vehemencia a aquellos que no soporten los huecos y que prefieren que una imagen llene los espacios dedicados a la imaginación que dejen ahora mismo de leer y enciendan sus televisores, o que se machaquen los genitales con un pisapapeles, lo que más prefieran, les convenga o se adapte a sus gustos personales. Y ahora, libre de desagradecidos, puedo, acompañado por el resto, continuar con la chica.
- Perdona tienes un...
El amigo del pintor, en su búsqueda del santo grial del tabaquismo, ha llegado ante la chica, no por azar del destino, sino porque entre todo lo bohemio asistente pocos son los que fuman tabaco. Al ver, al fin una pequeña nube de humo, se aproxima. Nunca llegará a fumarse el cigarrillo que está a punto de pedir. Y esta afirmación no corresponde a otra demostración del detallado conocimiento de la historia de éste, vuestro humilde relator, si no que se refiere al momento exacto de la historia, pues mientras el desdichado amigo está pidiendo tabaco, el inexorable minutero de un reloj marca una hora en punto, a la vez que acciona un mecanismo de detonación.
Instantes antes de morir, la chica sonríe, pues ha visto exisosamente cumplidos sus objetivos. Y nosotros al fin los conocemos.
Una oscura mata de pelo cubría el plato.
- Come más despacio o te sentará mal.
La mata de pelo se levantó dejando ver a una despeinada y sonriente niña con la boca manchada de tomate.
- ¡Ya está! – Gritó la niña – estaba buenisisisisisisimo. ¡Me voy a comer diez mil!
Solemnemente, A. sacó de su bolsillo el trozo de papel que guardaba desde que era pequeña y marcó con un lápiz un pequeño punto, en la penúltima columna de la última fila.
- ¿Qué va a tomar la señorita?
- Jambalaya, por favor.
- ¡Marchando!
“Después de esta, solo quedará una”, pensó A relamiéndose, mientras recordaba a su madre con melancolía.
Una gota de sudor resbala sobre la frente, brillante y reluciente, hermosa calva pulida con detalle, esmero y cera reparadora de muebles antiguos. Temprana calvicie, la que corona, al temprano heredero de una de las mayores fortunas del país, y entre las veinte mayores en el mundo. Una cantidad astronómica en billetes, e incalculable en obras de arte, fincas, y colecciones increíbles: Veintisiete automóviles de coleccionista (desde un Seat 600 o un mítico escarabajo hasta el mini de Volkswagen pasando por el dos caballos de Citroën), diecisiete mil sellos, todos ellos de la primera mitad del siglo veinte y todos ellos diferentes y con una errata en el dorso, monedas antiguas y la asombrosa colección de okapis más famosa del mundo, formada por tres okapis y una manguera.
Tanta riqueza y posesión, debiendo de ser una imitación bastante fiel de la felicidad, hiere constantemente la perturbada conciencia del lampiño joven heredero. Todo se basa, finalmente, en preguntarnos, si el heredero de una enorme fortuna puede hacer uso de esa fortuna recién heredada, para librarse de las represalias legales que le supondrían el haber acelerado proceso (inevitable por vital) desencadenante del momento herederatorio, esto es, liquidar al heredante. El clásico dilema de qué viene antes, si el huevo o la gallina, en la piel (de gallina por terrorífico, quizás) del heredador, tuvo dos soluciones bien distintas en cuerpo y alma. En cuerpo, la absolución, pues no hay juez ni fiscal insensible ante el amor y el abrazo de un aterciopelado baúl repleto de billetes que, si bien emitían un ligero hedor a muerte y corrupción, no son los olfatos de las corruptibles conciencias jurídicas menos tendientes a aceptar con gusto la misma corrupción aromática. Y en alma, cadena perpetua, pues el anciano abuelo, el difunto abuelo asesinado en manos del nieto heredero, único descendiente de la millonaria estirpe, se presenta cada noche en forma de espíritu o de pesadilla en la alcoba del nieto, atormentándolo hasta el punto de que en apenas unas pocas horas el pobre rico asesino, acabará finalmente, soga al cuello, cianuro en vaso, o balazo en sién, con su propia vida.
No andaba inspirado y el editor presiona a base de golpe de teléfono en la nuca. Así que me forcé a darle a la tecla y me senté ante el ordenador dispuesto al relato corto. Me dije: "Abre tu mente, hace mucho que no escribes, tienes que tener algo que contar. ¿Acabas de pensar la frase "tienes que tener"? Ni tus propios pensamientos están inspirados".
Según creo, el punto número dos de la academia de escritura e idealogía debería de ser: Si no encuentras la inspiración, fíjate unos límites. Como nunca fui a ninguna academia y siempre fui de ciencias, todo lo que he aprendido acerca de la escritura ha sido siempre autodidacta. Pero ponerme límites siempre me ha funcionado cuando el grifo de la creatividad apenas gotea.
Atención: Límite. Busca el último relato que alguien que no seas tú haya publicado y crea otro que empiece con la última frase con la que acabara aquel. La idea no era muy original, pero intentaría hacerla funcionar.
La última frase del último relato:
Desamparado.
Desamparado, bajo la lluvia, observa como los antiguos colegas le están abandonando, se subían al viejo sedán color mostaza que tantas veces había conducido y desaparecían por la siguiente esquina haciendo chirriar las ruedas.
En el bolsillo una armería inútil. El cargador vacío, y las navajas desafiladas.
Aún tuvo tiempo de sonreir con el estúpido juego de palabras cuando notó el cañón en su nuca... Des-hamparado.
"Con esto bastará", pensé. Pero no bastó. Lo tacharon de ridículamente corto, de estúpido y de mediocre. "Si no tienes un relato en condiciones mañana a esta hora, no queremos que publiques más en nuestra revista"
Es la hora. Y dudo que el editor acepte este parche tramposo. Deben de estar hartos de los meta-relatos dentro de meta-relatos.
Necesito unas vacaciones.
M. Corleone
19-feb-2009, 12:39
vacaciones.
Vacaciones, vacaciones, vacaciones. Por todas partes, anuncios que prometen el precio más bajo, el dos por uno, el todo incluido, media pensión, pensión completa, piscina gigante, bebidas gratis, gimnasio, primera línea de playa.
Y yo, aquí. Encadenado a mi propia indolencia. Porque tengo tiempo libre y tengo dinero, pero no acaba de apetecerme irme de vacaciones. ¿Para qué? Si mis ideas viajarían conmigo, mis angustias me acompañarían allá donde vaya y, a la vuelta, todo seguirá siendo igual de irreal, incomprensible, sucio.
O a lo mejor no: a lo mejor me voy al trópico, me rodeo de chicas en bikini y a la vuelta, aunque mi vida siga siendo la misma mierda templada, tendré el recuerdo de aquellas caipirinhas bebidas en ombligos tostados.
Pero claro, para eso tendría que dejar de ser indolente y tibio. Y entonces, ¿qué me quedaría si no es arena entre los dedos de los pies?
¿qué me quedaría si no es arena entre los dedos de los pies?
¿Qué me quedaría si no es arena entre los dedos de los pies? ¿Qué más podría necesitar que esta brisa helada azotándome implacable, y la aterradora fuerza que oprime mis pulmones? Si no me aferro a estos momentos, si no los disfruto de manera única y desgarrada dejando que cada célula, cada átomo de mi cuerpo en descomposición me haga sentir la temible fuerza de la naturaleza, del universo, habré malgastado mis últimos segundos de vida. Porque estoy a punto de morir. Porque soy el primer ser humano en pisar el suelo de marte. Totalmente desnudo.
M. Corleone
20-feb-2009, 09:57
Totalmente desnudo.
Totalmente desnudo. Ni una pequeña hoja de parra que me tape los genitales. Nada. En pelotas. Así es como me siento cada vez que Marisa, la chica morena de ojos negros de la planta quinta me pregunta "¿Puedes echarme una mano con esta hoja de cálculo?".
Y acudo, cual perrito faldero, y trato de atender a sus explicaciones, mientras me embriaga su olor a crema hidratante. Mando órdenes tajantes a mis ojos para que no se desvíen hacia su escote, que anuncia colinas tostadas y suaves, y escucho con atención: "Querría hallar el porcentaje de usuarios nuevos, combinando los datos de estas dos tablas...".
Estrujo mi cerebro, le planteo una solución a su problema y me da las gracias. Y nos despedimos hasta la próxima vez que necesite de mi genio matemático.
Ni un mal chiste, ni un chispeante cruce de miradas. Me vuelvo, y me dirijo de nuevo hacia mi escritorio. Como una vaca triste, que acepta que su destino es el matadero.
M. Corleone
23-feb-2009, 11:33
Orgullo
Cada día, Fermín P. se vestía de igual manera. De igual manera que en 1988, concretamente. Su estilo era una copia perfecta de la moda que predominó en los años ochenta del siglo XX, esa que ha quedado inmortalizada para la historia en miles de video clips y películas. Sí, esa moda. Sí, pelos cardados y hombreras, sí tallas XL, colores chillones y mallas. Sí. Esa moda.
Así atavíado, pantalon vaquero lavado a la piedra, maxijersey verde de punto, calcetines de rombos y gafas de pasta blanca, montaba en su Vespino (modelo con intermitentes, ¿que se creían?), y deambulaba por las calles de su pueblo, hasta que llegaba la hora en que Marisa F. salía de la academia.
Sí, Marisa iba vestida también en esa misma línea estética: un horror. Acudía invariablemente a su cita con un clasificador de marca "Saro" forrado con ajadas fotos recortadas de la revista "Superpop" y suspiraba cada vez que veía al cantante de Spandau Ballet en la tele.
Y de esta guisa, cada día, acudían a su particular hoguera de las vanidades, orgullosos, sin gran cosa que hacer.
Hasta que un buen día, él se enamoró de una cabra, y lo dejó todo para irse al monte. El dulce aroma que desprendía su sexo, el calor de sus genitales, lo embriagaron hasta tal punto que se cortó el pelo al cero, se tatuó su nombre en el glande y comenzó una imparable carrera como productor de queso, empeño en el que obtuvo un notable reconocimiento, avalado por cientos de premios.
La prematura muerte de la cabra dio al traste con sus planes, y ahora Pepín F. deambula por las calles de su ciudad, de nuevo sobre su Vespino, sin un horizonte claro que le guíe, sin más estilo que una brizna de hierba pegada a sus zapatos.
Sólo. Y sin orgullo.
Orgullo
Relato molecular, diría yo!
M. Corleone
23-feb-2009, 11:53
Relato molecular, diría yo!
Ah, vale ahora lo entiendo. Antes sólo estaba el título. Ahora está todo....
Orgullo
Cada día, Fermín P. se vestía de igual manera. De igual manera que en 1988, concretamente. Su estilo era una copia perfecta de la moda que predominó en los años ochenta del siglo XX, esa que ha quedado inmortalizada para la historia en miles de video clips y películas. Sí, esa moda. Sí, pelos cardados y hombreras, sí tallas XL, colores chillones y mallas. Sí. Esa moda.
Así atavíado, pantalon vaquero lavado a la piedra, maxijersey verde de punto, calcetines de rombos y gafas de pasta blanca, montaba en su Vespino (modelo con intermitentes, ¿que se creían?), y deambulaba por las calles de su pueblo, hasta que llegaba la hora en que Marisa F. salía de la academia.
Sí, Marisa iba vestida también en esa misma línea estética: un horror. Acudía invariablemente a su cita con un clasificador de marca "Saro" forrado con ajadas fotos recortadas de la revista "Superpop" y suspiraba cada vez que veía al cantante de Spandau Ballet en la tele.
Y de esta guisa, cada día, acudían a su particular hoguera de las vanidades, orgullosos, sin gran cosa que hacer.
Hasta que un buen día, él se enamoró de una cabra, y lo dejó todo para irse al monte. El dulce aroma que desprendía su sexo, el calor de sus genitales, lo embriagaron hasta tal punto que se cortó el pelo al cero, se tatuó su nombre en el glande y comenzó una imparable carrera como productor de queso, empeño en el que obtuvo un notable reconocimiento, avalado por cientos de premios.
La prematura muerte de la cabra dio al traste con sus planes, y ahora Pepín F. deambula por las calles de su ciudad, de nuevo sobre su Vespino, sin un horizonte claro que le guíe, sin más estilo que una brizna de hierba pegada a sus zapatos.
Sólo. Y sin orgullo.
M. Corleone
23-feb-2009, 12:11
Propuesta para Shaki: Hombre y mujer, están casados y son aficionados al submarinismo. Un día, el hombre decide ir a bucear solo (sin ella) y, bajo el agua, ve como su esposa también ha ido a bucear al mismo sitio, y se besa fugazmente bajo el agua con otro submarinista (durante el breve tiempo que se puede estar sin botella de oxígeno).
la ventana d mi dormitorio se ha roto con el lineal humo de un avión. la parte de abajo roto por las ramas secas del seto que crece, la parte de arriba limpia limpia.al final se ha disipado el humo y todo ha vuelto a ser el cristal entero.
Vagamente inspirado por las líricas ensoñaciones de los cuentos de piratas, el niño chapotea en la bañera, de camino a los mares del sur.
El sur.
Dejando atrás las costas africanas.
Adios a Rabat y a marruecos. Bordeado el cabo Rhir. Se desliza bordeando las canarias y con el calor del sahara abofeteando en la cara con el viento de estribor.
El monótono trayecto de cabo blanco a cabo verde, con la monótona mauritania a un lado, el monótono mar al otro, es trayecto amarillo y azul.
Solo permite soñar.
Con los mares del sur.
Al fin, en el cabo verde, en Dakar, con los dedos arrugados y una sonrisa en la cara, pausa para el saqueo y el pillaje.
Ondea blanca calavera sobre fondo negro.
Nunca pasé hambre. Siempre he sido una persona de buen comer, y aunque la situación económica de mi familia nunca fue copiosa, siempre nos proporcionó un plato en la mesa.
Nunca pasé hambre. Sí esa sensación rutinaria de apetito, cuando las horas a las que mi cuerpo frecuenta su dosis, pero más como acto reflejo, un instinto, un impulso, que como una aplastante sensación.
Tengo que reconocer que dejé de comer por inercia. En el descanso del medio día, aprovechaba para dormir lo que las torturadas noches no me dejaban descansar. Y las horas de la cena se escabullían, borrosas, entre los dedos del alcohol. Y como nunca fui muy aficionado a los desayunos, pasaba días enteros sin probar bocado, más que cuando caía en la cuenta de que hacía demasiadas horas que no llenaba el estómago. Incluso entonces la ingesta estaba más provocada por una autoimposición, que por una sensación real de Hambre, en mayúsculas.
Nunca pasé hambre. Hasta hoy. En ocho días solo había comido un sandwich de atún y tomate y un buñelo. Sé que ocho días no es mucho tiempo, pero empiezo a notar los síntomas. Al despertarme esta mañana noté temblorosas las rodillas, pero no le dí importancia. Pero entonces el estómago empezó a gemir. Primero lentamente. Luego, cada vez, con más fuerza. Poco a poco noto mis músculos lentos, sufro ligeros mareos. Hasta llegar al momento de sentir el Hambre, por primera vez en mi.
Nunca he sido muy aficionado a las drogas, salvo el tabaco y el alcohol. He consumido varias de ellas, pero sus efectos nunca fueron demasiados interesantes para mi, y el alcohol siempre ha satisfecho mis necesarios momentos de evasión de realidad.
Nunca consumí demasiadas drogas.
Hasta ahora.
Estoy descubriendo que el Hambre me estimula. Desarrollo habilidades. Me levanta el ánimo, Agudiza mis sentidos. Acelera mis pensamientos. Y vivo en una tensión demoledora, sintiéndome incapaz de agotarme jamás. Es la mejor droga que he probado nunca. El Hambre me eleva a un plano superior. Probablemente es una respuesta natural, una defensa del sistema nervioso para hacerme mejor cazador. Y soy el mejor cazador del mundo. Creo que podré vivir para siempre, alimentándome de esta droga. Alimentándome de no alimentarme.
La mano se acercaba temblorosa. Rocé sus dedos fríos y macilentos con los míos, sudorosos, la primavera estaba siendo demasiado cálida. Y sellé mi mano contra aquella gris, notando como, a su vez, pero sin fuerza, la mano se cerraba contra la mía.
Ante mí, sujeto a la mano por débiles articulaciones y escasos restos de carne y de vida, sonreía la tétrica figura, mostrándome sus torcidos dientes y abriendo demasiado sus ojos rojos, hundidos hasta lo más profundo del craneo.
- Tenemos un trato, caballero – Contra todo lo que se podría pensar ante apariencia tan terrorífica, el tío tenia una preciosa y suave voz – Pronto tendrá noticias mías.
Y con gesto brusco, retiró su mano de la mía que había comenzado a quedarse tan helada como aquella. De un solo movimiento, como si estuviera levitando, mi interlocutor se dió la vuelta y se vistió su gabardina negra mientras desaparecía tras la puerta sin despedirse.
Miré a Sofía. Con lágrimas en los ojos, aún temblaba de terror, encogida en una esquina del sofá. Fui a abrazarla. Quería consolarla. Decirle que todo iba a salir bien. Pero de golpe, por sorpresa, un sobresalto, un escalofrío que recorrió toda mi columna hizo detenerme.
El teléfono estaba sonando.
Mirad lo que me he encontrado:
http://factoria.fnac.es/
Habrá que probar a sacarle algo de provecho a vuestro arte :mrgreen:
Buf...
Las bases del concurso cortos son ridículas! Los baremos que abarca la palabra "cortos" vienen definidos solo con el título: "CONCURSO DE RELATOS CORTOS"... Y que cada cual amase su fortuna!
M. Corleone
22-abr-2009, 09:17
Buf...
Las bases del concurso cortos son ridículas! Los baremos que abarca la palabra "cortos" vienen definidos solo con el título: "CONCURSO DE RELATOS CORTOS"... Y que cada cual amase su fortuna!
Si lees las bases verás que dicen...
Cada participante deberá presentar un texto con un relato breve en castellano, y con una extensión máxima de 150 palabras, cuya temática principal será el libro. Sólo se admitirá un relato por participante.
Están bastante bien definidas: 150 palabras sobre "el libro".
Corto.
Cuando miré las bases hace un cuarto de hora, no salían estas bases...
Me salía como las condiciones del registro...
Me da palo leerlas... ¿Me haces un resumen?
M. Corleone
22-abr-2009, 10:47
Cuando miré las bases hace un cuarto de hora, no salían estas bases...
Me salía como las condiciones del registro...
Me da palo leerlas... ¿Me haces un resumen?
Por supuesto.
Ahí va el resumen: extensión máxima 150 palabras, tema "el libro", si ganas, viaje a Londres para dos personas, 2 días, si quedas segundo, 350 euros en productos FNAC, si quedas tercero, 100 euros en productos FNAC, si no quedas primero, segundo o tercer, no te dan ni las gracias.
Resumido.
Por supuesto.
Ahí va el resumen: extensión máxima 150 palabras, tema "el libro", si ganas, viaje a Londres para dos personas, 2 días, si quedas segundo, 350 euros en productos FNAC, si quedas tercero, 100 euros en productos FNAC, si no quedas primero, segundo o tercer, no te dan ni las gracias.
Resumido.
Solo por presentarte vale de 6€ en FNAC, me pareció leer también... Y que todos los relatos a concurso pasan a ser propiedad del FNAC, sobretodo los finalistas...
Yo voy a animarme a escribir algo...
M. Corleone
22-abr-2009, 12:06
Solo por presentarte vale de 6€ en FNAC...
Eso no lo he leído, pero tampoco me he leído las bases al detalle.
Y que todos los relatos a concurso pasan a ser propiedad del FNAC, sobretodo los finalistas...
Eso siempre pasa...
Yo voy a animarme a escribir algo...
Harías bien, igual te puedes llevar gratis a una chati a ver Londres y el pueblo de Sekspir, pagafantas.
Harías bien, igual te puedes llevar gratis a una chati a ver Londres y el pueblo de Sekspir, pagafantas.
Puta!
Aún no he escrito ni una linea... Es un poco precipitado ¿no?
Y no sé yo si te gustaría la Fanta Tibia londinense...
tema: el libro
argumento, alguien que no llega a coger la consola y un libro le sirve para auparse y conseguir llegar a la parte de arriba del mueble.
Con ese guión, dadle vueltas, ponerlo bonito, y al concurso que ganamos fijo.:pierce:
JAJAJAJAJAJAJA...
Me gustaría algo más... mío... Pero si quieres puedo intentar ponerlo bonito y te presentas... Eso sí, si ganas, vamos a medias!
JAJAJAJAJAJAJA...
Me gustaría algo más... mío... Pero si quieres puedo intentar ponerlo bonito y te presentas... Eso sí, si ganas, vamos a medias!
acepto.
dale un toque dramático, algo tipo " no lo conseguía, sudaba, sufría, no loconseguía, pero por fin lo vió, allí estaba en su repisa...sucio, polvoriento, años hacía que nadie lo tocaba ni se sumergía en sus secretos..."
Eres mi negro.
M. Corleone
22-abr-2009, 14:40
Yo ya he escrito el mío (apresuradamente).
Y constato lo difícil que me es ceñirme a 150 palabras (he recortado el texto inicial de 250 palabras entre lágrimas por la muerte de geniales frases ocurrentérrimas).
La última frase del relato, por el que no me premiarán pero me rumiaré 6 eurillos en mi próxima compra a través de FNAC.es, dice así:
Ahora, leo sesudos ensayos de desconocidos autores rumanos, mientras añoro en secreto los sonoros tortazos que propinaba el orondo Obelix.
A lechón le sobran palabras sin necesidad de recortar...
(espero que Ana Rosa Quintana no ande cerca :mrgreen:)
El tacto en sus manos. Tapa dura, papel seda. Y el peso perfecto.
Llevaba un buen rato nervioso, frenético, buscando entre papeles viejos, en cenicientas estanterías. Hasta que al fin lo vió. Sucio. Polvoriento. Hacía años que nadie lo abría, que nadie se sumergía en sus secretos.
Casi mil páginas que le proporcionarían épicas historias, batallas intergalácticas y algún que otro inocente romance, templado y sin erotismos. Con el libro bajo el brazo y la ilusión que promete una nueva aventura, marchaba el muchacho, sonriente hacia el salón. Apoyó el grueso volumen en el suelo, se encaramó sobre él y lo utilizó de escalón, para alcanzar el altillo del armario. Y allí estaba. Su tesoro.
Conectar el videojuego al televisor y comienza la aventura.
El tacto en sus manos. Frío plástico, botones de colores.
M. Corleone
23-abr-2009, 09:05
Mierda, ya me has relegado al segundo premio.
Al tercero, ese es el cuento de lechón y yo aún tengo que escribir el mío :mrgreen:
Al tercero, ese es el cuento de lechón y yo aún tengo que escribir el mío :mrgreen:
me vale¡¡¡¡
jajajajaj
voy a escribir yo otro más...pragmático, pero en la misma dirección, a ver qué nos dicen los del FNAC.
Solo se puede presentar un relato por persona...
hummmmmmmmmmmmm... buscaré a mi negra.Y lo escribiré.
Pero estoy preocupado porque la canalización de ideas, mi creciente pragmatismo me hace aburrirme en las reuniones de trabajo, porque la gente divaga entre nubes y adjetivos y me aburro, me aburro mucho.La solución a todo la sé en 5 minutos y las reuniones , para llegar a los obvio, se aaalaaaaaaaaaaaaaaaargaaaaaaaaaaaaaaaaan horas. No me lo puedo explicar, será que el carácter se agria con la edad?...joder, pues enotnces no me queda ná que sufrir, dios¡¡¡.
porque no me creo que los demás sean o tan torpe o a lo mejor es la teoría de mi amigo X que está seguro de que es que hay gente que le gusta oirse hablar. canalización de ideas, pragmatismo, o política y dar vueltas sin ir al grano, ese es mi sino.
ya me callo.
No, no... Por favor... Desarróllalo... ¿Qué querías decirnos exactamente, lechón?
que no sé ya andarme por las ramas, y eso se notará en mi relato, que será simplista, llano y al grano.
A lo mejro les hace gracia al jurado..peor no creo.
En fin, tiraré palante.
a ver si se me pasa.
M. Corleone
23-abr-2009, 10:58
Siempre puedes usar esas eternas reuniones para ir dándole forma (mentalmente) a tu relato.
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